• Caracas (Venezuela)

Mirla Alcibíades

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Las Aruca Halck

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Probablemente llamará la atención de una que otra lectora el título que propongo el día de hoy. En realidad, el fruncimiento de cejas no me sorprenderá. Esos dos apellidos (que fueron muy conocidos en tiempos pasados) han sido prácticamente olvidados por la Venezuela de hoy. El conocimiento que refiero fue propio de los años finales del XIX e inicios del XX. Esos apellidos que recupero para la memoria presente fueron precedidos de los nombres Aziloé y Carolina.

¿Quiénes fueron Aziloé Aruca Halck y Carolina Aruca Halck? Pues bien, fueron dos damas importantísimas para la cultura y la educación merideñas y venezolanas. Esa importancia viene dada por el hecho de haber correspondido a ellas la dirección y subdirección del Colegio Nacional de Niñas de la ciudad de Mérida.

El decreto firmado por Antonio Guzmán Blanco el 10 de julio de 1880 dio legitimidad a esta institución de enseñanza esperada por muchos. Desde el primer momento se pensó en las señoritas que menciono para los cargos directivos.

Las cátedras que privilegiaron desde la fundación del instituto fueron las siguientes: geografía e historia, gramática castellana, escritura, francés, higiene, religión, aritmética, urbanidad, costura, bordados, tejidos. Como en todo el país, la mayoría de los docentes eran reconocidos intelectuales de la región. Las directoras se destinaron para las clases artesanales (costura, tejido y bordados).

De acuerdo con la práctica común a los establecimientos de su tipo, había exámenes finales en el mes de julio. Y como todas las instituciones docentes del país, esos exámenes eran públicos. Vale decir, se cursaban invitaciones formales y los salones destinados para tal fin se llenaban de espectadores, ávidos de apreciar las ventajas de las educandas.

Para 1883, una hoja impresa que circuló en la ciudad hablaba de “la celebridad que tenían los exámenes anuales del mencionado instituto”. Era así porque las alumnas hacían demostración de una seguridad y un dominio en el conocimiento adquirido poco común.

Y, además, este colegio de niñas que funcionaba en la ciudad de Mérida se consagró por otra razón. Pienso, en este momento, en la revista que sus directoras fundaron en 1882.

No andaban con timideces estas mujeres. En octubre de 1882 anunciaban la aparición del impreso en una hoja suelta, y el 11 de diciembre de ese año apareció la primera entrega. Solo conozco cinco números de este material periódico que llevó por título Revista Escolar. Pero esos pocos registros bastan para inscribir el nombre de las Aruca Halck en la selecta lista de periodistas venezolanas del siglo XIX.

El segundo número se vio el 11 de enero; el tercero, el 17 de febrero; el cuarto, el 5 de abril y el quinto el 20 de mayo de 1883. Desde luego, los contenidos fueron los propios de la vida escolar: las clases, la escritura de las alumnas, los consejos sobre moral, las visitas de inspección al colegio, etc.

Por cuanto el nombramiento de estas merideñas salió por decisión de Antonio Guzmán Blanco, llegué a creer que con la caída del llamado Ilustre Americano cesaría la labor docente de las Aruca Halck. Afortunadamente no fue así. No vacilo al sostener que el trabajo que ellas habían llevado con tanto empeño (y durante siete años) las hizo trascender y llevó a olvidar quién las había designado para cumplir esas funciones. Se impuso el mérito a la política (como debe ser en todos los tiempos).

Interesada en esa trayectoria, desde varias décadas atrás me había intrigado el destino del colegio y de sus directoras. Hasta que el año pasado di con una información que resguarda la Biblioteca Tulio Febres Cordero en la capital merideña.

Es otra hoja suelta del Colegio Nacional de Niñas, de Mérida, que esta vez trae pie de página fechado en 1906. Sigue al frente Aziloé, pero la subdirectora que la asiste ya no es Carolina sino Pilar Aruca Halck. Todavía en 1908 siguen las dos al frente de la institución. Pero, en 1909, el establecimiento está en manos de Felina P. de Chuecos Miranda.

¿Qué habrá pasado con las Aruca Halck? ¿Será que la muerte quebró la firme voluntad intelectual de Aziloé? Son preguntas ante las cuales (todavía) no tengo respuestas.