• Caracas (Venezuela)

Milagros Socorro

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Milagros Socorro

Cuestión de formación

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El libro de memorias que prepara Héctor Rodríguez Bauza, ex militante del PCV y líder universitario al momento de la caída de Pérez Jiménez, en cuya resistencia tomó parte activa, incluye la siguiente anécdota.

Alrededor del año 68, César Segnini, Luis Loretto, Chucho Valedón y Alfredo Padilla, miembros de la dirección nacional de la Juventud Comunista de Venezuela, entonces comprometida con la insurrección armada contra el gobierno constitucional, son detenidos por la Digepol y llevados a la sede de ese organismo de inteligencia policial, en Los Chaguaramos. Al entrar al calabozo 2 de la Digepol, los aborda un tipo de malas pulgas, evidentemente el jefe del lugar, y les pregunta por qué han caído.

­Somos presos políticos ­contesta uno de ellos con aires de superioridad y para establecer de entrada la diferencia con los presos comunes-. Somos comunistas.

­¡Comunistas! ­replicó al punto el capo de la celda-. Yo me los calé a ustedes varios años en la Modelo. Qué va, los comunistas son una ladilla. Aquí no se permite cantadera, himnos, carteleras ni cursitos. Ah, y la gente se levanta a la hora que le da la gana, avisao. Aquí nadie viene a dar clases.

Aquí no, mano.

El escarmentado presidiario se refería a la escuela de formación política que había fundado José Rafael Núñez Tenorio (19331998) en la cárcel modelo, donde estuvo preso por sus actividades como miembro del PCV, del que fue militante entre 1950 y 1969.

Núñez Tenorio fue un autor muy prolífico. Se había graduado de Filosofía en la UCV, donde ejerció la docencia, lo mismo que en el Pedagógico de Caracas.

Tal como relata Rodríguez Bauza, en el pabellón de los presos políticos de la cárcel modelo funcionaba una escuela donde se dictaban materias como Teoría Política, Estrategia y Táctica, Economía Política, Historia de Venezuela... Y el himno de mala recordación para el reincidente era el que se cantaba a coro rugiente cada vez que traían un nuevo camarada al calabozo: "Soy comunista / toda la vida / y comunista he de morir / O bella ciao, bella ciao, bella ciao, ciao, ciao...

Los presos de Pérez Jiménez, tanto comunistas como adecos, también tenían actividades de educación en las cárceles. Y, desde luego, fuera de ellas. La formación académica e ideológica era fundamental en las organizaciones políticas de Venezuela; y era de rigor que sus cuadros fueran buenos estudiantes, asiduos a las lecturas de diversas disciplinas, así como a las bellas artes, y conocedores del bagaje doctrinario tanto de sus partidos como de los adversarios. Pero llegó un día en que la paz democrática relajó estas exigencias. A ello contribuyó la debacle de las corrientes internacionales duras. La política dejó de ser para élites instruidas y duramente templadas en la lucha, el debate y la ética.

El resultado lo vemos en la actual dirigencia del chavismo; y, muy concretamente, en la camarilla que se ha hecho con el gobierno en Venezuela. Los disparates de Nicolás Maduro, a pocas horas de haber sido arrojado al ruedo de un empujón, darían para llenar un cuadernillo de dislates. Por estos días, las reuniones en Venezuela tienen pautada, como mínimo, una hora de comentarios acerca de la siempre renovada cosecha de burradas del heredero de Chávez. Es un hombre sin escolaridad, sin lecturas, sin curiosidad intelectual y sin cortapisas para hacer gala de su necedad.

No otra cosa puede decirse del segundo del régimen, Diosdado Cabello, a cuya rustiquez se añade el hecho, difundido por sus allegados, de que es un individuo lleno de temores y desconfianzas, cuya conducta está orientada por su paranoia. De manera que el país ha tenido que soportar, al frente de la Asamblea Nacional, un patán lleno de temores cuya forma de lidiar con los conflictos es el intento de crear miedo en los demás.

Carentes de argumentos para convencer, se han determinado a vencer a la fuerza. Con el agravante de que el poder ha caído en manos de la ultra, que siempre ha fracasado, que desprecia las leyes y percibe el diálogo como una claudicación.

Esta falta de formación, que va pareja con una total ausencia de valores, sustenta también el descarado saqueo al que el chavismo se ha entregado con una escala muy visible: los de arriba roban y los de abajo malandrean. De este desierto de virtudes no puede esperarse sino el espinoso cactus del desplome y la desbandada.