• Caracas (Venezuela)

Miguel Henrique Otero

Al instante

No una, sino cuatro fuerzas armadas

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Voy a comenzar por la más noticiosa de ellas: la vinculada al narcotráfico. Es decir, hay una fuerza armada minoritaria y poderosa, integrada por funcionarios activos y retirados, que se desempeñan dentro o fuera de Venezuela, asociada al narcotráfico. Tienen los narcouniformados sus ramificaciones: los asociados a operaciones directas de las FARC; los que brindaron protección a los transportistas de cocaína que hacían paradas en Venezuela; los que aprovecharon sus pasaportes diplomáticos –semejantes a los sobrinos predilectos del régimen– para evitar ciertos controles; los que usaron barcos de la marina mercante y petrolera para hacer envíos a Estados Unidos y otros países; los que reciben pagos y miran hacia otra parte en aduanas terrestres, marítimas y terrestres. Este es el grupo, que a nadie le quede duda, que con más desesperación presiona al régimen para evitar el cambio que los venezolanos estamos exigiendo. Son, ni más ni menos que esto, delincuentes encerrados en su guarida.

No pueden viajar fuera de Venezuela. No solo la DEA, sino decenas de organismos policiales y de inteligencia de países en Europa, Asia, Oceanía y América Latina, les están siguiendo la pista. No tienen escapatoria. A medida que las investigaciones arrojen sus incontestables evidencias, el argumento según el cual estas acusaciones son parte de una política imperial se derrumbará sin paliativos. Si los lectores de este espacio me lo permiten, haré una sugerencia: no le pierdan la vista a este tema. Vienen más denuncias. Los narcos están siendo acorralados.

La segunda fuerza armada es la nucleada en el Alto Mando Militar. Está  integrada por los oficiales que aparecen en actos donde no deberían participar, que repiten sin rubor alguno consignas y loas a Hugo Chávez, que nada hacen para evitar la destrucción de Venezuela. Son cómplices. Cómplices con responsabilidad. El que pertenezcan a la institución militar no les eximirá de responder por sus acciones y omisiones.

La tercera fuerza armada es más numerosa: la integran varias capas de enchufados que ocupan posiciones importantes en la estructura burocrática del Estado. Salvo algunas excepciones, predominan entre ellos la incompetencia, el desprecio hacia las funciones encomendadas, la corrupción y la actitud socarrona del que se cree impune. Por cierto, cada día ocurre más: hay enchufados buscando puentes con la oposición. Algunos están, literalmente, atrapados en la mafia roja sin saber cómo salir de ella sin el riesgo de ser perseguidos y enjuiciados.

Por último, está la más numerosa de las fuerzas armadas, integrada por tropas y oficiales víctimas de la vasta y enorme tarea de destrucción de la Fuerza Armada Nacional que Hugo Chávez diseñó y ejecutó de forma milimétrica. Ese enorme contingente, de más de 90.000 hombres y mujeres, la amplia y gruesa base de la pirámide, soporta sobre sus hombros a una cúpula gorda e ignorante –la FANB tiene más oficiales que el conjunto de fuerzas de los países que integran la OTAN–, que come bien y roba, que come bien y trafica influencias, que come bien y reparte contratos a gusto, que come bien y hace uso exclusivo de las prebendas de la Misión Negro Primero.

Las tres fuerzas armadas antes descritas son predecibles: saldrán a decir, con el descaro característico, que este artículo es expresión de una conspiración en contra de la FANB y otras sandeces del mismo calibre.

Mientras el festín de los narcos, del núcleo del Alto Mando Militar y de los enchufados continúan sus actividades sin interrupciones, cerca de 90.000 hombres y mujeres en todo el país pasan hambre, ganan menos de 40 dólares al mes, se enferman por las secuelas de la subalimentación, apenas pueden contribuir con la economía de sus familias. Se trata de la verdadera fuerza armada de Venezuela. La real, la que padece como el resto de los venezolanos. Son miembros natos de la sociedad venezolana que quiere un cambio. Un cambio ya. Y, en la medida en que se los permitan, también sumarán sus votos en contra del gobierno el día del próximo referéndum revocatorio.