• Caracas (Venezuela)

Miguel Ángel Cardozo

Al instante

La torta de la FAO

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Los venezolanos –los de a pie– acabamos de recibir una de las peores bofetadas de los últimos años, con el agravante de que el ultraje ha provenido de una organización que por su larga tradición no debería prestarse, a través de cuestionables decisiones, a quitar algunas motas de la densa suciedad que cubre el rostro de un régimen que solo ha avanzado a pasos agigantados en la erradicación de las oportunidades de desarrollo de su nación.

Y es que en la mañana de este lunes 8 de junio fuimos sorprendidos con la noticia, reseñada por El Nacional (http://www.el-nacional.com/politica/Venezuela-recibio-reconocimiento-FAO-hambre_0_643135731.html), del reconocimiento que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura le otorgó al gobierno de Venezuela por sus “progresos notables y extraordinarios en la lucha por la erradicación del hambre”.

Por supuesto, un “¡qué!” surgido de la más profunda indignación no tardó en resonar hasta en los lugares más apartados y recónditos del país, porque lo que en este se padece a diario son precisamente los efectos de lo contrario, esto es, de una rampante escasez que, por la criminal imposición de un retrógrado modelo, hambrea cada día a más y más venezolanos.

¿No conoce acaso la FAO –que tales son las siglas de la mencionada organización– las cifras que, como resultado de serias investigaciones nacionales e internacionales, proporcionan incontrovertible evidencia del empobrecimiento que las erróneas políticas gubernamentales han ocasionado en esta nación?

Por ejemplo, la Encuesta sobre Condiciones de Vida de la Población Venezolana 2014 (http://www.rectorado.usb.ve/vida/presentaciones), un importante estudio llevado a cabo por investigadores de tres de las principales universidades del país –la Universidad Central de Venezuela, la Universidad Simón Bolívar y la Universidad Católica Andrés Bello– en cerca de 1.500 hogares, arrojó que aun cuando en 88,7% de estos se come 3 veces al día, la dieta básica de sus miembros es, en general, de poca calidad, representada en el cluster socioeconómico bajo por un elevado porcentaje de alimentos de alta densidad calórica –principalmente harinas y grasas–.

Otros reveladores datos del estudio también respaldan esa afirmación:      

- La leche, un alimento de indiscutible valor nutricional, se consume con una frecuencia de 4,4% en ese mismo cluster, 5,1% en el medio y 6% en el alto.

- Las hortalizas solo se consumen en los clusters socioeconómicos medio y alto, con una frecuencia de 5,5% y 7,9%, respectivamente, mientras que las frutas solo son adquiridas en el alto, aunque con una frecuencia de 5,4%.

- En el cluster bajo las carnes han sido sustituidas por mortadela –cuya frecuencia de compra es de 7,5%– y no se consumen huevos.

Adicionalmente, en 80,1% del total de hogares encuestados el ingreso resulta insuficiente para comprar todos los alimentos requeridos, siendo esa insuficiencia de 89% en el cluster socioeconómico bajo –y eso antes de la profundización de la crisis que azota el país, ya que desde que se aplicaron los cuestionarios en esos hogares, entre agosto y septiembre de 2014, ha mermado aún más el poder adquisitivo de los venezolanos y se ha incrementado de manera alarmante el desabastecimiento de alimentos en el mercado nacional–.

A la luz de esos elocuentes resultados cabe preguntarse qué se entiende en la FAO por buena nutrición o, incluso, por calidad de vida, porque más allá de las cifras están las largas horas que con amargura millones de venezolanos deben emplear cada día en la agónica búsqueda de esos alimentos.

Y tras esas inquietantes preguntas que el tal reconocimiento suscita, subyace una cuya relevancia debería dar pie a un debate mundial: ¿es acaso el logro de la meta de reducir a la mitad la proporción de personas que padecen hambre –la 1.C del primero de los Objetivos de Desarrollo del Milenio– un asunto de llenar estómagos así sea con basura y al precio de un perpetuo vía crucis?

Porque si no es así, que se nos diga entonces a los venezolanos sobre qué base las autoridades de la FAO decidieron galardonar al gobierno de Venezuela por unos supuestos logros en la lucha contra el hambre.

No quisiéramos pensar que la cosecha de votos que el pasado 6 de junio condujo a la reelección de su director general, el brasileño José Graziano da Silva, para un segundo mandato que se extenderá hasta julio de 2019 –como se dio a conocer a través del propio sitio web de esa organización (http://www.fao.org/news/story/es/item/292554/icode)–, haya tenido alguna relación con semejante disparate.

En todo caso, una cosa sí está clara en medio de tanta turbidez: la torta de la FAO.

@MiguelCardozoM