• Caracas (Venezuela)

Miguel Ángel Cardozo

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¿Sin salud por excepcionalidad bélica?

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La visión de los estragos ocasionados en el país por una séptica “gestión” sanitaria, durante los últimos años, debe haber perturbado el merecido descanso de las almas de eminentes profesionales de la salud y científicos venezolanos –desde José María Vargas hasta Jacinto Convit, pasando por José Gregorio Hernández, Santos Dominici, Rafael Rangel, Luis Razetti, Francisco Rísquez, Miguel Pérez Carreño y muchos otros–, y, entre sus cenizas, las del doctor Arnoldo Gabaldón de seguro manifiestan con particular intensidad su indignación por la aterradora proliferación de los vectores involucrados en la transmisión de los agentes causales del paludismo, del dengue y de la fiebre chikungunya; vectores que viven su mejor momento en Venezuela gracias a la ausencia de una campaña nacional de fumigación y a la escasez de productos repelentes –sobre todo para la protección de los niños–.

Pero esa pésima gestión –y sus devastadoras consecuencias– no es lo que sorprende al pueblo venezolano y al mundo entero, sino el que la respuesta gubernamental a una crisis sanitaria que se está cobrando decenas de miles de vidas humanas sea el desperdicio de tiempo y dinero en la promoción de la idea de la existencia de una “guerra bacteriológica” que, para alivio de cada uno de los habitantes de este planeta, no trasciende la inmaterialidad de las estrechas mentes de los miembros de la plutocracia criolla.

Por supuesto, tan estrambótica denuncia constituye una de las innumerables versiones del mismo guión de la transferencia de responsabilidades, a cuya representación recurre el régimen cada vez que desea desviar la atención de los estrepitosos fracasos del modelo socialista del siglo XXI y desatar la razia contra quienes los exponen ante la opinión pública, aunque en este caso la ruin estratagema podría tener un efecto bumerán al dejar sin solución un problema que coloca a toda la población en peligrosa proximidad con la enfermedad y la muerte –y no hace falta explicar el tipo de reacción que en un acorralado animal desencadena la amenaza a su propia vida–.

De hecho, ya es claramente perceptible el airado clamor del venezolano, principalmente ahora que esa disparatada denuncia –que sin duda ha sido uno de los mayores irrespetos a su inteligencia– trae a su memoria el reiterado incumplimiento de promesas relacionadas con el acceso a la atención sanitaria en el país, en dirección contraria a los esfuerzos que, de acuerdo con la exhortación realizada –en su sexagésimo séptimo período de sesiones– por la Asamblea General de las Naciones Unidas (2012, http://www.un.org/ga/search/view_doc.asp?symbol=A/67/L.36&referer=/english/&LLan=S), los gobiernos de todo el orbe están llamados a realizar para garantizar a sus pueblos los más altos niveles de salud.

¿O es que acaso es consecuencia de una “guerra bacteriológica” el que no se hayan construido los hospitales de “alta especialización” ofrecidos el 22 de julio de 2007 por el entonces mandatario nacional, durante la transmisión del programa Aló, Presidente Nº 287 –como bien recuerda la reseña publicada ese mismo día por Aporrea (http://www.aporrea.org/misiones/n98408.html)–?

¿O es el resultado de la mencionada guerra el que no se haya logrado el autoabastecimiento de antibióticos, medicamentos para el tratamiento de diversas patologías –incluyendo antihipertensivos y antirretrovirales–, y varios tipos de vacunas, en el marco de un programa de producción local de fármacos –con el apoyo de Colombia, Cuba y Portugal– anunciado a finales de 2011 por la máxima autoridad sanitaria de la época –y divulgado el 21 de diciembre de ese año tanto por El Universal (http://www.eluniversal.com/nacional-y-politica/111221/venezuela-fabricara-medicamentos-con-portugal-colombia-y-cuba) como por otros medios–?

¿O se va a alegar ahora que el escandaloso incremento en Venezuela de muertes evitables no es producto de las crecientes dificultades para tratar eficazmente un sinfín de enfermedades –como cardiopatías, cáncer, infección por VIH, entre muchas otras– sino el resultado de esa excepcionalidad bélica?

Es un hecho que el poder tiende a obnubilar a quienes lo obtienen después de codiciarlo de manera desmedida, pero está por verse si el ofuscamiento de quienes lo ejercen brutalmente en el país prevalecerá sobre su sentido de la propia conveniencia –algo que al parecer no heredaron de su extinto líder–, porque de todos los caminos que se podrían tomar en esta encrucijada de la crisis sanitaria, el de la adjudicación del desastre a una supuesta “guerra bacteriológica” se vislumbra particularmente nocivo para la nación.

Por ello, y dicho en inteligible criollo, no jodan más y trabajen.

 

* Profesor de postgrado de la UCAB e investigador.

** Doctorando en Gestión de Investigación y Desarrollo, UCV. Especialista y magíster en Gerencia de Servicios Asistenciales en Salud, UCAB. Odontólogo, UCV.

@MiguelCardozoM