• Caracas (Venezuela)

Miguel Ángel Cardozo

Al instante

Sí se pudo… y apenas es el principio

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Comienzo a escribir esta columna pocas horas después de haberse conocido el largamente pospuesto primer boletín oficial –parcial– que confirmó lo que para la nación y el mundo ya saltaba a la vista: el colosal triunfo obtenido por la mayoría de los electores venezolanos en la víspera de unos comicios parlamentarios que, entre otras cosas, sirvieron para pulverizar el muy difundido mito de la invencibilidad de un régimen devenido en maquinaria de cruenta opresión.

Una vorágine de pensamientos, aunada a una indescriptible felicidad, me dificulta el escribir con la fluidez habitual, máxime porque, por una lamentable omisión de El Nacional que no he dudado en disculpar, trato de hilvanar lo que expresé en mi artículo que debió salir a la luz la semana pasada con lo que, sin duda, constituye el acontecimiento más trascendental de nuestra historia contemporánea en virtud de que, tal y como allí lo señalé, “definirá la clase de país en el que este se convertirá en las próximas décadas”.

No en balde, en esa mencionada columna, luego de exhortarlos a una “profunda y sincera reflexión” en un momento propicio “para la íntima búsqueda de ese amor por Venezuela” que, como finalmente se corroboró, “sí existe en el corazón de cada venezolano y es mucho más fuerte que cualquier enfermizo sentimiento de adoración hacia ídolos con pies tan resistentes como el delgado cristal bajo el peso de mil elefantes”, invitaba a mis conciudadanos a preguntarse si valía la pena “mantener un rumbo por el que a lo largo de un poco más de tres lustros la nación” se fue adentrando más y más “en las oscuras aguas de la pobreza, las humillaciones y las tristezas”, agregando luego que “cifras y testimonios que demuestran adónde ha llevado al país el fracasado modelo que en este se ha implementado a sangre y fuego sobran”, y que no pocos académicos hemos estado dedicando buena parte de nuestro “tiempo, sin retribución monetaria alguna, a recopilarlos, analizarlos y difundirlos a través de medios independientes como este, viendo en tal labor un deber ciudadano y una valiosa contribución a la causa democrática”, pero que llegó el momento de que todos transformemos tales insumos “en una acción conjunta en pro de la construcción de una sociedad libre, pacífica, próspera y auténticamente solidaria; una en la que la igualdad se entienda como la existencia de oportunidades de desarrollo para todos y no como la equitativa repartición de esporádicas migajas entre una postrada mayoría”.

Venturosamente, tal transformación ya inició dado que, tras reconocernos en la adversidad, los venezolanos volvimos a encontrarle significado a la que hasta hace poco no pasaba de ser una desleída noción de ciudadanía y, venciendo con resolución y unidad mil obstáculos y el más obsceno de los ventajismos, le dijimos “basta” al abuso de poder, al insulto, al chantaje, a la persecución, a la represión, a la tortura, a la censura, al nepotismo, al amparo de la delincuencia, a la anteposición de intereses extranjeros a los nacionales, a la destrucción de las capacidades productivas del país, a una corrupción sin par y a toda forma de atropello de nuestra dignidad.

Un espíritu democrático jamás doblegado terminó imponiéndose sobre las pretensiones de quienes, aún después de tan contundente manifestación de la voluntad de una inmensa mayoría, insisten en mantener y hasta exacerbar aquella conducta que les granjeó una aversión que ningún venezolano había experimentado antes –al menos de este modo– hacia algún otro grupo gobernante; un espíritu arraigado incluso –y justo es decirlo– en los amplios sectores de las fuerzas armadas que compelieron a sus altos mandos a hacer respetar esa voluntad del pueblo del que forman parte sus propios padres, abuelos, hijos, cónyuges, demás familiares y amigos.

Toca ahora materializar las urgentes soluciones a la miríada de problemas que por igual nos aquejan a todos los venezolanos, teniéndose en cuenta que se ha llegado a una situación tal de deterioro en los diversos ámbitos de la vida nacional que absolutamente todo debe hacerse, empezando por la recomposición de un Estado de Derecho sin el que será imposible un verdadero desarrollo humano.

Claro que, ante la pública confirmación de que los responsables de la actual debacle no albergan el más mínimo deseo de contribuir a la construcción de dichas soluciones, hay que consolidar la unidad que permitió la incomparable victoria del 6 de diciembre para evitar que con sus artimañas y los recursos de los que todavía disponen obstaculicen la labor del nuevo Parlamento y de todos los que sí queremos coadyuvar a la consecución de tan anhelado progreso.

Los retos son innumerables, entre los que resultan prioritarios la reestructuración del sistema sanitario, la promoción de modelos de formación para la democracia y el desarrollo en los distintos niveles del sistema educativo, el diseño e implementación de programas nacionales y locales para el impulso de actividades de investigación e innovación de envergadura, la reactivación y diversificación del aparato productivo del país, y el redimensionamiento de los actuales programas sociales y la creación de muchos otros como eje de los esfuerzos orientados a la generación de auténticas capacidades transformadoras y emancipadoras, por lo que será menester tanto un marco jurídico como instituciones públicas que favorezcan el logro de una extensa lista de objetivos.

Pero así como los retos son muchos, también lo somos los venezolanos cualificados y con ganas de aportar a la edificación de ese esplendoroso país con el que tanto hemos soñado; algo que no debe perderse de vista dado que si como hasta ahora somos menospreciados y excluidos, nuestro talento será entonces de provecho en otras tierras, como ya lo es el de cientos de miles de compatriotas.

En todo caso, un primer gran paso ha sido dado; un paso que nos ha colocado al pie de la cuesta que conduce al bienestar. Solo resta continuar avanzando con mucho más empuje hacia la ambicionada cúspide y entender que únicamente a través de la acción sinérgica esta podrá ser alcanzada, lo que implica inclusión, unión y una decidida lucha contra esa mezquindad que, lamentablemente, no es exclusivo patrimonio del malsano y destructor régimen que en un profundo y detestable abismo nos sumió.

 

* Profesor del Área de Postgrado en Ciencias Económicas y de Gestión de la Universidad Católica Andrés Bello e investigador.

 

@MiguelCardozoM