• Caracas (Venezuela)

Miguel Ángel Cardozo

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Miguel Ángel Cardozo

Tres palabras clave en la lucha democrática

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Confianza

Si los opositores –que hoy somos la mayoría de la sociedad venezolana– aspiramos a una verdadera unidad, debemos dejar de lado los –comprensibles– recelos mutuos, dado que es precisamente ese el paralizante sentimiento que ha intentado sembrar el chavismo en nuestras almas con la clara intención de dividirnos y condenarnos a un aislamiento que favorezca el logro de la perpetuación de su aviesa hegemonía.

Si bien es muy probable que las malas pasadas y los “saltos de talanquera” no dejen de estar a la orden del día en esta ardua lucha por la democracia, los intentos por evitar tales vilezas no pueden erigirse en infranqueables barreras que impidan el establecimiento de sólidos lazos entre los decentes ciudadanos de este país, por lo que, ante la posibilidad de que el camino hacia la libertad pueda perderse en medio de una espesa maleza surgida de la semilla de la desconfianza, lo sensato es optar por la construcción de una auténtica unidad sobre la base de lo contrario, aunque ello implique el que se tengan que enfrentar algunas traiciones en ese camino –cuyo negativo impacto tal unidad de seguro minimizará–.

Recordemos aquella sabia y patriótica exhortación que, como efectiva estrategia para hacer frente a la opresión, fue inmortalizada en nuestro himno nacional: “La fuerza es la unión”.

No impidamos su consecución con nocivos prejuicios.

 

Madurez

Nunca, a lo largo de los tres últimos lustros, se había requerido de tanto buen juicio como ahora para tratar de impedir la aniquilación de nuestra sociedad, por lo que resulta inadmisible que numerosos compatriotas aún persistan en su pretensión de que surjan los perfectos líderes o de que las ideas del conjunto de ciudadanos opositores se ajusten del todo a las suyas para decidirse a participar con responsabilidad y firmeza en la lucha democrática.

Por supuesto, no se trata de asumir una actitud condescendiente ante la incoherencia y perjudiciales desaciertos de los demás, principalmente ante los de importantes actores de la oposición, pero no se puede actuar tampoco como el malcriado niño que está dispuesto a aguantar la respiración –incluso al extremo de arriesgar su salud– si no se satisfacen sus caprichos.

No se puede, por tanto, supeditar dicha participación a la confluencia de determinadas circunstancias deseadas, sobre todo porque es justamente la participación ciudadana lo que podría impulsar los cambios capaces de facilitar, a su vez, el logro de las profundas transformaciones que el país requiere.

Es momento entonces de apartar la necedad, ver más allá de las propias opiniones y “certezas”, y sumar fuerzas frente a una terrible amenaza.

 

Compromiso

Lo he dicho en no pocas ocasiones y lo repetiré las veces que sea menester: el restablecimiento del Estado de Derecho en Venezuela es responsabilidad de todos los venezolanos.

Por ello, no es exigiéndole al “otro” que actúe y arrostre los peligros de la lucha en pro de la libertad como se generará la poderosa fuerza de cambio que tanto se anhela, sino a través del propio compromiso –el de cada uno de los demócratas de esta nación– con esa titánica empresa emancipadora.

En un país que es de todos, de todos depende la construcción de un futuro mejor.



* Profesor de postgrado de la UCAB e investigador.

** Doctorando en Gestión de Investigación y Desarrollo, UCV. Especialista y magíster en Gerencia de Servicios Asistenciales en Salud, UCAB. Odontólogo, UCV.

 

@MiguelCardozoM