• Caracas (Venezuela)

Miguel Ángel Cardozo

Al instante

La masacre de la decencia

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Mientras más informaciones respecto a la masacre de Tumeremo salen a la luz, también aumenta la cantidad de interrogantes sobre el sórdido submundo en el que espeluznantes hechos como ese no son, al parecer, tan infrecuentes, aunque, de modo paradójico, tanta incertidumbre proporciona mayor sustento a una incuestionable certeza que ya hoy es verdad de Perogrullo, esto es, el indecente apego de los miembros del régimen a aquellas añejas prácticas de negación, elusión y transferencia tan comunes en nocivos sistemas de esta o similar índole.

No sorprende, por tanto, el que ante las serias denuncias realizadas por el diputado Américo De Grazia, en relación con la mencionada masacre, la automática respuesta de varios voceros del oficialismo haya sido su desestimación, como tampoco lo hace el que estos, una vez corroborado el macabro suceso y habiéndolo negado tan solo un segundo atrás, pretendieran con el mayor caradurismo, a lo Pilatos –como bien lo expresara César Miguel Rondón en su editorial del pasado 15 de marzo (http://www.cesarmiguelrondon.com/opinion-2/editoriales/rangel-gomez-a-lo-pilatos)–, evadir su responsabilidad en tan grave asunto y luego, como si tal proceder no fuese de por sí execrable, intentaran culpar a la oposición de lo que, ciertamente, es otra de las nefastas consecuencias del mantenimiento de un perverso sistema en el que lo delictual constituye la regla.

Negación, elusión y transferencia.

Pero qué otra actuación puede esperarse de quienes, después de haber ocasionado en la nación semejante devastación como resultado de la implementación de unas retrógradas y fracasadas políticas, insisten en afirmar, sin que tan siquiera un leve rubor asome en sus rostros, cosas como que hoy Venezuela se encuentra a la vanguardia mundial en lo que a pensamiento económico se refiere.

En suma, la masacre de Tumeremo es otra lamentable evidencia de una aún peor por ser la raíz de esa y muchas otras tragedias: la de la decencia, por cuya ausencia se le achaca la escasez de alimentos y medicinas al supuesto “consumismo” del pueblo, o se atribuye a transnacionales conspiraciones e intangibles guerras lo que únicamente es el efecto de una perjudicial mezcla de incapacidad, obstinación y maldad.