• Caracas (Venezuela)

Miguel Ángel Cardozo

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Miguel Ángel Cardozo

¿Es un lujo la participación ciudadana en Venezuela?

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Si la respuesta a esa pregunta es afirmativa, el grado de disolución de los principios y valores democráticos en el país es entonces mucho mayor de lo que se cree, con el agravante de que la intolerancia frente a posiciones que reivindican el ejercicio de ese derecho surge ahora del propio seno de la oposición.

Además de lamentable, es paradójico que el contexto para ese –esperemos que momentáneo– extravío de la cordura política, en algunos sectores opositores, sea el del intento de construcción de una poderosa coalición democrática que se constituya en el rompehielos que permita sacar a la nación de las traicioneras aguas del socialismo del siglo XXI.

Y resulta paradójico dado que es justamente esa participación lo que con urgencia hoy se requiere para el logro de tal coalición, máxime porque con ello se incrementaría, de manera sustantiva, el compromiso de la indiscutible mayoría de los venezolanos con la lucha en pro del restablecimiento del Estado de Derecho en el país.

Por tanto, no se justifica el que importantes actores políticos consideren un lujo la participación de la ciudadanía –tanto de potenciales elegibles como de electores– en el proceso de selección de gran parte de los candidatos que, en calidad de representantes de la Unidad, participarán en las venideras elecciones parlamentarias, confiriéndole de ese modo a dicha participación un valor relativo –algo, sin duda, inaceptable–.

Aparte del hecho de que no se ha expuesto un solo argumento con la validez suficiente para justificar la no utilización de las primarias como mecanismo universal de tal selección de candidatos, esta inconveniente e inoportuna decisión es en extremo riesgosa, sobre todo si se toma en consideración que las llamadas “candidaturas por consenso”, en pasados comicios, no condujeron a los resultados deseados en muchos de los casos.

El temor de que a nada bueno conduzca –ni a la oposición ni al país– el subestimar al ciudadano de a pie, no es infundado, por lo que cobra enorme pertinencia la exhortación a una sincera y profunda reflexión, principalmente porque aún hay margen para la rectificación –y esto, lejos de interpretarse como una señal de indefinición o debilidad, podría mejorar la percepción que de algunos importantes actores políticos de la oposición tiene la población–.

De mi parte, por sentido común y claro establecimiento de prioridades, habrá un irrestricto apoyo a todos los candidatos de la Unidad, indistintamente de la manera en que se escojan, aunque se puede tener la certeza de que no todos los venezolanos piensan de ese modo –y soslayar esto podría acarrear nefastas consecuencias–.

Sea lo que fuere, si uno de los principales propósitos de la actual lucha democrática de la oposición es poner fin al despotismo que tanto mal ha ocasionado a la nación, es sencillamente inexcusable que se pretenda liderar el proceso de cambio con aires de infalibilidad, porque tarde o temprano promoverán ese mismo despotismo quienes acaben convenciéndose de ser los absolutos dueños de alguna verdad.

 

* Profesor de postgrado de la UCAB e investigador.

 

@MiguelCardozoM | Doctorando en Gestión de Investigación y Desarrollo, UCV. Especialista y magíster en Gerencia de Servicios Asistenciales en Salud, UCAB. Odontólogo, UCV.