• Caracas (Venezuela)

Miguel Ángel Cardozo

Al instante

La fuerza de 10 millones

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Cuando se observa el proceder de los inefables personajes que forman parte del más perjudicial de los tiránicos regímenes que ha tenido que padecer la nación, resulta inevitable preguntarse si será posible su necesario desalojo de las altas instancias gubernamentales sin que medie el constitucional recurso de la masiva presión ciudadana en las calles, entendiéndose por “masiva” no un conato de manifestación de un par de horas protagonizada por unos pocos miles de personas sino la salida y reunión en la capital de la nación de, al menos, la tercera parte de toda la población del país, esto es, alrededor de 10 millones de pacíficos e inquebrantables ciudadanos a los que varios centenares de esbirros y tarifados malandros no puedan detener en su decidida e irreversible marcha hacia la libertad.

Y de modo inevitable tal pregunta conduce a otra de igual trascendencia por las implicaciones de la respuesta: ¿por qué dentro de las propias filas opositoras se insiste en argumentar que tal recurso constituye una suerte de “atajo” carente de legitimidad?

Según la tesis de los voceros de tal matriz de opinión, el venezolano, de propiciar el desmoronamiento del dictatorial y genocida régimen que lo oprime con la pacífica e indetenible fuerza de tal presión, sería el único pueblo del planeta en ser “condenado” por la comunidad internacional, lo que no deja de ser curioso ya que ese mismo mundo celebra hoy la manera como se inicio el descalabro de los regímenes tras la cortina de hierro o como mucho tiempo después se le puso fin a los días de criminalidad del infame Milosevic.

Claro que dicha tesis podría estar escondiendo el temor de algunos a un poco probable “baño de sangre” si tal evento llegare a ocurrir, lo que, no obstante, en nada justifica su complicidad en la indefinida prolongación de la agonía de 30 millones de venezolanos por sucumbir al permanente chantaje de aquella aborrecible cúpula.

Si, al menos, la tercera parte de los habitantes de este país se vuelca a un tiempo a las calles de Caracas para reivindicar su derecho a un cambio, el grueso de las fuerzas armadas tendrá que plegarse a la voluntad de ese pueblo y comenzar a cumplir con su constitucional deber de protegerlo con las armas que aquel depositó en sus manos.

Es ese estamento de la sociedad el que debe evitar tal “baño de sangre”, enfrentando para ello tanto a esos inescrupulosos efectivos que gustan de obedecer lesivas órdenes como al puñado de “guapetones” al que le deleita atacar en cambote a mujeres embarazadas y solitarios hombres.

Por supuesto, si es que a unos y otros no se les enfría primero el guarapo ante 10 millones de pacíficos pero molestos ciudadanos.

@MiguelCardozoM