• Caracas (Venezuela)

Miguel Ángel Cardozo

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Miguel Ángel Cardozo

Entre la escatología y la ruina

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Escatología socialista del siglo XXI

Los principales regímenes totalitarios del pasado propiamente venezolano –desde la hegemonía del Centauro de los Llanos en los albores republicanos hasta la férrea dictadura perezjimenista, pasando por la tumultuosa era de los Monagas, la modernizadora autocracia del “Ilustre” Americano y la largamente asfixiante pax gomecista– no fueron precisamente benévolos e indulgentes a la hora de intentar erradicar cualquier tipo de oposición, aunque no se evidencia –pese a lo cruento de su proceder– el que hayan considerado la degradación de la persona humana como un medio para lograrlo, ni mucho menos como un fin.

Y es en esto precisamente en lo que más parece diferenciarse el actual régimen de los que lo antecedieron –por no mencionarse que del patriotismo de antaño hoy no se conserva ni el recuerdo–, dado que lo que ahora se persigue no es la eliminación de la oposición sino su permanente vejación para el deleite de la satrapía y de los innumerables colaboracionistas que, haciendo caso omiso de las penurias que los afligen tanto como a sus conciudadanos, están dispuestos a vivir una vida de privaciones y servilismo como precio por el placer de regodearse una y mil veces en la desgracia de quienes han constituido –alentados por sus corruptores– en blanco de su inquina.

Así, la degradación del “otro” (?) ha pasado a ser el pasto con el que el pobre nuevo hombre –de las alturas y de a pie– intenta saciar el destructor apetito provocado por un inconmensurable resentimiento que no deja de crecer y envilecer, a tal punto que aquello de hundir al “otro” (?) en la inmundicia se ha tornado algo literal y ha dado lugar a públicas e institucionalizadas prácticas de tortura con las que lo escabroso y lo excrementicio con saña se combinan.

Lo que cabría preguntarse es a quién degrada realmente tan escatológica actuación.

 

Mínimo salario

Alguna vez una mayoría de los venezolanos disfrutó de un digno salario mínimo, pero hoy casi toda la población del país ha sido condenada a sobrevivir con un mínimo salario que no alcanza siquiera para satisfacer parcialmente la más básica y esencial de las necesidades: la de la adecuada nutrición.

Hace dos décadas, por ejemplo, era parte de la cotidianidad el consumo de leche pasteurizada y de frutas y vegetales de todo tipo, pero hoy lo primero ha desaparecido y lo segundo no puede ser adquirido en cantidades suficientes para su inclusión en la dieta diaria.

También en esos tiempos los frutos del mar como el salmón, el mero o los langostinos colmaban con frecuencia las mesas de los trabajadores, pero hoy se hace difícil degustar hasta una sencilla rueda de atún.

Alimentos como el yogur, los cereales o el pan integral podían en aquella época ser costeados cada día por la llamada clase media, pero hoy hasta una modesta canilla resulta un lujo, mucho más si se pretende acompañar con algún embutido como el salchichón o el jamón de pavo y un queso de mediana calidad, por no hablarse de la imposibilidad de que al “festín” puedan añadirse ingredientes como la alfalfa, el tomate y la lechuga.

Y la enumeración de ejemplos podría continuar ad infinítum, pero con los proporcionados queda claro que un paupérrimo salario que –con o sin el irrisorio aumento de 15%– no es capaz de garantizar la adecuada nutrición de los venezolanos, muy lejos está de permitirle a estos satisfacer otras necesidades –como las de vestido, calzado, (auto)cuidado de la salud, vivienda, transporte, recreación y pare usted de contar–, aunque sobre aureoladas estampitas se jure lo contrario.

A nadie convence ya la dialéctica narrativa socialista del siglo XXI.

 

Cuesta abajo en la rodada

En el recién publicado Índice Mundial de Innovación 2014, Venezuela se ubicó 8 puestos más abajo que en la edición de 2013, pasando de la posición 114 a la 122 en un ranking que este año agrupó a 143 países/economías, por lo que es inevitable preguntarse –entre invocaciones al Altísimo– qué ocurrirá ahora que se ha aprobado un presupuesto deficitario para las universidades públicas, sobre las universidades privadas se cierne la amenaza de la intervención, se sigue avanzando en el estrangulamiento de las empresas a través de una arbitraria aplicación de sanciones contempladas en la Ley Orgánica de Precios Justos y de una mayor limitación de su acceso a las divisas, la ciencia y la tecnología dejaron de ser consideradas como prioridades –si es que así fueron consideradas alguna vez por el régimen–, los precios del petróleo se desploman de manera acelerada y la inflación podría alcanzar los 3 dígitos en los próximos meses.

 

* Profesor de postgrado de la UCAB e investigador.

** Doctorando en Gestión de Investigación y Desarrollo, UCV. Especialista y magíster en Gerencia de Servicios Asistenciales en Salud, UCAB. Odontólogo, UCV.