• Caracas (Venezuela)

Miguel Ángel Cardozo

Al instante

De cumbres y encumbramientos

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El ridículo cumbre y la cumbre de las traiciones. Inconmensurable fue, sin duda, el ridículo que hizo la delegación venezolana en la VII Cumbre de las Américas, ya que además de no restregar en la cara del presidente Obama millones de ultracertificadas (¿?) firmas –en incumplimiento de lo mil veces vociferado durante el circo sin pan de los días previos al encuentro–, de no arrodillar al “imperio” con tan solo un leve gesto de la perínclita (¿?) humanidad de su gerifalte y de irrespetar a los generosos y pacientes anfitriones a través de una absoluta falta de aquella urbanidad que en casa ajena debería derrocharse, sus integrantes nuevamente recibieron una de esas traperas puñaladas que con tanta pericia saben dar a los “suyos” los cuasifosilizados tatarabuelitos de la izquierda latinoamericana, por cuanto en su apología al actual mandatario estadounidense al vetusto dictador cubano únicamente le faltó agregar que aquel es el alfa y la omega de sus capitalistas anhelos y la fulgurante estrella que ilumina el camino hacia su materialización.

Y es que para los Castro, tanto valen cuanto tienen.

De la solidaridad encumbrada al encumbramiento de la verdadera democracia

Unos convencieron a otros, entre todos a varios más y desde entonces no han dejado de sumarse ex presidentes iberoamericanos resueltos a actuar en pro de la causa democrática venezolana, lo que además de ser muy oportuno, dado el tenebroso cariz que está tomando la represión en el país, es un recordatorio de que pese a la mezquindad que unos pocos se han empeñado en sembrar en esta parte del orbe, la solidaridad vuelve a emerger aquí triunfante.

Asimismo, ese gesto –que va mucho más allá de lo meramente simbólico– podría significar también el inicio de la recuperación del hoy distorsionado espíritu de defensa de los derechos fundamentales en la región, por lo que, como bien ha señalado la diputada María Corina Machado –entre otras relevantes figuras–, se trata de un importante hito en la historia contemporánea.

De seguro, en los anales de la Venezuela –y de la América Latina– del siglo XXI las futuras generaciones tendrán sobrados motivos para celebrar la Declaración de Panamá de 2015.

 

Como una lejana cumbre. Así ven ahora millones de venezolanos –incluyendo, muy probablemente, a los hasta hace poco recalcitrantes chavistas de a pie–, las posibilidades de progreso de la nación, principalmente por las recientes medidas que cercenan aún más sus libertades económicas y que, por ende, terminarán de mermar sus ya de por sí menguadas capacidades individuales y sociales para la generación de profundos y positivos cambios.

Ello, no obstante, lejos de desalentar a la vejada sociedad venezolana, debería constituirse en una poderosa fuente de motivación para sacar al país de las garras de quienes por iniquidad obstaculizan su desarrollo.

Nunca, como hoy, había cobrado tanto sentido en Venezuela la lucha por la libertad.

@MiguelCardozoM