• Caracas (Venezuela)

Miguel Ángel Cardozo

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Los “cooperantes”, la meretriz y el proxeneta

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Si existiera un diccionario de términos relacionados con las luchas en pro de la libertad y la democracia, sin duda “cooperante” se definiría en tan útil obra como la persona que practica una muy vil variante de colaboracionismo en regímenes totalitarios con la que, por medio de falsas acusaciones urdidas en su mayoría en laboratorios oficialistas de guerra sucia y elevadas de manera anónima ante corrompidas instancias judiciales, se busca acabar con la oposición a tales sistemas políticos, constituyendo ello la manifestación del más alto grado de descomposición social promovida por las cúpulas gobernantes a fin de perpetuarse en el poder.

Universos como, por ejemplo, el orwelliano o el kafkiano se encuentran impregnados de alusiones que hacen pensar en significantes como ese, pero solo cuando fenómenos como aquel dejan de ser veladas y lejanas referencias a indeseados atributos ontológicos en el plano literario para convertirse en concausa de ruina y sufrimiento en la realidad, puede entenderse el desasosiego que condujo a diversos escritores a consagrarse a la tarea de alertar a la humanidad sobre sus peligros a través de ficciones tras la que se yerguen fieles espejos de toda forma de opresión.

Claro que, como suele decirse, la realidad supera a la ficción, lo que se traduce en espeluznantes sucesos como el del descuartizamiento de una mujer perpetrado por unos “cooperantes” responsables del encarcelamiento y tortura de otra de sus víctimas, a saber, una joven que, burlada y birlada en su ingenuidad, es puesta por estos en las garras de una “justicia” devenida prostituta de una infame y retorcida red criminal.

Sí, una meretriz –con el perdón de las honestas prostitutas– que, rodilla en tierra ante el malhechor y con los vestigios de la maldad de este escurriendo por su rostro, exclama:

—No soy digna de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para arruinarlos.

Y ya todos saben quién es el proxeneta en esa sórdida realidad.

 

@MiguelCardozoM