• Caracas (Venezuela)

Miguel Ángel Cardozo

Al instante

La ciudadanía y sus 112

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Lo ocurrido este 5 de enero en Venezuela, aparte de constituir una importantísima victoria para los demócratas de la nación y del mundo, evidenció los verdaderos alcances de la fuerza de la unidad de una mayoría que no está dispuesta a seguir tolerando la perpetración de los más abyectos crímenes ni a vivir en una perenne inopia producto de la imposición de un fracasado modelo, de la peor de las gestiones gubernamentales de toda la historia patria y de una corrupción tan enorme como la maldad de quienes se anquilosaron en un nocivo estadio de odios y delirios.

Sirvió además tan trascendental jornada de nueva constatación de la vocación profundamente democrática de los amplios sectores de las fuerzas armadas que, entendiendo su auténtica razón de ser, han decidido retomar su rol de garantes del imperio de la sagrada voluntad del pueblo al que se deben; una voluntad que de manera cívica y clara se expresó mediante el voto el pasado 6 de diciembre.

Pero sobre todo, la instalación de este constitucional y legítimo Parlamento de todos los venezolanos puso de manifiesto el contraste entre dos modos de proceder: el de la decadente y minoritaria cúpula chavista, movida por mezquinos e ilícitos intereses particulares, y acostumbrada al torcimiento de la ley, al atropello y a la opresión como recursos para la conservación del poder, y el de la mayoría de los ciudadanos venezolanos que, impulsados por una creciente hambre de libertad, justicia, paz y bienestar común, reivindican la sindéresis, el respeto, la fraternidad y el trabajo honesto como medios para la consecución del desarrollo nacional.

Por ello –y sin que tal cosa implique la circunscripción de la compleja realidad venezolana a estrechos límites maniqueos–, es patente que hoy el país se debate entre la desmedida ambición y el afán de destrucción de unos pocos, y el anhelo de construcción de una Venezuela democrática, incluyente, segura y pujante de muchos; motivaciones que, al ser incompatibles, convierten en un imperativo el logro de la victoria de los segundos en su ardua lucha por la libertad, haciéndose necesario para esto que dicha mayoría cierre filas en torno a los 112 diputados a los que le ha otorgado el poder de legislar en su nombre a fin de que, con la presteza que la propia gravedad de la crisis permita, puedan impulsar los diversos cambios que se requieren para superarla.

El diputado Henry Ramos Allup, luego de que con prestancia y entereza asumiera la presidencia del renovado órgano legislativo, juramentara a sus pares y tomara las riendas de un acto hasta entonces deslustrado por el soez lenguaje y los zafios modos de la representación de la cúpula oficialista, recordó en su lúcido y acertado discurso ante la Cámara, la nación y el mundo la magnitud de los retos que se afrontarán en el transcurso de los próximos meses, por lo que es menester que esa misma ciudadanía, pese a las dificultades y padecimientos por venir, continúe acompañando y ayudando con la fuerza de su unidad y decidida actuación a sus 112 parlamentarios.

¡Sí se puede!

 

@MiguelCardozoM