• Caracas (Venezuela)

Miguel Ángel Cardozo

Al instante

Miguel Ángel Cardozo

El chantaje de la “sacrosanta” izquierda latinoamericana

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Parece que en América Latina el ser de izquierda otorga una suerte de licencia que exime a los que la poseen de cualquier consecuencia por violar los más fundamentales derechos humanos y por perpetrar impensables crímenes, y ello en virtud de lo que por décadas se ha ido dibujando en el imaginario colectivo de los pueblos de la región como resultado de la añeja cantinela que eleva a rojos altares a unos pretendidos “defensores” de su “dignidad”; unos “paladines” de la “autodeterminación” que, por actuar “heroicamente” frente a una sempiterna “amenaza imperial”, se presentan como depositarios de “sagrados” dones que los colocan por encima de la ley y obligan a esos mismos pueblos a soportar, e incluso celebrar, sus despropósitos y vilezas.

Tal visión ha dado lugar a un perverso chantaje que de manera infame –y durante largo tiempo– se ha utilizado para criminalizar a todo el que se rehúsa a reverenciar a unos trastornados déspotas que no conciben el poder como una temporal y valiosa oportunidad de servicio –como así lo exigen las actuales convenciones internacionales– sino como un permanente medio de satisfacción de bajas pasiones, principalmente de su aviesa sed de exterminio del “enemigo” interno –o en otras palabras, de los opositores que en conjunto y de manera peyorativa denominan “derecha”, lo que constituye un epíteto que no pasa de ser un eufemismo que bien podría emplearse para referirse a los regímenes que lo usan para desacreditar a quienes se les oponen–.

No sorprende entonces que gobiernos que ni se han pronunciado ni han movido un dedo ante la despiadada represión que desde febrero de 2014 ha bañado de sangre a la nación que, además de contribuir significativamente a la consecución de la independencia de la región, siempre recibió con los brazos abiertos a quienes por diversas circunstancias emigraron de sus países, entre aspavientos condenen el que el gobierno de Estados Unidos sancione a funcionarios corruptos y violadores de derechos humanos.

Si bien cabe estar en desacuerdo con la “fórmula” empleada para hacer más expedita la aplicación de esas sanciones personales, no hay margen en esta situación para alarmismos que solo favorecen al régimen dado que no se ha planteado ninguna posible agresión a Venezuela, sobre todo porque pasadas experiencias han permitido entender que aquellas medidas que afectan a los pueblos no son efectivas para combatir a las feroces dictaduras de las que estos son víctimas.

Lo que sí es condenable es que, en nombre de la lealtad al extinto responsable de esta debacle y de la defensa de un retrógrado y fracasado modelo –lo que precariamente oculta la pretensión de una podrida cúpula de mantener y hasta incrementar sus innumerables privilegios–, se persiga, torture y masacre a quienes desean un cambio –al punto de convertir a inocentes niños en blanco de las balas que deberían utilizarse en la lucha contra el crimen y de empujar a honestos ciudadanos, como el señor Rodolfo González, al abismo de la desesperación–.

Eso es lo que deberían condenar los gobiernos de la región y del mundo entero, así como el que la vida de madres y padres venezolanos transcurra entre interminables colas para tratar de adquirir unos escasos alimentos que no alcanzan para el adecuado sustento de sus familias, o el que la inseguridad en las calles del país arroje cada año un espeluznante saldo de decenas de miles de asesinatos.

Pero poco –o nada– importa esto a la “sacrosanta” izquierda latinoamericana, siempre ocupada en el desvelamiento de supuestas maquinaciones imperiales que más bien lucen como cortinas de humo con las que frecuentemente se intenta desviar la atención de graves asuntos, entre los que destacan escandalosos casos de corrupción como el que en estos días ha salido a la luz a raíz de la acusación que formuló el Departamento del Tesoro de Estados Unidos en contra de la Banca Privada d’Andorra por lavado de dinero internacional, incluida la astronómica suma de 2.000 millones de dólares provenientes, presuntamente, de Pdvsa –de acuerdo con lo reseñado el 10 de marzo del corriente por El Nacional (http://www.el-nacional.com/mundo/Andorra-investigado-EE-UU-Pdvsa_0_589141191.html)–.

Esto parece confirmar que lo que hoy existe en la región es una obscena complicidad derivada de mezquinos intereses; una complicidad que sí constituye una verdadera amenaza para la sociedad venezolana por cuanto podría allanar el camino a una mayor represión en el país bajo la máscara de la aplicación de una ley habilitante que tiene apariencia de todo menos de instrumento normativo para la defensa nacional.

Ante esto no puede uno dejar de preguntarse cómo mirarán al rostro de los venezolanos los simpatizantes de esa “sacrosanta” izquierda latinoamericana cuando en la región pase, entre ruinas y lágrimas, el frenesí delincuencial que hoy la asola.

 

* Profesor de postgrado de la UCAB e investigador.

** Doctorando en Gestión de Investigación y Desarrollo, UCV. Especialista y magíster en Gerencia de Servicios Asistenciales en Salud, UCAB. Odontólogo, UCV.

@MiguelCardozoM