• Caracas (Venezuela)

Miguel Ángel Cardozo

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Miguel Ángel Cardozo

Un artículo a propósito de un vil asesinato y otras reflexiones

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El artículo

Se trata de la columna –intitulada “Contra el odio”– que, a propósito del vil asesinato de Kluivert Roa, publiqué el 26 de febrero del corriente en PolítiKa UCAB (http://politikaucab.net/2015/02/26/contra-el-odio) y que para evitar innecesarias repeticiones transcribo –en su casi totalidad– a continuación:

“Como ciudadano, desde hace tiempo he visto con suma preocupación el acelerado deterioro de eso bonito que llamábamos con orgullo ‘la venezolanidad’; un deterioro que escandalosamente se pone de manifiesto tanto en la cotidiana desvalorización de la persona humana como en la exacerbación de odios fratricidas devenidos soporte vital de un régimen en franca decadencia –aunque no por ello incapaz de asolar hasta los mismos pilares de la sociedad venezolana–.

”Ese odio –sobre todo–, cuya masiva siembra se inició hace 16 años, ha dado lugar a una dolorosa cosecha de muerte y aflicción; un triste saldo al que hace pocas horas se sumó, restándonos como país, ese bochornoso suceso en el que la ilegítima aplicación de aquel esperpento jurídico denominado ‘Resolución 008610’ no pasa de ser uno más de los tantos pretextos usados, a lo largo de estos tres infaustos lustros, para allanar el camino a un destructivo desenfreno.

”El asesinato de Kluivert Roa, por tanto, es la elocuente evidencia de la consecución –al menos en parte– de aquello que, quizás antes incluso de las criminales intentonas de golpe de Estado de 1992, se propuso lo que hoy se conoce como chavismo: la disolución, mediante el odio, de una sociedad democrática, afable y solidaria que se creía sólidamente afianzada en excelsos valores humanos.

”Una disolución con la que se pretende, como fin último, perpetuar un inicuo sistema dictatorial en el que a cualquier costo, e impunemente, se sacrifique el bienestar de decenas de millones de venezolanos en favor de un puñado de inescrupulosos.

”Por supuesto, hasta el más impensable de los despropósitos puede resultar de tal aberración, como el que subyace tras el trágico suceso que hoy nos apesadumbra y que a tantas reflexiones condujo luego de que se conocieran sus espeluznantes detalles: la utilización de jóvenes venezolanos como instrumentos de una brutal represión que llega a los herodianos extremos de la cruenta matanza de niños.

”A esto hemos llegado entre reiterados lugares comunes, como el ‘no vale, yo no creo’ o el ‘ya se tocó fondo, ahora sí va a pasar algo’ –que por años se han escuchado como parte de una pesada letanía de estupideces–, y la suicida ceguera de quienes se niegan a terminar de entender que lo que está en juego es, nada menos, que su propia supervivencia.

”Pero llegados a este punto no nos podemos dejar emboscar por un régimen que está apostando todo al desencadenamiento de una violencia que, de modo desesperado, ha intentado propiciar con su política empobrecedora –verbigracia, la reciente megadevaluación de la moneda nacional– y sus cada vez más frecuentes tropelías –como la arbitraria detención del alcalde metropolitano de Caracas, Antonio Ledezma, o la sanguinaria aplicación de la Resolución 008610–.

”Ante ese odio germinador de violencia debe prevalecer la razón y una verdadera unidad nacional, ya que lo contrario sería contribuir al logro del oscuro propósito de aniquilación de toda una sociedad”.

 

Otros rostros de la violencia

¿Qué se oculta tras las desapariciones forzadas y ulteriores asesinatos de jóvenes que han ocurrido en el país en las últimas semanas?

La pista quizás se encuentre en el documento Desapariciones forzadas o involuntarias de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (2009, http://www.ohchr.org/Documents/Publications/FactSheet6Rev3_sp.pdf), en el que se señala que estas constituyen una estrategia para infundir terror en la ciudadanía, por cuanto la sensación de inseguridad que generan afecta no solo a los parientes cercanos de las víctimas sino a toda la sociedad.

Surge entonces la pregunta: ¿quién se beneficiaría de la propagación de tal sensación de inseguridad selectiva en Venezuela?

Por supuesto, la atribución de culpas sin evidencias sería una actuación en extremo irresponsable, pero tan graves sucesos deben conducir a una profunda reflexión.

En todo caso, mientras se hallan las mencionadas evidencias, no estaría de más interesarse en conocer otras características del fenómeno de las desapariciones forzadas, como una muy alarmante que se apunta en el citado documento, a saber:

“Las desapariciones forzadas, que en su día fueron principalmente el producto de las dictaduras militares, pueden perpetrarse hoy día en situaciones complejas de conflicto interno, especialmente como método de represión política de los oponentes”. (p. 2)

 

Y entre tanta violencia, ¿en qué enfocarse?

En no dejarse arrastrar hacia las peligrosas redes que por doquier ha tendido –y sigue tendiendo– un régimen al que ya se le agotaron las posibilidades de valerse de recursos democráticos para sostener su cruel dictadura adaptada a la era digital.

En no caer tampoco en trampas como la de la seudocoalición, para una supuesta “transición” hacia la democracia, entre defensores y violadores de derechos humanos –un completo sinsentido–.

En no prestar oídos a quienes –bien por ceguera, bien por un reprochable colaboracionismo– intentan minimizar la importancia de estrategias de lucha para el restablecimiento de la democracia como la recuperación del control del Poder Legislativo.

En definitiva, la hoy mayoría opositora de la sociedad venezolana debe enfocarse en impulsar unida y de manera pacífica –pero a pie firme– los muchos cambios que se requieren para que se pueda iniciar la construcción de un futuro colmado de oportunidades de desarrollo.

Que no se pierda de vista que los errores de hoy se pagarán a un muy alto costo mañana.

 

* Profesor de postgrado de la UCAB e investigador.

 

** Doctorando en Gestión de Investigación y Desarrollo, UCV. Especialista y magíster en Gerencia de Servicios Asistenciales en Salud, UCAB. Odontólogo, UCV.