• Caracas (Venezuela)

Miguel Ángel Cardozo

Al instante

Venezuelan Left Wing Corp. y otras amenazas

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Que el tan ridículamente sacralizado socialismo del siglo XXI no pase de ser la transnacional corporación ultracapitalista de unos pocos y que, más grave aún, tal nido de fariseos esté por completo sumergido en el mismo lodazal donde chapotean delincuentes que hasta muchos tiranos dudarían en frecuentar, tiempo ha que constituye un hecho público, notorio y comunicacional; pero que, en momentos en los que el pueblo de Venezuela –con hambre, sin empleo y harto molesto– está exigiendo a gritos que cese la indecente expoliación de la que día tras día es objeto, se cree entre gallos y medianoche una suerte de paralela Pdvsa de “todos” –aunque no de todos los venezolanos, ni tampoco de todos los militares, sino de todos los miembros de aquella reducida cúpula que ahora es más oliva que roja–, es llevar la desfachatez a unos niveles que en otras tierras no se habrían podido siquiera soñar.

A todas luces, es esta una de las burdas maniobras con las que el desahuciado y estertóreo régimen responsable de los actuales padecimientos de los venezolanos espera retener el poder económico luego de que se vea privado del político por la indetenible fuerza de la voluntad de estos; algo que, huelga decir, no es ya ese íntimo anhelo expresado sottovoce por algunos sino el ensordecedor e incesante clamor de una sociedad entera que, al parecer, no perturba los insonorizados reductos áulicos de la recalcitrante oligarquía chavista.

Sea lo que fuere, es sencillamente inaceptable tal maniobra, máxime porque ha surgido de aquel perverso y manifiesto deseo de no dejar piedra sobre piedra en una nación cuya absoluta ruina, tan nefanda ralea, siempre ha perseguido con enfermiza fruición; sin olvidarse, claro está, de enriquecerse en el proceso hasta el límite de su ambición –esto es, sin límites–.

No se puede permitir que en la Venezuela posguerra –o, en otras palabras, en el país que quedará después de que este criminal régimen sea finalmente derrotado en la guerra que sin haber mediado provocación alguna le declaró a casi 30 millones de venezolanos–, los recursos necesarios para su reconstrucción queden en manos de quienes –amén de ver en estos una futura fuente para la prosecución del propio enriquecimiento– pretenden emplearlos para torpedear cualquier acción con la que se quiera coadyuvar a la consecución del desarrollo nacional, por lo que, sin temores, hay que poner coto a este nuevo desafuero de esa suerte de rojerío corporativo, cuyo aceitunado eje, por la alta posición de sus miembros, debería ser, aparte de una proba y honorable instancia, ejemplo de actuación apegada a la Constitución y en pro de la sociedad venezolana.

En el ínterin, hay que acelerar el inicio del democrático, pacífico y constitucional cambio en el Poder Ejecutivo, porque si se permite la contaminante puesta en marcha de aquellos “motores” cuya sola evocación, tomando las palabras del cada vez más apreciado presidente del nuevo Parlamento, Henry Ramos Allup, hace que un frío recorra el espinazo, los males que sobrevendrán harán palidecer a la actual crisis.