• Caracas (Venezuela)

Miguel Ángel Cardozo

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Miguel Ángel Cardozo

Venezuela y la enfermedad por el ébola

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Como es bien sabido –gracias a su rápida difusión por los medios de comunicación de todo el planeta–, en la Declaración de la Organización Mundial de la Salud del 8 de agosto de 2014 (http://who.int/mediacentre/news/statements/2014/ebola-20140808/es), derivada de la primera reunión del Comité de Emergencias conformado para hacer frente al más reciente brote de enfermedad por el virus del Ébola (EVE) en África Occidental –de acuerdo con lo estipulado en el Reglamento Sanitario Internacional (2005, http://www.who.int/ihr/IHR_2005_es.pdf?ua=1)–, se señala entre otras cosas que este “constituye un ‘evento extraordinario’ y supone un riesgo de salud pública para otros estados”, y “que las posibles consecuencias de una mayor propagación internacional son particularmente graves dada la virulencia del virus, su intensa transmisión tanto en la comunidad como en los centros sanitarios, y la debilidad de los sistemas de salud en los países afectados y en los que corren mayor riesgo de verse afectados”.

Claro que para muchos venezolanos tales afirmaciones no son motivo de alarma, dado que la enorme distancia que separa a la “tierra de gracia” de la zona diezmada por el letal virus –con el océano Atlántico de por medio–, aunada a la significativa reducción del tráfico aéreo entre Venezuela y el resto del mundo, ha generado incredulidad ante la posible irrupción de la enfermedad en el país.

Esa actitud, que al parecer es también compartida por sus autoridades sanitarias, podría colocar a la nación en una situación de absoluta indefensión si, contra todos los pronósticos elaborados desde tal postura, el terrible mal hiciere su dramática aparición en medio de una desprevenida población.

No se trata de desatar el pánico en momentos en que el venezolano ha visto reducida su existencia a un ominoso estado de perenne supervivencia a causa de la escasez de lo más esencial, la violencia segadora de vidas y la escandalosa ineptitud de quienes deberían coadyuvar al logro de su pleno desarrollo, sino de promover la toma de conciencia para que cada quien en su ámbito emprenda acciones que prevengan una catástrofe de proporciones insospechadas.

Basta con imaginar lo que ocurriría si una sola persona infectada con ébola –ya en fase sintomática– viaja en los atestados vagones sin aire acondicionado del Metro de Caracas al lado de varios de los tantos compatriotas que a diario acuden a la capital –provenientes del interior del país– en busca de alimentos y medicinas.

¡Olvídense de los murciélagos frugívoros de la familia Pteropodidae!

Si además se consideran las similitudes entre las debilidades de Venezuela y las de los países afectados por la EVE descritas en la citada declaración, particularmente sus “sistemas de salud […] frágiles” con “importantes deficiencias en recursos humanos, económicos y materiales que comprometen su capacidad para montar una respuesta que permita controlar el brote adecuadamente”, así como su falta “de experiencia sobre los brotes de EVE” acompañada de “conceptos erróneos sobre la enfermedad, y en particular sobre su modo de transmisión”, se hace evidente lo que implicaría para la nación esta epidemia.

Es así que aunque luzca remota la posibilidad del arribo al país de una persona infectada con el virus, toda la población debería prepararse para hacer frente a lo aparentemente improbable, sobre todo ahora que quedó demostrado, con lo sucedido hace unos días en el hotel Savoy de Caracas, que las autoridades sanitarias no están familiarizadas con protocolos para contener de manera eficaz un agente biológico de fácil transmisión –o entonces, ¿por qué se permitió en el lugar la presencia de funcionarios del Sebin sin apropiadas medidas de bioseguridad?–.

Y lo más grave es que para esas mismas autoridades es motivo de alegría el que el presunto caso de EVE fuese en realidad de paludismo, lo que lejos de ser un hecho para celebrar pone de manifiesto que los controles sanitarios en las puertas de entrada al país son inexistentes.

Sea lo que fuere, la población venezolana debe estar consciente del peligro y de la situación en que se encuentran las organizaciones humanitarias internacionales que están combatiendo la enfermedad, cuyas capacidades resolutivas, según se desprende de lo indicado por Médicos sin Fronteras en un comunicado de prensa (http://www.msf.es/noticia/2014/respuesta-internacional-epidemia-ebola-en-africa-occidental), ya están llegando a su límite.

Ante ese panorama la sociedad venezolana debe esforzarse en la prevención de la EVE, recordando que no hace mucho tiempo se creía imposible la llegada del virus Chikungunya al país y ya se registran –de manera oficial– más de 200 casos, tal y como quien les escribe lee en El Nacional (http://www.el-nacional.com/sociedad/Armada-reconoce-fallas-dotaciones_0_466753531.html) justo en el momento en el que está finalizando esta columna.

Mientras tanto, valga la invitación a leer las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud contenidas en su recientemente actualizada Interim infection prevention and control guidance for care of patients with suspected or confirmed Filovirus haemorrhagic fever in health-care settings, with focus on Ebola (2014, http://www.who.int/entity/csr/resources/publications/who-ipc-guidance-ebolafinal-09082014.pdf?ua=1).

@MiguelCardozoM