• Caracas (Venezuela)

Miguel Ángel Cardozo

Al instante

Válvulas de escape

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Tétricas evocaciones onomatopéyicas como la del dizque sonido producido por las balas al penetrar cabezas opositoras; acusaciones sin fundamento como la del supuesto otorgamiento masivo de cupos universitarios en el pasado a cambio de favores sexuales; procaces exigencias como la de la defensa de un infame régimen a cualquier costo, aunque ello se traduzca en hambre, enfermedad y muerte; sardónicos comentarios como esos en los que, ante una cotidianidad plagada de agresiones, contrariedades y distorsiones, se atribuyen propiedades hedónicas o “eudemónicas” a lo que genera estados contrarios al placer o a la felicidad… Sin duda, hay en todo esto un claro patrón.

Cada una de esas provocaciones desencadena una oleada de reacciones que, si bien son comprensibles, solo sirven para reducir la presión acumulada a consecuencia de despropósitos de mayor gravedad y desviar la atención de la ciudadanía de aquello que, a diferencia de lo que tan solo son válvulas de escape, sí puede afectar su futuro; por ejemplo, una anticipada y amañada rotación de altos cargos en el Poder Judicial.

Este juego no es nuevo, por lo que esa misma sociedad debería haber aprendido ya a canalizar sus energías hacia el logro de elevados propósitos y no quedar atrapada, como el perro tras su cola, en viciosos círculos en los que el cotilleo y el insulto constituyen una narcotizadora mezcla –al menos más que aquel supuesto “opio de los pueblos”–.

En vez de estarse dedicando esta temporada preelectoral a la organización de una poderosa maquinaria social que reduzca a inservibles escombros todas las maniobras con las que se intentará desconocer la voluntad de la mayoría, el tiempo está transcurriendo entre críticas a minúsculas figuras de la farándula nacional devenidas en rojos objetos de distracción e inacabables rosarios de improperios suscitados por dichos y hechos pensados justamente para eso.

Una pronta reflexión nacional sobre la conveniencia de ello sería beneficiosa, sobre todo porque aún queda un pequeño margen para hacer la tarea pospuesta desde hace casi 17 años.

Si tal margen no se aprovecha, que se prepare entonces el pueblo venezolano para largos años de “sabrositas” colas amenizadas con “deliciosos” snacks tipo rocas surtidas –asadas, claro está, porque aceite para freír no hay–.


@MiguelCardozoM