• Caracas (Venezuela)

Miguel Ángel Cardozo

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Miguel Ángel Cardozo

Temas de la crisis sanitaria (IV): La guerra y la paz

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En Venezuela –como en otras latitudes–, la palabra “cáncer” trae a la memoria de la mayor parte de sus habitantes dolorosos recuerdos, porque lo infrecuente en el país son las familias que no han sido afectadas por tan terrible mal, a tal punto de que no sería erróneo afirmar que su incidencia aproxima a la sociedad a una suerte de perverso igualitarismo, dado que las diferencias sociales desaparecen ante su estremecedor avance.

Intelectuales, reinas de belleza, obreros, científicos, amas de casa, deportistas, artistas, políticos, trabajadores sexuales, clérigos, académicos, empresarios, indigentes y hasta profesionales de la salud, se cuentan entre las mortales víctimas de innumerables patologías a las que comúnmente se les asigna el espeluznante término.

Claro que el riesgo de padecer alguna de estas se incrementa en función de diversos factores –que varían de una a otra–, pero todas sumadas constituyen una de las principales causas de muerte en Venezuela. De hecho, según el informe Situación de salud en las Américas: Indicadores básicos 2013 de la Organización Panamericana de la Salud (2013, http://www.paho.org/hq/index.php?option=com_docman&task=doc_view&gid=23083&Itemid=270&lang=es), ya para 2009 la tasa de mortalidad corregida por neoplasias malignas –por cada 100.000 habitantes– era de 86,6, lo que en ese momento ubicaba al cáncer como la tercera causa de muerte en el país después de las denominadas “causas externas” –consideradas en conjunto– y de las enfermedades isquémicas del corazón; y si se toma como referencia el Anuario de mortalidad 2011 del Ministerio del Poder Popular para la Salud (2014, http://www.mpps.gob.ve/index.php?option=com_phocadownload&view=category&id=11:anuarios-de-mortalidad&Itemid=915), en el que las mencionadas causas externas no se agrupan en una sola categoría, el cáncer pasa a ocupar el segundo lugar.

Indudablemente, no se trata de un problema aislado, por cuanto a nivel mundial el total de defunciones por esa enfermedad fue de 8,2 millones en 2012 y se calcula que hacia el año 2030 el número de casos alcanzará la pavorosa cifra de 22 millones (Organización Mundial de la Salud, 2014, http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs297/es).

Pero más allá de esto, todos los venezolanos –indistintamente de sus divergencias políticas– de seguro comparten la misma inquietud ante el evidente fracaso de las autoridades sanitarias en la lucha nacional contra el cáncer; inquietud que desde hace unos meses aumenta día a día por la acelerada pérdida de capacidades resolutivas en el sistema de salud, de lo que han dejado constancia algunos medios de comunicación independientes.

La escasez de fármacos quimioterapéuticos, por ejemplo, ha sido denunciada en reiteradas ocasiones, aunque ello no se ha traducido en acciones –de las autoridades sanitarias– que coadyuven a solucionar de manera efectiva tanto esa situación como las fallas de equipos de radioterapia y el extremo deterioro de importantes infraestructuras, lo que a su vez imposibilita el adecuado tratamiento de múltiples neoplasias malignas.

Esa ineficiencia e ineficacia del ente rector del sistema sanitario venezolano se ha puesto completamente de relieve en días recientes con el cierre del Instituto de Hematología y Oncología de la Universidad Central de Venezuela; hecho que además de haber sido reseñado ampliamente en diarios nacionales –como El Nacional y Tal Cual– e internacionales –como el Diario las Américas– dada su relevancia, desmiente también las burlescas declaraciones de voceros gubernamentales que por todos los próceres juran que el sector goza de muy buena salud.

Lo lamentable no es que la ineptitud quede con ello –y de un modo patético– al descubierto, sino que muchas vidas que podrían salvarse posiblemente terminen reducidas a impersonales cifras en el rojo y grosísimo libro de las muertes evitables pero producidas por una pésima gestión que se contrapone al primordial anhelo de sobrevivir; un anhelo que es hoy el de miles de personas que, en su tormentosa guerra con un temible enemigo –un enemigo interior–, intentan con desesperación no ser las ganadoras de la paz de los sepulcros.

 

* Profesor de postgrado de la UCAB e investigador.

** Doctorando en Gestión de Investigación y Desarrollo, UCV. Especialista y magíster en Gerencia de Servicios Asistenciales en Salud, UCAB. Odontólogo, UCV.

@MiguelCardozoM