• Caracas (Venezuela)

Miguel Ángel Cardozo

Al instante

Presión o tolerancia

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

 

Ya no solo fallecen a consecuencia de las muchas carencias de los establecimientos sanitarios nacionales, de la ausencia en el país de medicamentos esenciales para el tratamiento de graves afecciones, y de la negativa del régimen a reconocer la profunda crisis del sector –que sus propias políticas ocasionaron– y a abrir los canales requeridos para que Venezuela reciba la ayuda humanitaria internacional que tanto le urge, sino que ahora también mueren inocentes criaturas durante el peregrinaje que sus padres se ven obligados a realizar diariamente junto a ellos para tratar de adquirir esa pírrica cantidad de víveres con la que las familias venezolanas apenas si pueden subsistir.

Un dantesco cuadro frente al que, para colmo, no cabe afirmar aquello de “se tocó fondo” dado que en lo que respecta a las crisis sociales no existe tal cosa y siempre se puede empeorar, por lo que resulta inevitable preguntarse cuánto más estará dispuesta a tolerarles a los responsables de su tragedia la ciudadanía venezolana, máxime porque ya no hay duda de que, lejos de querer trabajar en pro de la resolución de los innumerables problemas que la aquejan, aquellos solo apuestan por la resignación de unos, el miedo de otros y la aniquilación de muchos para el logro de su indefinida permanencia al frente de lo que únicamente ellos son capaces de llamar “gobierno” y, de ese modo, seguir gozando de la obscena cantidad de privilegios que se han arrogado.

Una perversa y riesgosa apuesta, ciertamente; tanto, que solo una mezcla de rampante locura y extrema maldad puede explicar.

Y si así son las cosas, ¿qué se espera entonces para el mancomunado ejercicio de los derechos –y el cumplimiento de los deberes– establecidos en una Constitución de la que mucho se habla pero por cuya efectiva defensa poco se ha hecho? Porque mal haría alguien en asegurar lo contrario cuando a estas alturas, por ejemplo, 3 de los 112 diputados opositores del Poder Legislativo no han tomado aún posesión de sus cargos por el absurdo acatamiento de una inconstitucional sentencia, con lo que esa instancia ha permitido la flagrante violación que implica el que unos magistrados nombrados de manera irregular no solo sigan ocupando las más altas posiciones de uno de los poderes públicos derivados, sino que se hayan convertido en el principal factor obstaculizador del inicio de la resolución de la crisis nacional.

Hay solo una forma de lograr, entre otras cosas, el pronto cese de este régimen –comenzando por un inmediato cambio en el Poder Ejecutivo, bien por la renuncia de su cabeza, bien por la revocatoria de su mandato mediante el voto popular–, el saneamiento de los poderes públicos derivados y de las fuerzas armadas, y la reconstrucción del aparato productivo nacional: a través de una pacífica presión ejercida con resolución en las calles de Caracas por, al menos, 10 millones de ciudadanos provenientes de todo el país.

Mientras ello no ocurra, continuará esta malsana dinámica de tolerancia de los más terribles crímenes.

¿O de qué otra manera pueden calificarse, verbigracia, la evitable muerte de la infancia venezolana y la generalizada hambruna en una nación en la que en buena parte de los primeros años de este siglo se percibieron cerca de 2 billones de dólares?