• Caracas (Venezuela)

Miguel Ángel Cardozo

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Polar y luces

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El panorama político y socioeconómico actual se enturbia cada vez más, y las “garantías” de que el régimen se acoja a la voluntad de una mayoría que no quiere fenecer aplastada bajo el peso de un modelo retrógrado y mil veces fracasado se están diluyendo a pasos agigantados.

Y es que a lo que luce como el preludio al más feroz de los ataques al sector privado nacional, dentro del que Empresas Polar tiene un enorme peso y Lorenzo Mendoza una indiscutible influencia, se suman el rápido avance en el cuestionable proceso de sustitución de magistrados del Tribunal Supremo de Justicia y el surgimiento de alarmantes ideas como la de una nueva reforma de nada menos que los dos principales instrumentos jurídicos en materia penal, no siendo además casual su pública manifestación en momentos en los que la fragilidad de las instituciones del Estado constituye el caldo de cultivo propicio para que sus verdaderos y velados promotores incurran en todo tipo de excesos en sus reformulaciones y en terribles injusticias en sus politizadas aplicaciones.

Lo más grave es que, dentro de ese marco de insania y vileza, la sindéresis, cualidad tan necesaria en quienes arrostran los peligros que entrañan las luchas en pro de la libertad, se ha vuelto en esta turbulenta Venezuela de hoy más escasa que cualquiera de esos nutritivos alimentos cuya ausencia ha convertido a la otrora franca mesa del pueblo en una paupérrima mesa de milanos.

Comprensible es, por tanto, que no pocos ciudadano de a pie ya se hayan preguntado en qué contribuyen a la causa democrática acciones como la del regreso al país de Manuel Rosales, porque lo cierto es que ese tipo de “irreflexivas” actuaciones solo dan pasto a las intrigas de los perennemente camuflados opinantes “imparciales” y, lo que es aún peor, suscitan mayores recelos en una sociedad que, tristemente, se ha tornado tan desconfiada que hasta de sus “líderes” opositores sospecha.

No son estas el tipo de cosas que se esperan de quienes se dicen idóneos para guiar la conducción de la nación a mejores destinos, máxime cuando esa misma sociedad, agobiada ante lo que ahora vislumbra a través de la densa bruma que cubre el oscuro mar de apetencias, despropósitos y aviesas intenciones que la circunda, reclama –además de un definitivo consenso sobre el rumbo a seguir– seriedad, coherencia y pertinencia en el proceder de quienes en el futuro aspiran a ocupar alguna privilegiada posición de servicio público en el país.

Pero en todo caso, mientras uno tras otro esos “líderes” se dejan barrer del tablero de juego político, como si de mártires esta sociedad estuviese necesitada, los miembros de la cúpula del régimen están acelerando la implementación de su empobrecedora agenda a fin de terminar de destruir las pocas capacidades que aún subsisten en la sociedad venezolana y que ellos ven como una amenaza a sus abyectos intereses.

Eso es lo que precisamente subyace tras las absurdas pero peligrosas acusaciones en contra de Lorenzo Mendoza, cuyo emporio forma parte de ese conjunto de capacidades para el desarrollo nacional que, si bien ha mermado de manera sustancial a consecuencia de las políticas gubernamentales de los últimos lustros, sigue impidiendo lo que tanto anhela ese inefable grupúsculo, esto es, la absoluta postración del pueblo venezolano.

El régimen sabe muy bien que la adición de una total destrucción de capacidades al mantenimiento de abrumadoras necesidades y a la continua pero falsa promesa de su satisfacción, allana el camino a la perpetuación en el poder, solo que pierde de vista que ya no puede generar ninguna irreal expectativa de mejora por cuanto no tiene ni sombra de credibilidad.

Esto lo constatará el 6 de diciembre, aunque del pueblo dependerá que el voto que lo ponga de manifiesto no se convierta en otra de las tantas expresiones de su voluntad que a lo largo de casi 17 años olímpicamente se han ignorado.

 

@MiguelCardozoM