• Caracas (Venezuela)

Miguel Ángel Cardozo

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Panamá y Venezuela: el contraste

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A finales de 1999, mientras Panamá se preparaba para asumir –después de 85 años– el control de su canal interoceánico, se anunciaba festivamente en Venezuela –en medio de aquella enorme tragedia nacional ocasionada por el deslave en Vargas– el nacimiento de una “nueva república”. Luego, 8 años más tarde, cuando en el primero recién iniciaban los trabajos de ampliación de la mencionada ruta marítima, cuya propuesta había sido aprobada el año anterior por el grueso de su ciudadanía, en un ejemplar referéndum nacional, en el segundo se iniciaba la soberbia e inconstitucional marcha hacia un Estado socialista/comunista pese a lo que su pueblo había negado de manera expresa en otro proceso plebiscitario –aunque nada ejemplar dado ese virtual desconocimiento de sus resultados–.

Transcurridos otros 8 años, el contraste no puede ser mayor: Panamá inaugura su canal ampliado en un contexto de consolidada cultura democrática, gran estabilidad sociopolítica e inmensa –y creciente– prosperidad económica, mientras Venezuela continúa su acelerado descenso por el abismo del atraso y la barbarie en el marco de una rampante crispación.

Cómo podría ser de otra forma si la construcción de capacidades en Panamá en esos primeros años del siglo XXI fue justamente lo opuesto a lo que se promovió en Venezuela durante el mismo período, esto es, el cercenamiento de toda forma de libertad, la depauperación de los sistemas sanitario y educativo, la calculada destrucción del aparato productivo nacional y hasta la asfixia de la única de las gallinas de áureos huevos que a semejante devastación sobrevivió: Pdvsa.

No; de ningún otro modo pudo resultar. Por ello lo escandaloso del asunto solo es hoy superado por lo ofensivo de esos continuos y grotescos intentos de ocultamiento de las genocidas consecuencias de tales cosas, entre las que se cuenta una carestía –sin precedentes en el país– que se ha cobrado la vida de millares de venezolanos –incluyendo la de inocentes niños– y que el régimen no permite siquiera mitigar mediante la aceptación de la humanitaria ayuda internacional que ya se ha ofrecido.

Lo más grave es que todo esto ocurre en Venezuela luego de un saqueo de las arcas de la nación que, según diversas fuentes, produjo en estos 17 años de maldición chavista la pérdida de la astronómica suma de 300.000 millones de dólares estadounidenses –el equivalente al costo de unas 57 faraónicas obras como la de la ampliación del Canal de Panamá, para cuya realización se invirtieron 5.250 millones de dólares–.

¡Y aún pretenden los inefables miembros del régimen permanecer de manera indefinida en el poder para seguir perpetrando con impunidad sus fechorías!

Permitirlo es muerte; lo contrario vida. Tan simple, maniqueo y genuinamente cierto como eso.

El cómo impedirlo, ya se sabe. Solo falta resolución.

@MiguelCardozoM