• Caracas (Venezuela)

Miguel Ángel Cardozo

Al instante

Medicina para la escasez de medicamentos

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Es lamentable que, en una Venezuela ya de por sí agonizante tanto por mil carencias como por el carácter rampante de la irresponsabilidad y de la mala voluntad de sus causantes, hoy predominen en las altas esferas gubernamentales la indolencia, la incapacidad, la improvisación, la ligereza y la defensa de espurios intereses en una materia tan sensible como la sanitaria, de lo que constituye irrebatible evidencia, entre muchas otras cosas, el exponencial incremento de venezolanos que han pasado a contarse entre las víctimas –a menudo mortales– de la escasez de medicamentos en el país, como a diario lo revelan organizaciones y profesionales que se han dedicado a recolectar, analizar y difundir vital información que a través de los actuales canales oficiales, en clara violación de la legislación sobre este particular, no llega a salir a la luz o lo hace de manera incompleta y a todas luces adulterada.

No existe argumento alguno que en lo tocante a esta terrible carestía de fármacos pueda excusar el que, lejos de haberse procurado su definitiva resolución, se haya inducido su agravamiento en los últimos meses, máxime porque advertencias de sobra hubo respecto a la inconveniencia de “medidas” que ni de paños tibios podrían calificarse, como las que, verbigracia, en su momento hiciera el autor de esta columna a propósito de la creación del Siamed, afirmando a la sazón que era muy probable –como en efecto ocurrió– que este se convirtiese en un “mecanismo violatorio del derecho a la salud de los venezolanos” por concebirse como un sistema de “camuflado racionamiento” para el disimulo de “la descomunal escasez generada por un modelo cuya imposición ha ido en detrimento del interés de la sociedad venezolana”, con lo que solo se transferiría “a la población más vulnerable uno de los costos de la calculada destrucción del aparato productivo del país” (http://politikaucab.net/2015/04/30/otro-dislate-sanitario).

Precisamente por desoírse tales advertencias, los niveles de escasez de medicamentos en la nación, cuyo estado crítico ya evidenciaban entonces las cifras proporcionadas por la Federación Farmacéutica Venezolana –y publicadas por diarios como El Impulso (http://www.elimpulso.com/noticias/economia/persiste-escasez-de-medicamentos) y El Nacional (http://www.el-nacional.com/economia/Crean-frente-escasez-medicamentos_0_595740471.html)–, que los situaban entre 60% y 70%, ascienden ahora –casi un año después– a 80%, de acuerdo con lo recientemente indicado por el presidente de ese organismo, Freddy Ceballos, en una entrevista realizada por la periodista Nitu Pérez Osuna para un medio de comunicación internacional (http://elvenezolano.com.pa/index.php/opinion/conversaciones-con-nitu-perez-osuna/item/15603-urgente-venezuela-necesita-medicinas).

Sin duda, unos niveles de escasez que han acarreado colosales e irreparables daños por los que algún día muchos tendrán que responder ante la justicia –la auténtica, claro está–, aunque atendiéndose por lo pronto al aquí y al ahora es necesario recalcar que todavía queda margen para la implementación de soluciones que pongan fin al apilamiento de cadáveres alrededor de los incapaces ministros que en el sector se suceden cada dos por tres.

No obstante, acertó el doctor Rafael Orihuela cuando de modo taxativo señaló, en una entrevista ofrecida el pasado 30 de enero a Tal Cual (http://www.talcualdigital.com/Nota/122719/rafael-orihuela-las-gringolas-ideologicas-provocan-la-escasez-de-medicinas?platform=hootsuite), que la gravedad de la situación es tal que imposibilita el que la respuesta a muy corto plazo sea la masiva producción local de medicamentos por el tiempo que requeriría la reactivación de toda la industria farmacéutica nacional, por lo que, de inmediato, bien se podría echar mano de –provisionales– medidas como la simplificación de trámites administrativos y legales que, sin dejar a un lado mecanismos de control y de transparencia que aseguren la adquisición de productos de alta calidad, permita la expedita importación de fármacos en cantidades suficientes para satisfacer la urgente demanda que existe en todo el país.

Esto, indudablemente, en el supuesto de que la imprevisión, la corrupción y el despilfarro, aunados a las cuantiosas deudas contraídas, no hayan vaciado ya las arcas del Estado.

Pero sea lo que fuere, la solución de fondo a este problema no es otra que esa reactivación a medio/largo plazo de la industria farmacéutica venezolana, solo que, a diferencia de lo que se pretende hacer creer con las disparatadas y potencialmente contraproducentes propuestas gubernamentales, surgidas de aquel harto conocido y patológico apego a un criminal modelo, será para ello menester lo mismo que para la consecución de la recuperación y expansión del resto del aparato productivo nacional –y que a estas alturas constituye una verdad de Perogrullo–, esto es, un marco de seguridad y libertades plenas en el que el sector privado prospere y se establezca en su seno la siempre beneficiosa competencia que inclina la balanza a favor de la ciudadanía, lo que convierte en un imperativo la abolición de esta suerte de perverso Estado coartador y monopolizador.

Por supuesto, de lograrse esto último, no habría impedimentos para recurrir a estrategias que, de forma conjunta, aceleren esa reactivación, lo que –como en diversas oportunidades ha sugerido quien esta columna escribe– bien podría incluir, con la ayuda y el aval del ente impulsor de tal iniciativa, la Organización Mundial de la Salud, y una apropiada legislación que así lo incentive, la amplia promoción de una precalificación de medicamentos que se traduzca en el incremento de la producción y abaratamiento de fármacos de creciente calidad, con objeto de cubrir, de manera eficiente y sostenible, buena parte de los requerimientos en el subsistema público de salud.

En todo caso, e indistintamente de las soluciones que se deseen construir para superar, entre tantos otros, este problema, una cosa sí ha pasado a convertirse en condición sine qua non para su materialización: la pronta, constitucional y pacífica sustitución de este régimen por un favorable Estado de Derecho.

He allí la verdadera medicina para tan criminal escasez.