• Caracas (Venezuela)

Miguel Ángel Cardozo

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Miguel Ángel Cardozo

Excelencia educativa

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Dos hechos disímiles –pero relacionados con el mismo asunto– me motivaron a dedicar mi columna de hoy al tema ya explicitado en su título: uno, el reciente otorgamiento del premio Excelencia Educativa del Municipio Los Salias a mi adorada Fabiola, por su sobresaliente desempeño –fruto de su talento, esfuerzo y constancia– durante el año escolar 2013-2014; el otro, el acelerado empobrecimiento intelectual y ético de una parte de la sociedad venezolana que –a lo largo de tres lustros y desde las altas esferas del poder– se ha promovido de manera solapada y con propósitos inconfesables.

Sin duda, las dos caras de una misma moneda y un tema al que debería dársele la más alta prioridad en la agenda del debate público, sobre todo en estos tiempos de devastación nacional en los que, como nunca antes, se requiere de la creación de capacidades emancipadoras que impulsen la salida del país del profundo foso en el que por mezquinos intereses ha sido sumergido y que lo coloquen en la ruta del verdadero desarrollo.

Y es que mucho se ha hablado en los últimos años de la necesidad de una educación de calidad, pero –al parecer– es muy poco lo que se reflexiona sobre su significado y sus fines, así como sobre el papel que cada individuo debe jugar para contribuir de modo significativo a su consecución, ya que de lo contrario no se habrían tolerado los continuos embates a personas e instituciones que sí han intentado aportar a ello.

Sea lo que fuere, una de las primeras cosas a considerarse tendría que ser el para qué de la excelencia educativa, por cuanto el error de ver en esta un fin y no el medio para posibilitar un desarrollo humano pleno, se traduce en el surgimiento de barreras que impiden la creación de capacidades que actúen como fuerzas transformadoras.

La excelencia educativa –bien entendida– es la (auto)promoción del desarrollo de las distintas dimensiones del propio ser y, por tanto, de una sustantiva expansión de las propias potencialidades, por lo que constituye el pilar de un proyecto de vida para la trascendencia y la fuente de las mencionadas capacidades –esas que le permiten al individuo incidir en la sociedad para coadyuvar a su progreso–.

Claro que si bien es menester el reconocimiento del significado y propósito de la excelencia educativa, ello no es suficiente para impeler los necesarios cambios que la propicien, dado que esto dependerá de los valores que en niños y jóvenes siembren las familias, del amor y respaldo que estas les proporcionen, de los esfuerzos que para ofrecer una formación integral realicen las escuelas y universidades, y de la efectiva presión que sobre las diversas instancias de gobierno ejerza la ciudadanía a fin de que en aquellas se cumpla con el deber de garantizar una educación “fundamentada en el respeto a todas las corrientes del pensamiento” y que favorezca el desarrollo del “potencial creativo de cada ser humano y el pleno ejercicio de su personalidad en una sociedad democrática”, tal y como se establece en el artículo 102 de la vigente Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

El padre Luis Ugalde, en su columna “Educación y trabajo en el siglo XXI”, publicada en El Nacional el 10 de julio del año en curso (http://www.el-nacional.com/sj-_luis_ugalde/Educacion-trabajo-siglo-XXI_0_442755819.html), es enfático al señalar que solo a través de esa sinergia, sumada a una “nueva valoración de la educación como formación de productores y no […] meros receptores de la renta de distribución estatista-partidista”, se generarán oportunidades para la superación de la exclusión y la pobreza.

En ese sentido, la excelencia educativa es ciertamente un factor clave para la construcción de una sociedad libre, próspera y justa; una en la que cada individuo pueda moldear su propia realidad –en función de sus aptitudes, intereses y preferencias– al tiempo de actuar como un efectivo agente catalizador del desarrollo nacional.

¿Qué se espera entonces para pasar de los reiterados discursos a la acción y convertirla así en un denominador común?

 

* Profesor de postgrado de la UCAB e investigador.

 

** Doctorando en Gestión de Investigación y Desarrollo, UCV. Especialista y magíster en Gerencia de Servicios Asistenciales en Salud, UCAB. Odontólogo, UCV.