• Caracas (Venezuela)

Miguel Ángel Cardozo

Al instante

Colores de la crisis

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Rojo rojito

Color de lo rancio y de lo mediocre. Color de la obcecación de un régimen que no admite, no aprende, no corrige.

Es ese el monocromático aspecto de la verdadera guerra económica, política y social que mil padecimientos le ha ocasionado a la sociedad venezolana; la guerra con la que, de un modo solapado primero y abiertamente después, los promotores del socialismo del siglo XXI asolaron en 17 años al país.

En fin, es el color del laberinto en el que tal ralea ha quedado atrapada y en cuyos oscuros rincones resuena desde hace ya bastante tiempo un “no, no y no” que amerita contundentes contestaciones; tan contundentes como la brillante respuesta que el pasado 15 de enero dio Henry Ramos Allup a un pobre discurso.

 

Rojo negruzco

El de la falta de cordura y exceso de ruindad.

No hay que ser un experto en ciencias económicas para entender las indeseadas implicaciones del decreto de emergencia que, cuan negro cheque en blanco, el mismo Ejecutivo responsable de esta debacle pretende que se le otorgue luego de haber contado con poderes tan amplios que le hubiesen permitido la implementación de medidas que tantos sufrimientos le habrían evitado a la nación.

Si con atención y entre líneas se lee tal decreto, y más aún si esto se hace a través de ese cristal político que para la ciudadanía venezolana es ya tan transparente como la más límpida de las aguas, queda claro que se trata de uno de aquellos recursos sacados del sombrero al que tantos han recurrido durante sus actos de totalitaria prestidigitación y que, por ende, lejos está de constituir la solución a la severa crisis del país que aquella tanto anhela.

Inevitable es que, al hacer esa lectura, a la mente vengan palabras como abuso, corralito, expropiación, robo, corrupción, acoso, quiebra, clientelismo, dependencia, pobreza, escasez, hambruna y muchas más.

 

Rojo verdoso

Sí, porque mientras la cordura se encuentra en emergencia y la ruindad se manifiesta por doquier, el colorado fariseísmo muestra sus verdes matices, no solo por lo que de manera draconiana sería castigado en cualquier país del mundo por involucrar la corrupción de menores –tristemente, con la despreciable anuencia de familias que representan lo más nauseabundo de la Venezuela que hoy se desea superar–, sino por el color de los dólares que, negado a la mayoría de los venezolanos, se emplea en la satisfacción de abyectos apetitos.

Definitivamente, lo que jamás escasea en comunismo son los rojos verdes.

 

Finalmente, la pincelada que nunca falta

Esa, la de los sádicos esbirros que mediante las mismas prácticas de las que tantos antes que ellos se valieron pretenden, a un tiempo, doblegar el espíritu de lucha del pueblo y hundir en el fango de la villanía a la institución armada a la que no deberían pertenecer.

No obstante, los maltratos a los que han sometido a mujeres como la valiente y admirada Lilian Tintori, pero sobre todo actos como el más reciente ultraje a una respetable madre y abuela venezolana, doña Antonieta Mendoza de López, solo proporcionan mayor empuje en la decidida lucha del pueblo por su libertad.

 

@MiguelCardozoM