• Caracas (Venezuela)

Miguel Ángel Cardozo

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Carta al noble pueblo de Colombia

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Hermanos colombianos:

En esta hora de oscuridad no puedo dejar de dirigirme a ustedes para expresarles la vergüenza e indignación que me invade –al igual, estoy convencido, que a millones de mis conciudadanos– a causa de la bochornosa actuación de un régimen en el que desde hace tiempo se han puesto en evidencia unos crecientes niveles de locura que, además de amenazar la supervivencia de los propios venezolanos, constituyen un enorme riesgo para toda la región.

La vil expulsión de ciudadanos colombianos de nuestro territorio –algo que, por cierto, recuerda perversas prácticas de regímenes como el nacionalsocialista que parecían no tener cabida en el globalizado mundo del siglo XXI– no es, de hecho, un evento aislado sino otra de las tantas maniobras con las que de manera consciente y sistemática se pretende generar un extendido caos que coadyuve –de acuerdo al menos con la retorcida lógica de sus promotores– a la perpetuación de una infamia que demasiado ha durado ya para quienes a diario la padecemos.

En Venezuela, la otrora resplandeciente cuna de los libertadores de buena parte del continente, todo parece valer hoy en la frenética carrera por la conservación de un poder cuya razón de ser ha sido tan malinterpretada que ha devenido en instrumento de destrucción y muerte empleado para favorecer los ruines intereses de una reducida cúpula de inescrupulosos que, si en su abyecta voracidad así lo llegaren a considerar menester, no dudarán en navegar a través de los mares de la sangre de cada hombre, mujer y niño de esta ultrajada nación.

Lo ocurrido en días recientes en la frontera que esa misma cúpula concibe como lugar de división y no como espacio de intercambios que bien podrían contribuir al fortalecimiento de los vínculos entre 2 países que comparten mucho más que una privilegiada situación geográfica, es una de las innumerables muestras de una forma de entender la política y las políticas por la que a lo largo de casi 17 años se ha consolidado una red criminal responsable, según datos del Observatorio Venezolano de Violencia, de cerca de 227.000 muertes violentas en el territorio nacional entre 1999 y 2014 –24.980 solo en ese último año–, han ocurrido otros tantos decesos evitables a consecuencia del injustificado colapso de nuestro sistema sanitario y se ha inducido tanto una rampante inflación –que para la firma JP Morgan podría ubicarse en 200% a finales de 2015– como una generalizada escasez que están colocando a la sociedad venezolana a las puertas de una hambruna sin precedentes en la región.

Sea lo que fuere, es motivo de profundo pesar el que nuestras ancestrales relaciones sean nuevamente perturbadas como resultado de una desmedida ambición de poder que, estoy seguro, conducirá a mayores despropósitos si no trabajamos unidos y a pie firme en pro de la libertad, la democracia y los más elevados valores humanos en nuestras hermanas naciones y en el resto del continente.

Es probable que cuando se publique esta carta otras iniciativas similares ya hayan salido a la luz, pero valga esta sencilla manifestación de solidaridad, estima y respeto como modesto testimonio del sentir de un pueblo que siempre estrechó con afecto sus manos y consideró a todo el que quiso radicarse en esta tierra como un venezolano más… y lo seguirá haciendo.

Un fraternal saludo,

 

Miguel Angel Cardozo Montilla

 

San Antonio de los Altos (al sur de Caracas y al este de la no muy lejana frontera que nos une), 25 de agosto de 2015

 

@MiguelCardozoM