• Caracas (Venezuela)

Miguel Ángel Cardozo

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Miguel Ángel Cardozo

¡Basta ya!

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Es inevitable preocuparse ante algunas de las “certezas” –sin ningún asidero racional o empírico, sino más bien resultado del influjo ejercido por las opiniones de diversos actores– que actualmente guían la toma de decisiones de diferentes sectores opositores en Venezuela, máxime en momentos en los que la incertidumbre es lo que predomina en el panorama sociopolítico nacional.

Por supuesto, no se trata de poner en tela de juicio la autenticidad del amor por la patria y de las buenas intenciones de quienes actúan –o dejan de hacerlo– en función de esas “certezas”, aunque no está de más recordarles que es el futuro del país y, en consecuencia, el de sus hijos lo que está en juego, por lo que los “yo creo” que subyacen tras las “verdades” absolutas e incontrovertibles que se esgrimen como argumentos a favor de tal o cual curso de acción, no deberían constituirse en los cimientos de las alternativas de solución (?) a la megacrisis venezolana.

Sea lo que fuere, las mencionadas “certezas” han desatado un caos que ha devenido tratamiento de soporte vital de un régimen hace tiempo desahuciado, pero que podría sobrevivir años –e incluso décadas– por arte del deus ex machina creado por la oposición y sus “circunstancias”, sin que las penurias y el sufrimiento de millones de oprimidos puedan desencadenar poderosas fuerzas capaces de poner fin a su tiranía –y si al respecto hay dudas, debería echarse un rápido vistazo a la ignominiosa historia de más de medio siglo de la Cuba socialista para disiparlas–.

Por ello, una vez más hay que decir –o, más bien, advertir– lo que se ha repetido hasta la saciedad y que por obvio es verdad de Perogrullo: que si la oposición no logra ponerse de acuerdo en un qué coherente –además de explícito– y se compromete a trabajar de manera cohesionada en un cómo viable, los padecimientos del pueblo venezolano se prolongarán indefinidamente.

Basta ya, por tanto, de que a cuenta de tales “certezas” prevalezcan los ambiguos propósitos, las inoportunas quimeras, el perjudicial canibalismo y la mal disimulada pusilanimidad que vanamente se intenta justificar con el “ahora no es conveniente” o el “hay que dejarlo todo en manos de Dios” –como si de él fuese la responsabilidad de que a un puñado de maleantes se les haya servido en bandeja la oportunidad de esquilmar y asolar a una próspera nación–.

Pero sobre todo, ya basta de hacer de tontos útiles de un régimen que no se desviará un solo milímetro de la línea trazada hace décadas por sus promotores y de tenderle la mano cada vez que está a punto de despeñarse mortalmente por la cuesta de sus innumerables errores.

¡Basta ya!

 

* Profesor de postgrado de la UCAB e investigador.

 

** Doctorando en Gestión de Investigación y Desarrollo, UCV. Especialista y magíster en Gerencia de Servicios Asistenciales en Salud, UCAB. Odontólogo, UCV.