• Caracas (Venezuela)

Maximiliano Tomas

Al instante

Maximiliano Tomas

Breve despedida a un año de libros flacos

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

El calendario me juega en contra: ¿alguien leerá columnas (y más aún, columnas sobre libros) después de los festejos de ayer? ¿Y la semana que viene, cuando estas palabras sean publicadas el 1de enero? Supongamos, para no sentirme tan solo, que por casualidad quedan lectores del otro lado de la pantalla: tengan paciencia entonces, que será una columna corta, y quizá hasta relativamente productiva.

Hace algunos días participé de una charla abierta en una librería y, sobre el final, como se ha vuelto costumbre por estos días, el moderador me pidió una opinión sobre cuáles habían sido en mi opinión los sucesos culturales del año. Mi memoria falla sin atenuantes frente a requerimientos de este tipo. Creo que dije, aunque la película no me gustó más que otras (y seguro menos que Dos disparos y que El escarabajo de oro), que el estreno de Relatos salvajes. ¿Por qué nadie parece haberse preguntado acerca de las razones profundas por las que una película así haya sido vista por más de tres millones de personas? Me parece que agregué también el Mundial de Fútbol. Sobre todo, la forma en que el devenir de la participación argentina reescribió, sobre la marcha, lo que debería haber sido un relato místico protagonizado por un salvador, convirtiéndolo en una epopeya colectiva ajustada a una ética del sacrificio colectivo. El sacrificio, el coraje y la pasión por sobre el talento, la improvisación y la belleza: otro reemplazo de significantes sobre el que se podría reflexionar.

Un año de libros flacos, para volver a los clásicos o dedicarse a leer por fuera de la agenda de la industria editorial

Pocos días después me llegó un pedido similar de una revista local de actualidad: ¿cuáles eran los hechos más destacados del mercado editorial, cuáles habían sido mis libros favoritos? Recién entonces recordé las fervientes recomendaciones de dos escritores amigos, que se habían embarcado en la lectura de las novelas del noruego Karl Ove Knausgard. Lamento decepcionarlos, pero por mi parte solo pude llegar a la página 200 de La muerte del padre antes de abandonar. No pude encontrarle la gracia al relato pormenorizado y sin estilo de la neurosis de un nórdico burgués. Para eso voy a terapia una vez por semana. O vuelvo a leer a Proust.

Lo cierto es que el que se cierra parece haber sido un año sin demasiadas novedades literarias importantes. Un año de libros flacos, para volver a los clásicos o dedicarse a leer por fuera de la agenda de la industria editorial. Un año en que lo mejor de la literatura vino en formato breve: La débil mental, de Ariana Harwicz; Merca, de Loyds; Te quiero, de J.P. Zooey; En ausencia de guerra, de Edgardo Cozarinsky; Nadie sabe adónde va la noche, de Beatriz Vignoli; Mecánica, de Francois Bon. La reedición de la Antología del cuento extraño de Rodolfo Walsh. Y unos pocos libros voluminosos para destacar: los Relatos reunidos de Marcelo Cohen, la nueva novela de Thomas Pynchon, Al límite. Fuera de la ficción, quizá los ensayos de Jacksonismo. Y sin dudas los Viajes de Beatriz Sarlo.

A propósito de Sarlo, recomiendo la lectura de la extensa entrevista que le hizo Gonzalo Aguilar para el sitio web Informe Escaleno, titulada La curiosidad lúcida: una charla sin desperdicio sobre política y literatura, que hará que el día de hoy sea más ameno y el malestar físico pase más rápido. Ahora sí, feliz Navidad.