• Caracas (Venezuela)

Mauricio Palacios

Al instante

El paso del tiempo

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Cuando uno es joven el futuro es lo único que de verdad importa. El pasado es parte del presente, lo que se hizo hace mucho o hace poco parece tener la misma cercanía. Mi padre cumplió años hace poco y sé que ya lleva un par de décadas sobre la tierra. Los mayores vieron etapas de sí mismos, de su país y de otras personas. Saben que hay salidas, saben que nada es eterno. Los jóvenes no sabemos nada de eso, quizá por eso los jóvenes se suiciden más y por menos razones aparentes. Por eso cometemos errores brutales que después de todo repetiríamos sin pensarlo. Somos felices así o al menos nos da igual. No, realmente no. Por otro lado, cada quien solo puede hablar por sí mismo.

La vejez, en la juventud, resulta realmente incomprensible. No solo eso, incluso la experiencia es algo que está sobre la marcha. Y, sin embargo, pasa tan rápido. No da tiempo de despertar, ni de pensar, no da tiempo de detenerse un momento a ver qué está pasando. Por un lado, está el cambio en los valores, uno crece con consejos caducados casi un siglo antes, en el mejor de los casos, cuando crece siquiera con valores.

Ahí está mi generación, el país se nos destrozó en la cara y nadie nos explicó nada. Hay que intuir mucho y encima leer para entender algo, y no dan ganas. Nos vestimos de negro o nos hacemos rastas, escuchamos nuestra música global y emigramos. Nos suicidamos y de paso salimos a matar. No da tiempo de que nadie nos explique nada, a nuestros padres tampoco les explicaron nada.

Sentimos desconfianza y lejanía de nuestros mayores. No solo por la generación de nuestros padres, sino por gente apenas mayor que nosotros. Nos parecen extraños, en muchos casos ridículos, cuando intentan mantener una juventud que nosotros apenas constatamos en nosotros mismos. Nosotros somos pura inexperiencia e irreflexión, lo único que nos consta en nuestro calificativo de jóvenes. Ha sido así siempre, aunque ahora se pretenda ser joven eternamente, décadas y décadas, mientras más mejor. Ser viejo se ha convertido en una vergüenza, aunque ser viejo y pretender ser joven sea la verdadera vergüenza. Los demás solo pueden reproducir una pose. Sin la inexperiencia y la irreflexión, sin el frenesí de las hormonas y la adrenalina, no hay excusa de nada. Quizá llegue el tiempo en que no haya excusa de ninguna manera.