• Caracas (Venezuela)

Mauricio Palacios

Al instante

Nuestro héroe desfigurado

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

YiMunyol es un autor surcoreano nacido en 1948 en Seúl. La libertad y la tiranía en todas sus formas son temas recurrentes en su obra. De niño, cuando su padre se unió a los ejércitos comunistas de Corea del norte quedó estigmatizado como el hijo de un traidor político. Entre sus novelas están Nuestro héroe desfigurado, El invierno de aquel año y El poeta.

La novela que trataré en este artículo, Nuestro héroe desfigurado,una gran alegoría sobre las sociedades tiránicas y la lucha por la democracia, inicia de la siguiente manera:

“Todo se remonta a casi treinta años; pero cada vez que pienso en el penoso y solitario combate que debí sostener desde el otoño hasta el invierno de aquel año, caigo de nuevo en la misma aflicción y angustia que entonces. De uno u otro modo estamos comprometidos en este género de lucha incesantemente, más si experimento siempre tal sensación es sin duda porque, aún hoy, no he podido salir verdaderamente de ella.”

¿Cuál es la lucha que tiene que llevar el narrador en esta novela? El protagonista es un muchacho privilegiado de Seúl, donde su padre tiene un puesto importante en la administración, hasta que por conflictos políticos internos, la familia debe mudarse a un pequeño pueblo de provincias.

En el pueblo constata las diferencias entre su nuevo colegio y su colegio en Seúl. La infraestructura, el talante del profesor, la forma en que aparentemente están organizadas las clases. Pero no es sino hasta el primer día de clase en donde descubre a lo que tendrá que enfrentarse.

“Pero lo que hace que este día permanezca hasta tal punto grabado en mi memoria, después de casi treinta es el encuentro con OmSokdae.”

Desde allí comienza el enfrentamiento con quién detenta el poder en la clase. El profesor es un mero instrumento, un simple profesional que a medias cumple su trabajo. El poder de la clase es OmSokdae, el jefe asignado de la clase, quién organiza tiránicamente a los estudiantes de su salón y los somete a una obediencia ciega. OmSokdae es más fuerte y más maduro que los otros niños que aparentemente tienen entre diez y doce años, y se dice que la fecha de nacimiento de OmSokdae esta falsificada.

Han Pyongt’ae, el narrador, intenta por todos los medios resistirse al dominio de OmSokdae. Procura desobedecerlo, sobre todo ante las arbitrariedades a las que somete a los otros alumnos, tales como quitarles objetos de valor o la comida. La resistencia es encarnizada, pero OmSokdae, sin actuar directamente, va aislando progresivamente a Han Pyongt’ae e incitando a otros niños a pelear con él y a excluirlo de los juegos.

En una primera instancia, el narrador apela al profesor para denunciar los desmanes de OmSokdae.

“—Durante esta clase, debemos arreglar el asunto concerniente a OmSokdae. Hubo algunos errores en cómo les planteé mis preguntas hace poco. Voy a planteárselas de nuevo. ¿No hay ningún problema entre ustedes y él? Esta vez, sin embargo, no tendrán que alzar la mano, ni levantarse, ni decir nada. No escribirán sus nombres, tan sólo escribirán lo que él les hace. Me pareció entender que muchos de ustedes han sido golpeados sin motivo, y que el dinero y algunos materiales de clase han sido robados. Cosas de este género, aun sin importancia, escríbanlas. No se trata de propagar chismes ni de contar historias a espaldas de nadie. Hacemos esto por la clase y por ustedes, así que sería inútil esperar la reacción de los otros. No deben hablar ni meterse en el trabajo de los demás. Yo asumo la responsabilidad de lo que suceda y los protegeré.”

Sin embargo ningún alumno dice nada y el profesor reprende a Han Pyongt’ae. Desde ese día cesa su resistencia. OmSokdae acoge a su nuevo subordinado incluso con mejor disposición que a los anteriores colaboradores, pues en parte sabe que al menos ese tuvo voluntad de rebelarse. La novela sigue su curso con otras circunstancias nuevas que precipitan un desenlace totalmente inesperado, hasta que vemos al narrador tener aquello como la memoria de un suceso de infancia, lejano y distante.

Así el narrador dice:

“Pero no olvidé a Sokdae únicamente a causa del ritmo loco o las dificultades de mi propia vida. Fue más bien porque no había nada en mi entorno que me recordada aquel periodo de mi vida. Habiendo crecido en un círculo de grandes escuelas y excelentes estudiantes, no tuve que conocer en adelante aquél género de represión o supresión de valores. La capacidad y los esfuerzos, particularmente las capacidades intelectuales, se habían convertido en factores decisivos y, al pasar a lugares donde reinaba la autonomía y la razón, Sokdae solo podía quedar oculto, como una especie de imagen de la injusticia.”

El final es lo mejor y definitivamente ratifica el espíritu del libro.

En definitiva una gran novela. Tengo la firme impresión de que YiMunyolserá algún día premio Nobel de literatura.