• Caracas (Venezuela)

Mauricio Palacios

Al instante

El desierto y su semilla

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

1

La novela comienza describiendo un crimen lamentablemente hoy en día extendido en la sociedad. “En los momentos que siguieron a la agresión, Eligia estaba todavía rosada y simétrica, pero minuto a minuto se le encresparon las líneas de los músculos de su cara…”.

Así inicia El desierto y su semilla de Jorge Barón Biza, escritor argentino de una única novela, publicada por su propia cuenta inicialmente, en 1998, y reeditada por la editorial Eterna Cadencia en 2013.

Desde el principio, el lector se introduce In media res en la novela. Sin concesiones, sin preámbulos, la voz narradora de Mario Gageac comienza a contar la historia de sus padres, y cómo se entronca con la suya, donde, después de 30 años de litigio por una separación, finaliza con Arón Gageac atacando con ácido el rostro de Eligia.

 

2

Mario Gageac y su madre Eligia llegan a Milán, para tratamiento reconstructivo, y el devenir de las acciones que transcurren se suceden unas a otras entre angustia, erotismo, culpa y lumpen. Mario tiene su festín de alcohol, prostitutas, encuentros sexuales sórdidos, tras lo cual del texto se trasluce una profunda soledad.

La figura de su padre agresor no deja de aparecer una y otra vez. Es el padre quien forma el carácter, pero también puede destruir las voluntades. El libro es un golpe al padre, un rechazo a convertirse de nuevo en el propio padre. A no repetir la vida del padre, sobre todo a no repetirla. La violencia, la literatura radical y cursi de su padre, la ostentación. Pero los vértices son delgados entre Mario Gageac y Arón Gageac, más allá, delgados entre estos y Jorge Barón Biza y Raúl Barón Biza.

La narración ve a Mario Gageac viajar por Italia en condiciones de vagabundo, parecer lo que no es, ser lo que parece, y como única carta de identidad, esa voz angustiosa y solitaria del narrador que cuenta, acaso evoca, algo que ocurrió.

 

3

La narración entrelaza el plano narrativo de la voz de Mario Gageac con fragmentos de novelas de su padre. Los otros idiomas aparecen representados a través de traducciones aparentes. Se habla de comida, de su preparación con lenguaje de conocedor, acaso el escritor tuviera buen gusto por ella, así como del alcohol, aunque este con algo más de necesidad.

De esa estirpe de escritores malditos: alcohol, putas, manicomios, soledad y aburrimiento. La sombra del padre a veces proyecta demasiado, y por más que nos alejemos, quizá sea demasiado tarde. Acaso este sea uno de los puntos que da esta novela.

 

4

Por último, no podemos dejar de tomar en cuenta la forma en que Jorge Barón Biza se presenta a sí mismo, ya desde su primera edición:

“Una gran corriente de consuelos afluyó hacia mí cuando se produjo el primer suicidio en la familia. Cuando se desencadenó el segundo, la corriente se convirtió en un océano vacilante y sin horizontes. Después del tercero, las personas corren a cerrar la ventana cada vez que entró a una habitación que está a más de tres pisos. En secuencias como esta quedó atrapada mi soledad.

Por lo demás, nací en 1942, me formé en colegios, bares, redacciones, manicomios y museos de Buenos Aires, Friburgo del Sarine, Rosario, Villa María, La Falda, Montevideo, Milán y Nueva York. Leí a Mann, traduje a Proust. Viví treinta años de mi trabajo como corrector, negro, periodista (desde publicaciones de sanatorios psiquiátricos hasta revistas de alta sociedad) y crítico de arte”.