• Caracas (Venezuela)

Mauricio Palacios

Al instante

El ajedrez, las computadoras y la mente

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Hace poco volví a tener fiebre con el ajedrez, por lo que instalé Chessmaster en mi computadora; decidí que para mejorar en mi juego debía también jugar la mayor cantidad posible de veces, aunque fuera con máquinas. Chessmaster es un software de juego de ajedrez, desarrollado por Ubisoft.

Mientras jugaba, noté cómo perdía cada vez que iniciaba un juego. Yo había instalado este software para mejorar mi juego y ganarles a algunos amigos que llevaban tiempo siempre ganándome. Revisé el nivel en que estaba puesto; estaba en un nivel alto pero no demasiado. Bajé el nivel y los resultados mejoraron para mí considerablemente. Es decir, pude ganar un par de partidas. A medida que ganas partidas, Chessmaster va subiendo de nivel, y en ese proceso volví a quedar en un nivel que ya no podía pasar.

A diferencia de un jugador real, que puede cometer errores, distracciones o desaciertos, Chessmaster jamás sufrirá el cansancio de una partida tras otra, el estrés de perder o ganar, la vergüenza de un error demasiado obvio, o estar sin ganas de jugar. Pensé: este software es como si fuera un jugador de ajedrez perfecto. Como si fuera una mente perfecta. Luego pensé: o quizá el ajedrez esté inscrito en algo que no requiera como tal la mente, sino que sea una secuencia lógica o matemática perfectamente predecible y cuantificable.

Recordé algo que John Von Neumann le había dicho a Jacob Bronowski respecto a la naturaleza de la mente, ante una analogía que había establecido Jacob Bronowski entre la mente y el ajedrez. John Von Neumann fue un polímata, esta es una palabra que data de Leonardo Da Vinci, y es lo contrario a la especialización. John Von Neumann fue destacado en las matemáticas, la física, la economía, la computación, las estadísticas, entre otros campos. Jacob Bronowski también podría ser calificado de polímata: fue biólogo, matemático, historiador científico, autor de teatro, poeta e inventor. Es mejor conocido por la serie de la BBC El ascenso del hombre, y el libro con el mismo nombre (de donde lo conozco, de donde recuento lo que le dice John Von Neumann a Jacob Bronowski).

La conversación tuvo lugar cuando John Von Neumann le contó por primera vez sobre la teoría de los juegos. Jacob Bronowski, entusiasta del ajedrez, intuyó en un primer momento una relación con su juego predilecto. Pero John Von Neumann le dijo que el ajedrez no era un juego. El ajedrez, le dijo en pocas palabras, es una forma de computación, bien definida y delimitada. Le dijo que la vida real no consistía en eso, sino en pequeñas tácticas, en pequeños atajos. El libro se titula Teoría de los juegos y comportamiento económico, y trata el tema referido con certeza matemática y ciencia exacta.

Entonces, pensé, el ajedrez es más bien una forma de computación, y no una forma de pensamiento. Sin embargo, me generó varias interrogantes. Primero, creería yo que un lógico-matemático, un ajedrecista o un programador de computadoras (sea en C, C++, Python u otros), va más allá de una forma delimitada, puesto que para acceder a esa forma de computación, tiene que utilizar las tácticas de la mente que John Von Neumann refiere como el juego en su teoría. También, pensé yo, quizá se diviniza o idealiza lo que se llama mente, o esas mismas capacidades.

A veces, percibiendo los actos y palabras de las personas, juraría que son casi binarios. Las computadoras son binarias, el software responde de una manera binaria en un sentido de o no. Los humanos tienen división de sus actividades en el sistema límbico, donde procesos como la agresión, la sexualidad, la alimentación, entre otros, tienen lugar de manera muy rápida y sin previa consulta de la conciencia. El sistema nervioso autónomo, simpático y parasimpático tiene influencia sobre partes y procesos del cuerpo no controlados a conciencia. Una división entre la agresión o la huida, al recibir un estímulo amenazante. Incluso, dentro de la complejidad de la conciencia, a veces la opción parecía estar entre una cosa o la otra, entre ser o no ser.

Sin querer simplificar en decir que los humanos no son complejos, ni decir que son binarios, pero la observación me hacía pensar al respecto, pensar de manera menos idealista ante los comportamientos humanos, como actos completamente derivados del libre albedrío y la conciencia personal. Por otro lado, incluso las computadoras tenían capacidad de ir más allá de lo binario desde hacía tiempo, según me enteré leyendo el artículo Computing Machinery and Intelligence, publicado en 1950, de Alan Turing.

Alan Turing, el padre de la inteligencia artificial, y también polímata (matemático, lógico, filósofo, científico de la computación y hasta corredor de distancias largas) en su artículo Computing Machinery and Intelligence, comienza comentando un experimento mental llamado “El juego de la imitación”, y tiene como última pregunta: ¿Pueden pensar las máquinas? (Otros experimentos hay, como el de la Habitación china, y autores, como Roger Penrose, hablan en extenso el tema, en su libro La nueva mente del emperador, pero para fines de este artículo referiré solo el que está a continuación).

Consiste en un juego donde están una mujer (A), un hombre (B) y un interrogador (C) que puede ser indistintamente de cualquier género. El interrogador está en una habitación y el hombre y la mujer están en otra. A se convierte en X, B en Y. El interrogador preguntará por el cabello de X, a lo que A responderá de manera errónea a propósito. Dirá que tiene cabello largo. El interrogador podría inferir que está mintiendo por el tono de voz. B podría decir la verdad, y avisarle al interrogador sobre la farsa. La pregunta es qué haría una máquina al jugar este juego. Si una máquina revisaría o captaría las sutilezas para determinar cuándo habla A o cuándo habla B.

Más adelante en el mismo artículo, Alan Turing alude a la capacidad de ciertas computadoras de responder más allá del sí o el no, y las múltiples variantes, y también cuestiona las objeciones a la posibilidad de una inteligencia artificial. Entre estas objeciones destaco la objeción teológica y la objeción de la informalidad del comportamiento.

En cuanto a la objeción teológica, está la idea de que Dios les dio al hombre y a la mujer un alma inmortal, que lo dota de conciencia, por lo que las máquinas al carecer de alma no podrían tener conciencia. Alan Turing rechaza esto, y dice rechazar cualquier argumento sobre premisas teológicas. Lo destaco por dos razones: si una religión en particular concibe de una manera el mundo, entonces invalidaría completamente otra religión. Los musulmanes dicen que las mujeres no tienen alma, para otras religiones hay variantes similares en cuanto a la categoría de quién tiene alma y quién no. Por otro lado, tampoco creo que la conciencia esté relacionada con el alma, en vez de, digamos, con el cerebro.

En cuanto a la objeción de la informalidad del comportamiento, parte de la premisa de que no se puede fijar una serie de reglas que determinen cómo debe comportarse una persona en una determinada circunstancia. Sin embargo, hay numerosos condicionamientos en las partes del cerebro que no corresponden a la conciencia.

Por otro lado, el libre albedrío debería ser revisado, cuestionado al menos. Condicionamientos de nacimiento, condicionamientos de crianza, condicionamientos de sociedad, e incluso condicionamientos individuales, que harían actuar de una manera particular a un individuo, a pesar de que crea que todo lo hace porque quiere, exclusivamente porque quiere y no por azar, entropía y caos que lo llevan a ese punto.

Porque pensándolo de cierta manera, todo libre albedrío provendría de una concatenación de hechos y azares que harían al individuo actuar o pensar de determinada manera. Uno nace bajo circunstancias predeterminadas y aleatorias, e incluso piensa de la misma manera. De cualquier manera, si las decisiones parten de hechos o eventos arbitrarios, así como el que las ejerce, al final siempre quedan cierta limitación, cierta regla al pensamiento o acción.

Quizá consideremos como demasiado único, demasiado singular el pensamiento humano. O quizá el ajedrez, a pesar de que pueda ser generado por una máquina, mediante algoritmos, también sea una forma de arte en acción. Una forma de arte al mismo tiempo que sistema lógico-matemático, una forma sutil de buscar y encontrar respuestas, y generar aún más interrogantes.

Después de todo, siempre que veo en Youtube un documental sobre Bobby Fischer siento ese apabullamiento que se siente ante el genio. Sin embargo, me queda la interrogante, ¿es ese genio por necesidad humano, o podría existir una máquina capaz de semejantes hazañas?