• Caracas (Venezuela)

Mauricio Palacios

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Tolkien aconseja a su hijo sobre las mujeres

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Tolkien era un hombre bien instruido, conocía media docena de lenguas modernas y antiguas, estaba versado en la mitología comparada, en la filología, la filosofía. Inventó también sus propios idiomas. Era, en definitiva, un gran pensador y además un gran creador de obras de fantasía y mito. Está el archiconocido El señor de los anillos, o El Silmarillion, o El Hobbit. En mi caso, yo encontré gusto en este autor leyendo El Hobbit.

Muchas veces, cuando tengo entre mis manos un libro de un autor de tiempos pasados considero que posiblemente tengan en su haber, además de libros de ficción que contengan un componente estético, alguna revelación filosófica, principios prácticos por los cuales guiarse en la vida. Como debería decirle un padre a uno, si pudiera; es decir, si tuviera la capacidad de comunicar sabiduría en ciertos asuntos, sobre todo hoy en día que cada vez más el mundo tiende a reflejar más un “conocimiento” cuasi-fantástico, una distorsión terrible de todo; naturalmente digo esto solo a cuenta propia, es mi opinión personal, nada más.

Entonces encontré en una carta (http://glim.ru/personal/jrr_tolkien_42-45.html) (la carta 43) de Tolkien a su hijo de esa sabiduría que uno esperaría de un padre. Debemos recordar que si nuestro padre no nos enseña algo es porque es humano, seguramente no sabía nada de muchas cosas. Está bien, la vida a veces es mejor maestra. Descubrir el mundo por cuenta propia forma carácter (y siempre lo que uno goza por derecho propio tiene más valor), aunque sospecho que al hijo de Tolkien, que al momento de recibir la carta se encontraba luchando en la Segunda Guerra Mundial, era bendecido por la sabiduría de su padre, seguramente debía de agradecerlo, no debía tener tiempo para todo aquello y al mismo tiempo para las labores de la guerra.

En esa carta habla concretamente de la relación entre los sexos y el matrimonio. Naturalmente quizá no esté de acuerdo con todo, pero tiene ciertas reflexiones generales que vale la pena resaltar. Cualquier hombre joven encontrará sabiduría en las palabras que este gran escritor aconsejó a su hijo.

Aquí Tolkien habla del error flagrante de querer una amistad con una mujer con la que aún no te has acostado:

“Entonces, ¿‘amistad’? En este mundo de gracia perdida la palabra ‘amistad’, que debería ser posible entre todos los seres humanos, es virtualmente imposible entre hombre y mujer. El diablo es infinitamente ingenioso y el sexo es su tema favorito. Es muy bueno para camuflarse a través de tus intenciones románticas generosas y tiernas, intenciones más bajas o más animales. Esta ‘amistad’ siempre se ha intentado: un lado u otro casi siempre termina por fallar. Más adelante en la vida cuando el sexo baje su intensidad, podría ser posible. Podría pasar entre santos. Para la gente normal puede ocurrir rara vez: dos mentes que tienen realmente una afinidad mental y espiritual y, por accidente, residen en un cuerpo masculino y femenino, y desean tener y lograr una ‘amistad’ independiente del sexo. Pero nadie puede dar palabra por ello. Uno de los dos dejará al otro, casi ciertamente, por ‘enamorarse’. Pero un hombre joven realmente no quiere una ‘amistad’, incluso si dice que lo quiere. Hay muchos hombres jóvenes (como regla). El hombre joven quiere amor: inocente, y quizá aún irresponsable”.

Es un tropo de la cultura popular. La friendzone y tal. En cambio Tolkien tenía claro todo en 1941. Ahora, en este fragmento que viene a continuación previene contra el error de la idealización de la mujer:

“Hay en nuestra cultura occidental una tradición caballeresca romántica que es fuerte aún, a pesar de ser producto de la Cristiandad (pero de ninguna manera lo mismo que ética cristiana), pero los tiempos son adversos para ello. Idealiza el ‘amor’ –mientras pueda ser muy bueno, desde que vaya más allá del placer físico y disfrute, si no pureza, al menos fidelidad, y también negación de uno mismo, ‘servicio’, cortesía, honor y coraje. Su debilidad es, por supuesto, que comienza como un juego cortés artificial, una manera de disfrutar el amor en sí mismo sin la referencia (y de hecho contrario) al matrimonio. Su centro no era Dios, sino deidades imaginarias, el Amor y la Dama. Aún tiende a hacer de la Dama una especie de estrella guía o divinidad –de la antigua ‘su divinidad’ = la mujer que ama– el objeto o razón de su conducta noble. Esto, por supuesto, es falso y, en el mejor de los casos, una fantasía. La mujer es otro ser humano de gracia perdida, con un alma en peligro. Pero combinada y armonizada con la religión (…) puede ser muy noble. Luego produce lo que yo supongo que aún se siente, entre aquellos que retienen algo de vestigios cristianos, de ser el mayor ideal de amor entre un hombre y una mujer. Aún pienso que tiene sus peligros. Esto no es del todo verdad y no es perfectamente ‘teocéntrico’. Ha sido, o en todo caso, en el pasado ha sido en el ojo del hombre joven las mujeres tal como son, compañeras en el barco y no estrellas guía. (El resultado de esta observación es que el hombre joven se torna cínico). Para olvidar sus deseos, necesidades y tentaciones. Inculca nociones exageradas de ‘amor verdadero’ como un fuego sin el qué, en medio de una exaltación permanente, independiente de la edad, crianza de hijos y vida corriente, y sin relación con la voluntad y el propósito. (El resultado de esto es que los hombres jóvenes buscan un ‘amor’ que los mantenga siempre bien y cálidos en un mundo frío, sin ningún esfuerzo de su parte, y el incurable romántico lo seguirá buscando, incluso, en la miseria del divorcio en los tribunales)”.

Para quien haya leído Don Quijote, uno no puede, luego de leer este fragmento, dejar de pensar en que la pasión de don Quijote por Dulcinea, una mujer vulgar y fea, no era otra cosa que otro ataque más de Cervantes a la idea de la novela caballaresca, por la vertiente que refiere Tolkien. Después de todo Dulcinea “se burlaba con todo el mundo”. “Esa idea de que el ‘amor’ es un útero plácido, una habitación amueblada, que te va a proteger de la vida real, una madre eterna que te limpiará las lágrimas, y de paso se va a acostar contigo”. Todo hombre joven que vea este consejo de Tolkien deberá preguntarse si quiere vivir un complejo de Edipo (Sófocles, Freud) o asumir la realidad de esta vida. Hoy en día la noción del “amor” sobrepasa por mucho la noción social que el matrimonio tenía en tiempos pasados, y esto se ve sobre todo reflejado en la música, las películas (las comedias románticas), las telenovelas. Tolkien lo deja bien claro.

Pero Tolkien en esa misma carta sigue dando escuela. Escuela de la vida. Tolkien a continuación expone sobre jevas con “tendencias promiscuas”, jevas entregadas al trabajo, lo sexy que son para las jevas los chicos malos y una disquisición sobre la monogamia masculina y femenina.

“Conocerás en la vida (y en la literatura) mujeres que son ligeras, o incluso simplemente regaladas– y no me refiero al mero flirteo, el round de práctica para el combate real, sino de mujeres que son tan tontas como para tomarse siquiera el amor en serio, o incluso tan depravadas como para disfrutar sus ‘conquistas’, o incluso el placer de causar dolor –pero esas son anormalidades, aunque las malas enseñanzas, mala crianza y modas corruptas las promuevan. Gran parte del pensamiento moderno ha cambiado las circunstancias femeninas y el detalle sobre lo que es considerado propiedad; ellas no han cambiado su instinto natural. Un hombre tiene una vida de trabajo, carrera (amigos), de lo que podría (y desde que tenga bolas) sobrevivir el barco del ‘amor’. Una mujer joven, incluso una ‘independiente económicamente’, como dicen ahora (y usualmente significa realmente que está supeditada económicamente a los empleadores comerciales en lugar de al padre de familia), comienza a pensar en estar tocando fondo y soñar con un hogar, casi al mismo tiempo. Si se enamora realmente, el barco podría realmente acabar en las rocas. De todas formas las mujeres en general son mucho menos románticas y más prácticas. No te confundas por el hecho de que son más ‘sentimentales’ en palabras que dicen ‘cariño’, y todo eso. Ellas no quieren una estrella guía. Pueden idealizar a un hombre joven normal en un héroe, pero realmente no necesitan esa cantidad de glamour para estar o mantenerse enamoradas. Y si tienen un delirio es que pueden ‘reformar’ hombres. Ellas buscarán a un canalla de ojos desorbitados y cuando incluso el delirio de reformarlos falle, continuarán amándolo. Ellas son, por supuesto, mucho más realistas en cuanto a la relación sexual. A menos que sean pervertidas por malas modas contemporáneas, ellas como regla no hablarán de manera ‘sucia’ no porque sean más puras que los hombres (no lo son), sino porque no lo encuentran divertido. Sé de algunas que pretenden que es divertido, pero es fingido. Puede parecerles intrigante, interesante, absorbente (incluso en una gran proporción demasiado absorbente) para ella: pero esto es natural, serio, de interés obvio, ¿dónde está el chiste?”

La monogamia…

“Ellas tienen, por supuesto, que ser aún cuidadosas en las relaciones sexuales, por algo los anticonceptivos. Los errores son dañinos física y socialmente (y matrimonialmente). Pero instintivamente, cuando no están corrompidas, son monógamas. Los hombres no…, no hay que fingir. Los hombres sencillamente no lo son, no de acorde con su naturaleza animal. La monogamia (aun cuando ha sido durante tanto tiempo fundamental para nuestras ideas heredadas) es para nosotros un fragmento de ética ‘revelada’, de acuerdo con la fe y no con la carne. Cada uno de nosotros podría sanamente engendrar, en nuestros 30 años de hombría completa, unos cientos de niños, y disfrutar el proceso. Brigham Young (creo) era un hombre sano y feliz. Este es un mundo que perdió la gracia, y no hay consonancia entre nuestros cuerpos, mentes y almas.”

Entonces a esa interrogante que yo tenía respecto a los libros de tiempos pasados, ya sé que sin miedo ni pena puedo confiar en Tolkien y en lo que tiene que decirme de la vida. Y doy mi palabra de que este señor no va solamente a llenarme la cabeza de fantasías y universos paralelos.