• Caracas (Venezuela)

Mauricio Palacios

Al instante

Tiempos de dictadura

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Lo que ocurrió en la frontera colombo-venezolana es solo una cortina de humo del gobierno, al igual que el asunto con el Esequibo, para encubrir los propios males internos del país. Jugar con fuego con los países vecinos, al parecer, es mucho más rentable para la estabilidad del régimen, con tal de mantener distraídos a sus habitantes, que dejar que la gente empiece a reaccionar ante la situación interna.

Estamos hablando de dictadura, de totalitarismo, de tiranías. Estamos hablando de un “proceso revolucionario” que llevó a la ruina a un país entero. A ninguno de ellos les importa la gente, solo el poder. Hay verdades, hay intuiciones, hay posibilidades que nadie dice pero se pueden presentir si se presta atención al panorama.

El chavismo, según sus propias mitologías, comenzó con el estallido del Caracazo en 1989. ¿Existiría la posibilidad de que tenga su fin también con un estallido social?

Colombia y Venezuela son países hermanos. No es secreto que en décadas anteriores muchos colombianos emigraron a Venezuela y echaron raíces allí. ¿Qué pensará un hijo de colombianos o nieto de colombianos al respecto? Aquello que el Comandante Eterno no hizo... tuvo el descaro, el atrevimiento de hacerlo el otro.

Y no son colombianos “oligarcas”, dueños de empresas o monopolios. Es pueblo. Un pueblo fuertemente mezclado con el venezolano. Un gobierno que se presume de popular, que supuestamente tenía una tendencia latinoamericanista, socialista y todo el cuento… la emprende contra un pueblo vecino.

Hay que leer entre líneas ante los hechos.

Si corren un riesgo de ese tamaño es porque para el gobierno hay otro riesgo peor. Y ese riesgo no viene desde protestas estudiantiles, desde políticos estudiados y bien hablados, ni al parecer tampoco desde el extranjero, sean potencias o países vecinos.

El gobierno venezolano está intentando hacer un dique para contener a quienes usaron para llegar al poder y luego entregarse a la corrupción y al abuso. Puede ser vender promesas: “Esta vez sí me tocará una casa, tengo fe”, recurrir al nacionalismo: “Esos colombianos, esos gringos, esos europeos…”, apelar a la historia: “Somos los hijos de Boves Bolívar”, apelar al Comandante Eterno: “Somos hijos de Chávez”, pero a veces no hay narrativa que oculte la realidad.

Los estudiantes, los jóvenes, la clase media, la gente que estudia, todos aquellos tan odiados por el gobierno, quieren irse del país o tienen miedo, totalmente justificado porque nadie quiere perder la vida sino vivir una vida tranquila y productiva, y donde no se está protestando contra un gobierno democrático sino contra una dictadura, donde pagar con la vida por protestar no es tan descabellado, donde ir a parar a un calabozo a ser torturado arbitrariamente es algo normal.

Pero hay otros que no tienen miedo y que necesitan vivir de la realidad y no de promesas ni de patrioterismo barato.

La profecía de un Simón Bolívar ya desengañado, en 1830, al general Juan José Flores, frente al futuro de América, podría tener lugar por culpa de aquellos que precisamente lo reivindicaron:

“Espere V. pues las consecuencias de estos antecedentes. V. sabe que yo he mandado 20 años y de ellos no he sacado más que pocos resultados ciertos. La América es ingobernable para nosotros. 2°. El que sirve una revolución ara en el mar. 3°. La única cosa que se puede hacer en América es emigrar. 4°. Este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada, para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles, de todos colores y razas. 5°. Devorados por todos los crímenes y extinguidos por la ferocidad, los europeos no se dignarán conquistarnos. 6°. Sí fuera posible que una parte del mundo volviera al caos-primitivo, este sería el último período de la América”.