• Caracas (Venezuela)

Mauricio Palacios

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Mauricio Palacios

Si Thomas Bernhard y Philip K. Dick fueran venezolanos

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Entre una chusma de caciques de cuello extrafino

él juega con los favores de estas cuasipersonas.

Uno silba, otro maúlla, aquel gime, el otro llora;

solo él campea tonante y los tutea.

Como herraduras forja un decreto tras otro:

A uno al bajo vientre, al otro en la frente, al tercero en la ceja,

al cuarto en un ojo.

Osip Mandelstam, “Epigrama contra Stalin”

 

Siempre me he preguntado al leer a estos dos autores, qué pensarían o hicieran si hubieran tenido la suerte de haber nacido en Venezuela. Thomas Bernhard, el austríaco, feroz crítico de su país, calificado de pesimista, con un humor genial y lacerante. Philip K. Dick, creador de realidades y universos, paranoico de conspiraciones gubernamentales, creador de androides y replicantes.

Si hubieran sido venezolanos, fanáticos de los Leones o del Magallanes, consumidores de arepas y empanadas. Pero más allá de las trivialidades del día a día que tendrían en su vida por azar (y no tanto por necesidad), me gustaría saber qué pensarían respecto a la situación del país, estando el país como está.

Thomas Bernhard, si se hubiera llamado Tomás o de algún otro modo, de haber nacido aquí, no habría cambiado mucho varios puntos en su vida. Los zapatos italianos se los hubieran robado varias veces a punta de pistola. Ya a ciertas alturas de su vida, por cuestiones de divisas o escasez, estaría en chancletas o descalzo directamente.

Como en El malogrado, cuando el narrador habla de los estragos del socialismo que lleva casi veinte años en su país (Austria), entonces diría algo así como: Este país está gobernado por personas abyectas y miserables, obsesionadas por el poder, mediocres como ellos solos, siempre tan asquerosos y repugnantes llenándose la boca de imbecilidad e idiotez por televisión. Abyectos y miserables, y adoran a su comandante como si fuera un ícono religioso. Ser venezolano es que te caguen en la cabeza, solo por ser venezolano y tener que aguantarte semejantes seres gobernantes, una supuesta revolución que supuestamente iba a liberar al pueblo, pero le ha puesto cadenas al pueblo, y también al pensamiento… En Venezuela no puede haber espíritu ni pensamiento, porque toda manifestación queda opacada por la miseria y abyección de sus gobernantes y sus seguidores.

Luego el personaje narrador se daría cuenta de que a quien cuenta eso solo quiere escuchar del entierro de Wertheimer, y la narración seguiría su curso.

Philip K. Dick sería igual de loco, y estaría seguro de que es imposible salir de Venezuela, porque al salir en avión o en carro, entras a una Matrix Bolivariana, y realmente vas a estar en estado criogénico, donde simulan realidades virtuales apátridas y oligárquicas. ¿Se llamaría Felipe? ¿Comería perrarina en los malos tiempos?

Por otro lado, Philip K. Dick estaría constantemente en Internet investigando sobre paranoicas ideas y pensamientos, como: las relaciones de ciertos personajes del gobierno con ciertos organismos de la banca internacional. Las relaciones de ciertos personajes del gobierno con ciertos organismos del narcotráfico internacional. Las relaciones de ciertos supuestos países enemigos imperiales con ciertos funcionamientos económicos del país, y si las palabras de los gobernantes se corresponden con los hechos concretos. El apoyo que ofrece el gobierno a ciertos movimientos insurgentes, y la relación de estos movimientos a su vez con ciertos organismos internacionales.

Si hubieran nacido en Venezuela… ¿a Thomas Bernhard lo terminarían matando por sus zapatos? ¿Philip K. Dick terminaría por salir de la Matrix?