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Mauricio Palacios

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Mauricio Palacios

Rayuela o el trono de la cursilería

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Esto no es una reseña. Si fuera una reseña sería una mala reseña, ya que una reseña tiene que plantear primero de que va la novela, luego referir lo que piensa el autor, y finalmente dar una opinión personal del que reseña. Eso está explicado en un artículo de Robert Pinsky, llamada La reseña más malvada del mundo, donde refiere una crítica ácida y que definitivamente no es reseña de un libro del poeta John Keats.

Esto no es una reseña, quizá sea una diatriba, o un simple desprecio literario. Sea como fuere, es mi opinión, y sé que mucha gente pensará cuestiones similares respecto de Rayuela, la más famosa novela de Julio Cortázar.

Rayuela es una novela que pasa por encima de la literatura y de cualquier forma de seriedad para dar cabida a todo un despliegue de cursilería, romanticismo anacrónico, juegos de lenguaje infantiles, egocentrismo que da risa; es una novela que está bien para jovencitos enamorados, pero que no aguanta una lectura seria.

Personalmente me parece el colmo que tengan entronizada esta novela. Que Rayuela no sea considerado un mero divertimento secundario, como las novelas de Paulo Coelho, las sagas de vampiros de Crepúsculo o las sagas de sadomasoquismo como Cincuentas sombras de Gray es una insensatez.

Es una novela fallida. No es una novela novedosa, ni siquiera en su época. El modernismo anglosajón ya tenía eso como un juego de niños, con Virginia Woolf o James Joyce en la misma Francia, grupos como el Oulipo y las vanguardias del dadaísmo y el surrealismo antes. Incluso en Latinoamérica estaba Pablo Palacio, el ecuatoriano, con novelas como Débora.

Los problemas de los personajes de Rayuela son tan banales que eso no es literatura. No digo que tenía que tratar temas del cielo y el infierno como Dante (aunque su compatriota Leopoldo Marechal si lo hiciera en Adán Buenosyares) pero sinceramente no lo entiendo. No hace falta vivir la prisión o el destierro real para ver algo más allá de esos conflictos, basta tomar un periódico o limitarse a vivir. Me parece raro, extraño, un poco ridículo.

Cortázar se las daba de exiliado y vivía feliz por decisión propia en Francia, ya hablando del escritor. Eso es triste, sobre todo si se es latinoamericano, donde desde siempre han existido exiliados de verdad, que no pueden volver a su patria por temor a ser asesinados o encarcelados. Es una falta de respeto, ayer, hoy y siempre. El exilio voluntario o ese tipo de expresiones son dramatismos vacíos, propios de egos inflados como el de Cortázar y otros escritores mediocres para llamar la atención.

Y la foto, la cita pedante o los juegos de palabras pueden ser bonitos; leerle Rayuela a una chica, también. ¿Pero dónde está la literatura?