• Caracas (Venezuela)

Mauricio Palacios

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El Orinoco, Cabruta, la música de Tomás el Negro Moreno

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El Orinoco con que soñaron y que padecieron los conquistadores españoles, Alonso de Ojeda y Solano, piratas ingleses como sir Walter Raleigh, y aquellas milenarias tribus del Orinoco, donde las mujeres iban a sembrar bajo el recio sol por ser ellas las guardianas de la fertilidad. Fantasías de Julio Verne en El soberbio Orinoco, y la audaz y barroca odisea de Alejo Carpentier en Los pasos perdidos. Bagre, dorado, cachamas y también los mortales caribes, pirañas que dejan en hueso a todo aquello que le metan los dientes.

Cabruta es un pueblo a orillas del Orinoco, inmenso y con sus ciclos de desbordamiento y bajada, en agosto las aguas se meten dentro del pueblo y es frecuente ver el agua por entre las calles bordeando las casas. Cabruta, según la canción “Extraído de la historia” del cantautor Tomás el Negro Moreno, fue llamada en un primer momento El Peñón de Santa Fe, y posteriormente vino a llamarse Nueva Cantabria. Entre un horizonte de llanura infinita y el Orinoco dentro de sí, Cabruta está entre la vida del llano y la vida del río, bajo un calor calcinante y una visión rural. La veneración de la Virgen del Carmen, las festividades de la Cruz de Mayo, las chalanas y curiaras que surcan el río y sus atardeceres de sol rojo intenso.

Tomás Negro Moreno, “el Negro Moreno” cantautor de Cabruta, ha legado numerosas joyas musicales a su pueblo y a la música llanera. Nacido en El Arrecifal el año 1947, a orillas del río Guárico, este cantautor cabruteño inició su vida artística en el programa Julián y Chuchín, y en Rumbos, Coplas y Canciones dirigido por Simón Díaz en el año 1969. Su máxima inspiración, el llano y la vida llanera y su pueblo Cabruta.

El año 71 sale a la luz su primer disco, La cárcel del amor, un disco «de aprendizaje», según sus propias palabras, donde comienza a tejerse la música y el sentir llanero que caracterizará sus discos posteriores.

Una de sus canciones más sentidas y disfrutadas, “El primer cuatro que tuve”, habla de cómo encontró la música, a través de un cuatro «medio desafinado», con el que sueña y le da pie a escribir esa canción. Posteriormente y en una canción inédita, “El cuatro aquel”, relataría la suerte de aquel cuatro quedaría al descubierto, cuando con un amigo y en una fiesta, en circunstancias de alboroto, se terminaría rompiendo aquel cuatro.

Otro de sus clásicos, “Cabruta de mi querencia”, versionada por numerosos artistas reconocidos, como Víctor Veliz, es un canto a su pueblo, al futuro de su pueblo y a sus recuerdos. Aquellas «calles de tierra», que antes de abandonar quiere dejarles «un recuerdo, una lluvia de canciones, en cada verso un te quiero». Y en “Todos saben que es ajena”, cómo olvidar aquellos versos: «Yo sé que el amor no existe, que solo a querer se aprende, pero aprender a olvidar, eso sí cuesta un imperio».

Entre sus producciones más recientes están Los rieles de la patria (2013) y Musa de mi cancionero (2014). De esta última, destacaría sobre todo la canción “Agua y café”, sonada en la radio, y personalmente mi favorita del disco. En esta canción, Tomás Negro Moreno narra cómo el amante va en busca de su enamorada esquiva. Desde el recuerdo de ya haberla besado y rescatado para sí, el amante ruega y llora, y ante las negativas de la enamorada, no le queda otra sino pedirle agua y café, y como en esto ella no se puede negar, sirve como gancho para hacer volver al amor perdido.