• Caracas (Venezuela)

Mauricio Gomes Porras

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Mauricio Gomes Porras

Resistir el impulso de arruinarlo todo

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En Mr. Arkadin, la película de Orson Welles, el personaje de Arkadin –interpretado por el mismo Welles– es presentado cuando está contando una anécdota: un escorpión quería cruzar un río, así que le pidió a una rana que lo cargara. La rana se negó diciendo que el escorpión la picaría. El escorpión le dijo que eso no sería lógico porque si la picaba los dos se ahogarían. Así que la rana aceptó cargar al escorpión, y cuando iban por la mitad del río, el escorpión la picó. La rana le dijo que eso no tenía lógica. Y el escorpión le contestó: “Lo sé, pero no lo puedo evitar... está en mi naturaleza”.

A veces luchar significa negar nuestra naturaleza. Uno a veces tiene que amarrarse a un mástil para evitar inmolarse con el barco. Suprimirse, callarse, desdoblarse entre lo que se es y lo que se quiere ser. Casi siempre lo más natural y fiel a nuestra naturaleza es obedecer al impulso de arruinarlo todo. Es por eso que el consejo de “sé tú mismo” es el peor que se puede dar a las personas que tienen la naturaleza del escorpión. Como el propio Welles, que pensaba y planeaba milimétricamente cada detalle de sus películas y sufría con cada cambio que le imponían los productores pero luego, al momento de la edición, se desentendía del montaje y terminaba una y otra vez decepcionado con el producto final.

Hacer la analogía utilizando a un escorpión es un poco malicioso porque es obvio que estamos escogiendo a un animal malvado, pero los caracoles también lo pueden arruinar todo. Hoy, por ejemplo, a mí me provocaba hacer como un caracolito y no escribir esta columna. Me provocaba sentarme tranquilito en mi caparazón, escondiéndome del frío, ignorando completamente el mundo exterior, mi celular y mi computadora. De haber sido fiel a mi naturaleza, a mi impulso más íntimo y sincero, hoy habría renunciado a esta columna.

En el fondo, escribir es ser parte del show bussines. Cuando uno escribe para un medio en realidad lo que está haciendo es proveer contenido sobre el cual los titiriteros pueden vender espacios publicitarios. Igualito que el fútbol y el resto de los deportes: son solo entretenimiento. Y a veces este conflicto entre lo que uno considera sagrado del arte y la realidad comercial del oficio se siente pesado, a veces uno no puede hacerse el loco frente al hecho de que en realidad esta columna existe para que Michelín ponga banners a sus lados. Cuando uno no siente lo que está escribiendo, solo está escribiendo por ego. Y cuando uno es un caracolito eso duele, es vivir una mentira caparazón adentro.

Claro, es verdad, es muy fácil y cínico ponerse rebelde en este punto. Toda la gente sabia ha aceptado que si uno hace cosas dignas está bien venderse un poquito. O sea, si uno hace entretenimiento de calidad uno no está yendo en contra de la vena artística, solo está encontrando una manera accesible e intermedia de ganarse la vida y regalarle algo bueno al mundo. Hay veces que uno necesita decir algo, uno tiene un fuego prendido dentro del pecho y el alma burbujea y la olla se reboza y se siente sabroso gritar y expresarse... El conflicto comienza cuando uno no está escribiendo bien y tiene que publicar igual, para que sea otro el que haga dinero.

A veces uno no merece ser publicado y mucho menos leído. Hay algo horrible en la sensación de que cada artículo que escribo sin sentimiento me mancha, ensuciando los artículos que sí escribí con habilidad y corazón. Es muy probable que esto sea ego, vanidad, porque quién dice que los demás andan pendientes de juzgar comparativamente mi “obra”, quién dice que alguien anda comentando estas líneas, quién dice que a alguien le importa... Eso es lo lógico, lo racional: hacer el trabajo para el cual uno se anotó sin complicarse mucho por ello. Pero el dilema es este: si yo no me convenzo a mí mismo de que a alguien le importan estas líneas que escribo, renuncio. Porque no mejora en lo absoluto mi vida gastarme dos o tres días cada semana para ofrecerle gratuitamente una valla publicitaria a Michelín.

Esto de escribir sobre escribir es una cosa penosa y que uno no debe hacer más de una vez por semestre, pero fue la única solución que conseguí a mi situación: mejor que ser un escorpión autosaboteador es ser un caracol, pero uno ansioso y comunicativo. Hay que resistir el impulso de picar a la rana. Hay todavía que cruzar el río.