• Caracas (Venezuela)

Mauricio Gomes Porras

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Mauricio Gomes Porras

Mitos que mataron el periodismo

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Todavía nadie ha rentabilizado los periódicos online. Y ese es un problema de concepto: no es la parte de online el problema, sino la parte de periódico. Los periódicos, entendiéndose como compendios de noticias del día de ayer, no tienen cabida en el mundo y están sentenciados a morir. Quizás en Latinoamérica no ahora, pero dentro de 15 o 20 años. El ciclo informativo de 24 horas mató la relevancia de la prensa escrita noticiosa, a eso se le suma el recambio generacional: ninguna persona que nació en los noventa va a comprar periódicos para enterarse de las noticias cuando tenga 30 o 40 años. El periódico, como medio informativo y de actualidad, parece solo tener relevancia en momentos concretos de crisis y desinformación. El resto del tiempo, solo sirve para limpiar ventanas. Para cambiar esto habría que cambiar todo el concepto, todo el enramado de ideas y mitos que sustentan a los periódicos y al periodismo antiguo.

Una cosa interesante que demuestra que estamos hablando de mitos, tabús y asuntos ideológicos en lugar de hechos y verdades sólidas es la fidelidad a formatos fracasados. Por ejemplo, la estructura de las noticias. Todos nosotros aprendemos la fórmula mágica para escribir una noticia, una noticia mediocre más. El título, encabezado, etcétera...  Y cualquier cosa que hagas por fuera de eso es percibida como antiperiodística, no está siquiera permitido el cuestionamiento. ¿Por qué poner la información más importante en el tope? ¿Por qué abrir con titulares como esos? ¿Por qué seguir las fórmulas estilísticas que han convertido al periodismo en esta cosa tan neutra y aburrida como lo es posible? Y fundamentalmente: ¿por qué seguimos escribiendo las noticias así si esta forma es resultado de las limitaciones del telégrafo en el siglo XX? Honestamente, ¿por qué nadie habla de esto? ¿Qué pasa si distorsionas la estructura tradicional de la noticia? ¿La policía del periodismo­ te pega? Es fácilmente demostrable que los problemas de popularidad de los periódicos impresos se deben a los problemas ideológicos de la gente que los hace, a mitos que han levantado.

Hay 5 mitos en los que se sustenta la hegemonía del modelo de periodismo fracasado:

 

1.- Periodismo solo es reporteo.

 

“Hay médicos que diagnostican. Y médicos que recetan y curan. Con el periodismo pasa lo mismo. Hay un periodismo que refleja problemas y conflictos, y a eso se limita. Y otro que aporta salidas y alternativas a esos problemas y conflictos. Lo primero es más fácil y barato”.

 Juan Antonio Giner, presidente de Innovation Media

 

La idea que parece estar por detrás de muchas decisiones editoriales es la de entender el periodismo como enquistado inevitablemente en la actualidad informativa más veloz y superficial. No importa el análisis sobre los eventos de ayer, no importan las consecuencias de los eventos de hoy, solo importa reportar con rapidez lo que pasó. Limitarse a informar sobre la actualidad, ya está.
Este periodismo, naturalmente, no habla del futuro sino que se enfoca en ser un recuento del pasado. Ignorando que se necesitan  periódicos del día después, periódicos que informen sobre tendencias y nuevos estilos de vida, que expongan ante la luz pública grandes historias, que vayan más allá de los indicios y rumores del día de ayer. Hay que entender que nuestro negocio es producir ideas. Menos noticias, más historias y análisis. No tiene sentido para el consumidor comprar periódicos que le quieren cobrar por lo que ya sabe. Los periódicos, como vía de información, ya no son necesarios e imprescindibles. No dan nada nuevo, no aportan, no poseen la capacidad de acaparar exclusivas como lo hacían antes. Lo nuevo es explicar, profundizar, ir más allá de las noticias y de la actualidad.

Hay también un componente ideológico en la manera de separar el periodismo de otros oficios multimedia, cierto menosprecio hacia el diseño. Cuando en realidad, la máxima suprema debería ser: “Todo lo que se pueda graficar, no se escribe”. Los periodistas debemos concentrarnos en lo que sabemos hacer: contar historias. Y dejar que los profesionales de la industria digital resuelvan otros problemas. Necesitamos redacciones que escriban bien y sepan presentar sus mensajes. Hablo de tipografía, fotografía, ilustración y diseño; todo trabajando para sumarles valor a las historias.

Las salas de redacción deben estar integradas, con cada sección trabajando en sinergia en torno a escritorios sin diferenciaciones y sin reuniones donde el poder esté simbólicamente representado por quien se sienta en la cabecera. Todavía más, no es tan importante reunirse como lo es estar en comunicación permanente. Para eso las redacciones que integran a sus distintos trabajadores (periodistas, diseñadores, técnicos, etcétera) son inigualables.

 

2.- La subjetividad es satánica.

 

Dar tu opinión en una pieza informativa es uno de los muchos pecados periodísticos. A pesar de que sea ampliamente conocida toda la movida del nuevo periodismo desde los años sesenta, la realidad es que los medios tradicionales suelen tener una preferencia marcada por cualquier tipo de contenido que deje fuera la propia personalidad del creador. Cuestiones estilísticas, por ejemplo, son resueltas utilizando un manual de estilo como mazo para aplastar cualquier atisbo de diferenciación entre tú y tus colegas. Tener un toque personal está completamente prohibido. Es decir, para afectos prácticos, tanto da que sea un periodista, una computadora o un mono el que escribió la pieza.

Hay una urgencia de historias personales, íntimas, y nadie está haciendo negocio con eso. Porque, insisten, no es periodismo. Ignorando que subjetivo no quiere decir impreciso, no quiere decir falso, no quiere decir sesgado... Subjetivo significa personal, significa único, significa artístico... Reflexionen: ¿qué le pueden ofrecer al mundo sino su subjetividad?

 

 

3.- Más es más.

 

El periodismo generalista tiene una obsesión por llegarle al máximo de público posible, sin distinguir nichos ni mercados, olvidándose de que los periódicos para todos son periódicos para nadie. En su ambición por hacer un periodismo neutro, que no ofenda a nadie y les guste a todos, no crean identidad, no ofrecen nada que genere lealtad al producto a largo plazo. A los consumidores tanto les da si existe o no, total: es casi lo mismo que todos los demás periódicos.

La tendencia ganadora apunta hacia la especialización en lugar de la generalización de los contenidos. El nicho le gana a la masa. Una evidencia obvia de cómo está siendo ignorado este punto hoy en día es el hecho de que Venezuela demográficamente tiene una población eminentemente joven  y no existe ninguna publicación nacional realmente juvenil. Un país donde la mitad de sus casi 30 millones de habitantes tienen menos de 30 años, existiendo sin ninguna publicación que responda a sus intereses.

¿Qué pasa cuando se malinterpreta la demografía? Nace El Propio, que lo hace la misma gente que hace El Nacional –un periódico de referencia con el único propósito de venderle conscientemente el peor contenido posible a la gente joven y pobre. Un titular clásico de El Propio, perteneciente a la sección de salud: “Aprende a maraquearle el piripicho con las lolas a tu novio” link de evidencia: http://www.elpropio.com/actualidad/salud/Aprende-maraquearle-piripicho-lolas_0_304169784.html.

 

4 – El kiosco es imprescindible

 

El kiosco nace por este impulso generalista de querer llegarles a todos. La cultura del kiosco y el financiamiento por publicidad ha hecho a los editores flojos y apáticos. El periodismo tradicional ha convivido con el quiste que son las mafias de la distribución, es decir, la red de transportes y puntos de ventas que se llevan gran parte de la ganancia. En algunos casos, el precio de venta del producto llega a estar 50% inflado por los costes de distribución.

En México, el Grupo Reforma creó su propia red de ventas luego de las amenazas e intimidaciones de los sindicatos de distribución. Ese día, el propietario del grupo, junto a los directores, salió a la calle para vocear su diario. Actualmente, el diario Reforma se distribuye independientemente a los hogares de más de 100.000 suscriptores y hacia puntos de venta en supermercados y otros lugares, y consigue mover una tirada diaria de 200.000 copias prescindiendo absolutamente de los kioscos.

Otro ejemplo interesante es el de la extinta revista Orsai en Argentina. Un emprendimiento increíble entre dos amigos de la infancia que dependía solo de los propios lectores que se voluntariaban para servir de distribuidores de la revista en sus respectivos países. La revista no tenía un coste preestablecido desde Argentina, sino que costaba el equivalente a quince periódicos de domingo en cada país de venta.

 

5.- La publicidad es Dios.

 

Los modelos de financiamiento tradicionales suelen depender casi exclusivamente de la publicidad y el valor del contenido queda relegado a un lugar sentimental. Como diciendo: “Toma, todo esto no vale nada”.

Las publicaciones tienen que costarle más al consumidor para que le importen, tienen que convertirse en objetos del deseo. Y sí: hay mercado para eso en Venezuela.

Depender de tal manera de los anunciantes hace que el mundo periodístico sea directamente vulnerable ante el mundo empresarial. De hecho, por eso es que los periódicos han sufrido de tal manera la crisis económica: porque las empresas hacen recortes en sus gastos publicitarios. Si el costo del producto fuera pagado mayoritariamente por el consumidor, los periódicos no sucumbirían en masa como lo están haciendo. Claro que eso en muchos casos significa un tiraje menor, es evidente, pero también significa que la gente que te compra es gente que te quiere leer. Tu audiencia es mucho más comprometida y fiable que las personas que simplemente te ojean porque regalas tu producto en las panaderías. ¿De qué sirve imprimir 80.000 ejemplares al día si la mitad se quedan pudriéndose en los kioscos? Incluso desde el lado de los anunciantes carece de sentido: ¿por qué comprar espacio en un producto abombado que a nadie le importa? Es mejor aparecer en una pequeña revista con un público fiel y atencioso que en un gran periódico que no consigue vender ni la mitad de su tiraje diario.