• Caracas (Venezuela)

Mauricio Gomes Porras

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Bolívar: alfa y omega

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En el bachillerato venezolano se incluye un año de una disciplina llamada “Cátedra Bolivariana”, dedicada exclusivamente al análisis de la vida y obra de Simón Bolívar. Cuya vida y obra, además, ya fue analizada durante dos años previos de Historia de Venezuela, la cual parece girar en torno a su figura en alguna especie de péndulo vicioso y reincidente. Al graduarse, el estudiante podría ingresar en la autónoma Universidad Simón Bolívar, o quizás su némesis gubernamental: la Universidad Bolivariana de Venezuela. Cada municipio tiene su propia Plaza Bolívar, probablemente también con una Avenida Bolívar. Lo cual ya sería un exceso de redundancia si vivieras en Ciudad Bolívar, capital del estado más grande de Venezuela, el Estado Bolívar. Redundancia sólo comparable con la de las plazas Bolívar que seguramente existen a miles de metros de altura en la honoríficamente nombrada Bolivia. El comando de campaña del opositor Henrique Capriles se llamó “Comando Simón Bolívar”, el de Maduro fue “Comando Hugo Chávez”. El mismo Hugo Chávez que le cambió el nombre al país para ponerle "República Bolivariana de Venezuela", bautizó su revolución como "bolivariana" y devaluó en tantas ocasiones nuestra moneda, el Bolívar, que fue necesario un cambio de imagen: ahora se llama “Bolívar Fuerte” (BsF).

El primer artículo de la constitución vigente, impulsada por Chávez en 1999 como primera obra de gobierno, dice: “La República Bolivariana de Venezuela es irrevocablemente libre e independiente y fundamenta su patrimonio moral y sus valores de libertad, igualdad, justicia y paz internacional en la doctrina de Simón Bolívar, el Libertador”… Qué valores son esos, con exactitud, es un asunto eterno de discusión entre los historiadores.

En Portugal, el Rey Don Sebastián desapareció en combate en Marruecos mientras luchaba contra el imperio Otomano. Luego de esta tragedia, la línea de sucesión al trono quedó despejada para pasar a manos de la corona española, comenzando así un periodo en el cual el reino portugués perdería numerosas flotas y territorios en ultramar bajo la dirección de los usurpadores españoles. Como nunca se consiguió el cadaver de Don Sebastián, en el comienzo de la decadencia del imperio portugués se creó una leyenda llamada sebastianismo, que insistía en que el Rey Don Sebastián regresaría desde el mar para llevar a los portugueses (el pueblo elegido) hacia la recuperación de su gloria perdida. Esta condición anhelante de un pasado épico y nostálgicamente imperial sigue estando presente en los portugueses actuales. La eterna espera de una figura mítica surgida desde el fondo del mar para guiar al pueblo hacia la grandeza perdida es algo que ha moldeado profundamente el caracter melancólico (o mejor: saudadoso) de la cultura portuguesa.

El culto a Bolívar es como el sebastianismo portugués en esteroides, y eso sería hacer una comparación muy modesta y conservadora. Bolívar ha sido mitificado de tal forma desde los inicios de la república, la misma república que lo desterró a morir en Colombia, que pareciera ser de alguna forma el único venezolano decente dentro del imaginario popular. Todos los demás venezolanos históricos fueron malandros, pícaros, oportunistas. Bolívar no, Bolívar en su mito se erige como el único venezolano digno.

Bolívar es venezolano sólo en el sentido paradójico que pudiese tener la palabra, nuestra paradoja; es venezolano en la medida que no es venezolano, en la medida en que no se comporta, en que no se predica en torno a Bolívar las características que nos hemos atribuido a nosotros mismos como pueblo, ciertas o falsas…” Decía José Ignacio Cabrujas, una de las mentes humanísticas más brillantes de Venezuela.

El Libertador es sublime, nadie lo describe como astuto, como pícaro, se pondera su inteligencia, su talento, su genio, es un ícono moral, es un hombre sublime, enfrenta la vida y los venezolanos amamos contar esa historia, enfrenta su vida con pasión, con sentimiento, con fuerza, es una persona de la cual esperamos siempre que la historia nos confirme gestos de un inmenso poder moral, por eso lo hemos exceptuado, hemos llegado a ese convenio, nadie sabe cómo fue Bolívar, pero hemos llegado al convenio social de colocarlo como un paradigma, es nuestra única atadura con lo sublime y lo elevado”.

Algún día Bolívar regresará desde el mar,  montado en su caballo blanco, blandiendo su sable para ajusticiarnos, para acabar con este desastre que creó, arrasar la república aberrada y devolvernos la gloria que nunca tuvimos. Conectarnos con lo sublime y elejarnos de lo chaborro. Guíanos, Padre, hacia nuestra destrucción final. Líbranos del mal, líbranos de ti mismo y la muleta de ínfulas y vanidad que representas.