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Martín Dinatale

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Hermetismo, la lógica de Cristina Kirchner

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Una comedia de enredos, dudas y sospechas se instaló en la política exterior de la Argentina en torno a los planes nucleares y espaciales que Cristina Kirchner proyecta conChina y Rusia para el futuro inmediato.

La situación podría resultar divertida si se tratara de una simple obra de ficción y no de los cuestionamientos reales que tanto la oposición interna como algunos países vecinos elevaron hacia la Casa Rosada.

Los proyectos de energía nuclear que acordó Cristina Kirchner con su par de Rusia Vladimir Putinsumado a las negociaciones que en el mismo rubro llevan adelante en China los ministros de Economía, Axel Kicillof , y de Planificación Federal, Julio De Vido , despertaron malestar en Uruguay y Paraguay en los últimos días.

Según confirmaron fuentes calificadas de la diplomacia de Asunción y de Montevideo tanto el presidente paraguayo Horacio Cartes como el uruguayo José Mujica elevaron al gobierno argentino sendas cartas en las que piden explicaciones por los alcances de los planes nucleares de la Argentina.

La Cancillería mantuvo bajo estricta reserva esos señalamientos de los países vecinos y evitaron cualquier mención. Tampoco hubo respuesta, al menos que se conozca hasta ahora, a Uruguay y Paraguay por las objeciones expuestas. Ante las consultas que hizo La Nación en el Gobierno se limitaron a expresar que todos los planes de energía nuclear de la Argentina están sujetos a los parámetros internacionales que establece la Organismo Internacional de Energía Atómica y que son con fines pacíficos.

Pero en Uruguay y Paraguay no parecen estar tranquilos. Las motivaciones que inquietan a cada país son diversas. La energía nuclear se encuentra prohibida en Uruguay desde 1997 y ese país es muy dependiente de la energía hidroeléctrica, las importaciones de petróleo, así como del gas y la electricidad provenientes de la Argentina. Paraguay planteó quejas a Buenos Aires por el eventual impacto ambiental que podría tener la planta Dioxitek de uranio en Formosa, situada a unos 50 kilómetros de la frontera con Paraguay.

Irma Argüello de la Nonproliferation of Global Security (NPS) expresó en uno de sus extensos y completos informes sobre energía nuclear que "la falta de un plan energético a largo plazo para la Argentina, el cual debería necesariamente incluir una clara estrategia para la energía nuclear, se explica en su mayor parte por la incertidumbre sobre los desarrollos futuros y las decisiones claves en cuestiones cruciales".

¿Si los países vecinos tienen dudas respecto de los alcances de los planes nucleares de la Argentina y la diplomacia no logra dar respuestas qué le queda al argentino medio que desconoce completamente del tema? ¿Por qué motivos el Gobierno no transparenta los proyectos de energía nuclear.

El acuerdo que Kicillof y De Vido firmaron con China para la provisión del equipamiento y servicios de la central nuclear Atucha III, sorprendió a Moscú. De Vido mantuvo una reunión de trabajo con el presidente de la empresa nuclear china CNNC, Qian Zimin, para ultimar detalles del acuerdo para la construcción de Atucha III.

En paralelo, Cristina Kirchner cerró en julio pasado con Putin un proyecto para que la gigante estatal rusa Rosatom avance en proyectos de energía nuclear en el país para la construcción de Atucha IV.

Como planteó la directora de NPS “en la Argentina hay una necesidad de diversificar las fuentes de energía nacional reduciendo el uso de combustibles fósiles. Se calcula que cada futura central nuclear, incluida Atucha II, representa ahorros diarios para el país en importación de combustible líquido del orden de un millón y medio de dólares”. Sobran motivos económicos para el Gobierno a la hora de avanzar en esos planes. Pero faltan respuestas claras para dar a la comunidad internacional y a la sociedad argentina.

A las dudas que elevaron Paraguay y Uruguay por estos proyectos nucleares se le sumó la incertidumbre de la política doméstica de la Argentina por otras iniciativas.

Senadores del oficialismo y de la oposición de la Comisión de Relaciones Exteriores pusieron severas objeciones al acuerdo que firmó Cristina Kirchner con Xi Jinping para que la compañía china CLTC (China Satelite Launch and Tracking Control General) instale en Neuquén una estación de espacio lejano como parte del plan de Pekín de exploración a la Luna.

El gobierno argentino justifica esa iniciativa al sostener que generará una inversión cercana a los 300 millones de dólares. Pero en el Senado los ocho artículos que contemplan el acuerdo entre China y Argentina no encajan.

Hay muchas dudas al respecto. Por empezar, nadie entiende por qué el Gobierno acordó instalar esa estación espacial de China por 50 años con amplios beneficios impositivos y personal que se regirá con las leyes laborales de Pekín. Tampoco los senadores comprenden cuáles son los motivos por los que se instalará en Neuquén una antena de 35 metros de diámetro e instalaciones asociadas a su observación bajo la estricta supervisión del gobierno chino. También se desconoce si el personal chino que contratarán será militar o civil.

Los planes energéticos y espaciales de la Argentina están rodeados de muchas dudas y escasas explicaciones. El hermetismo se convirtió en una política de Estado o en la lógica que mueve a los planes espaciales y nucleares de Cristina Kirchner.