• Caracas (Venezuela)

Martín Dinatale

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Diplomacia sobreactuada

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La diplomacia de la sobreactuación se apoderó del gobierno y ya constituye todo un sello del kirchnerismo. El que cobrará royalties de por vida por ese distintivo será el canciller Héctor Timerman.

La citación al encargado de Negocios de la Embajada de Estados Unidos, Kevin Sullivan, tensaron aún más las relaciones entre Washington y Buenos Aires.

No se trata de una nueva bravuconada de Timerman. En febrero de 2011 el canciller frenó el ingreso de un avión militar norteamericano que había llegado a Ezeiza para realizar tareas de capacitación a la Policía Federal.

¿No aprendió Cristina de aquella frase de Perón que decía que “del ridículo no se vuelve más”? La afrenta a Sullivan no tiene precedentes en la historia argentina. Ni siquiera en los momentos de máxima tensión con Estados Unidos, cuando en 1946 Perón levantó una campaña antinorteamericana contra el embajador estadounidense Spruille Braden se amenazó al diplomático con la expulsión.

La frase del encargado de Negocios de Estados Unidos que irritó al gobierno fue la siguiente: “Es importante que Argentina salga del default lo antes posible para poder retornar a la senda del crecimiento económico sustentable y atraer la inversión que necesita”.

Pero la diplomacia de la sobreactuación le sirvió al gobierno para poner a Estados Unidos como el enemigo de la propuesta que Argentina llevó a la ONU y que Cristina repetirá la semana que viene en la Asamblea General.

La embestida de Timerman colisiona con el espíritu de diálogo que buscará la presidente el sábado próximo en su encuentro en con el papa Francisco. El gobierno espera que el sumo pontífice le ofrezca a Cristina un empuje celestial para su estrategia que desplegará cuatro días más tarde en la ONU en contra de los fondos buitre. ¿Estará dispuesto Francisco a sumarse a las bravuconadas de Timerman y poner a Estados Unidos como el enemigo mayor del Vaticano?