• Caracas (Venezuela)

Marta Colomina

Al instante

La saña contra María Corina y otros horrores

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Digámoslo de entrada: la valiente María Corina Machado acaba de darnos otra lección de lealtad, desprendimiento y ética política al retirar la postulación a la AN, de otra aguerrida profesional, Isabel Pereira, quien ha recorrido durante años las más intrincadas regiones del país, investigando sociológicamente el drama de los más desasistidos. No relataremos la falta de generosidad de la MUD con María Corina, quien junto a Leopoldo López, Ceballos, Scarano, Ledezma, estudiantes torturados y comisarios, integra el grupo perseguido con más saña por el régimen de Maduro. No son tiempos de más división entre quienes, con distintas ópticas como es usual en las prácticas democráticas, pugnan por salir pacíficamente del régimen más destructor, corrupto e inhumano que ha tenido Venezuela en muchas décadas. Pero sí es necesario añadir, en justicia, como dice la propia María Corina: “Que todo pudo resolverse por primarias”, como deberá ser de ahora en adelante, para evitar que algunos partidos, que ya no cuentan con apoyo popular, sigan otorgando “a dedo” cargos de relevancia electoral, en desmedro de otros aspirantes que ocuparían tales posiciones por elección popular en unos comicios internos. Un tuit de nuestro admirado ciudadano, Leopoldo Castillo, resume muy bien el desprendimiento de María Corina: “Se quedaron con los crespos hechos quienes querían enredar a @MariaCorinaYa y a Voluntad Popular. Nuevo liderazgo que responde al país”. Y de eso se trata: de tragar duro ante la ambición política de algunos, convencidos como estamos la mayoría, de que vivimos un momento crucial, urgente y doloroso, en el que todos debemos empujar pacíficamente en la misma dirección, a pesar de nuestras diferencias: la de ir a votar masivamente el 6-D para que, aún con los obstáculos fraudulentos que de aquí a diciembre y el propio día de la elección pondrá en marcha el agónico régimen de Maduro, podamos reconquistar la democracia perdida. En las circunstancias del presente, como hicieron los chilenos en la dictadura de Pinochet, la única arma de que disponemos los demócratas es nuestro voto. No se lo regalemos a Maduro con nuestra abstención.

Por centésima vez la ONG Human Rights Wacht denuncia que los tribunales venezolanos son usados por el régimen de Maduro para castigar a la disidencia (y a quienes confisca sus bienes, Nicolás los amenaza así: “Empresario que siga conspirando, tendrá a la justicia enfrente”). Acusa HRW que “el Gobierno de Venezuela utiliza el sistema de justicia como una fachada, pero la realidad es que los jueces y fiscales venezolanos se han convertido en soldados obedientes”, al referirse a los presos políticos y a las inhabilitaciones de líderes opositores como MCM, Scarano, Ceballos, y la reciente del diputado tachirense Abelardo Díaz, sin que el régimen avisase a la víctima de las “causas” y tiempo de su inhabilitación. La soldadesca del tsj (con minúscula), acaba de destituir a la directiva del MIN, que apoya a la oposición, por una “ad hoc” a la que desvergonzadamente “encomienda la tarea de revisar las candidaturas a diputados que ese partido presentará al CNE”. Cosa similar hizo con el desmembrado Copei. Hace pocos días el mismo tsj había destituido a la directiva del MEP (porque sacaba plancha propia contra el Psuv, cuyos disidentes fueron dejados sin tarjetas, método rojo brutal para lograr “la unidad perfecta”). No hablemos de las reubicaciones tramposas de electores que afectan a varios estados del país y de los 673 nuevos centros de votación, no ubicados en escuelas tradicionales, sino en sedes de consejos comunales rojos, comunas y edificios de Misión Vivienda. Los desmanes son tales, que hasta el Centro Carter, el que hace años dijera que el sistema electoral venezolano era uno de los más confiables del mundo, se retira del país.

“Los gobiernos de la región están perdiendo la paciencia con Venezuela” es titular amparado en las muchas protestas continentales y mundiales contra los brutales ataques de Maduro a la oposición, la crisis humanitaria por la escasez de alimentos y medicinas y la violencia incontrolada. Esta semana Estados Unidos urgió a Venezuela a “eliminar su veto a opositores para las elecciones del 6-D” e instó a su gobierno “a permitir una observación electoral creíble”. Pero el enceguecido Maduro sigue con sus horrores: ahora estaría planeando sacar de la AN al luchador Andrés Velásquez, a quien inculparía de los saqueos en Guayana y de la muerte de uno de los participantes en las protestas originadas en el hambre y el desabastecimiento. “Maduro quiere desconocer que el pueblo está pasando hambre y sufrimiento”, responde Andrés Velásquez. “Grupo antimotín impidió a perdigonazos el saqueo de Mercal en San Félix”, informa el Correo del Caroní. Fiscales del Instituto de Transporte Municipal relatan  que las fallas en el transporte fueron el detonante de los saqueos, a la par que niegan la existencia de paramilitares y el ridículo cuento de Maduro sobre las “pruebas de los planes del Pentágono para generar caos en Venezuela”. El régimen sabe que la indignación popular sube cada día como la espuma y que de nada le sirve la militarización de las colas para contener el desespero. Hasta los guajiros del Zulia, cansados de las mentiras y ofertas incumplidas, acuciados por el hambre y el abandono, lamentablemente saquearon cuatro camiones de alimentos y quemaron la alcaldía de Sinamaica, (incluidos los retratos de Chávez y de Maduro). En vez de conciliar con los productores y distribuidores de alimentos, como la paciente Polar, Nicolás intensifica la guerra contra el sector, como hizo con la reciente confiscación (que no expropiación) de los terrenos y almacenes de la Polar, Cargill y otros, que afecta la distribución alimentaria a varias regiones. Solo en Polar podrían quedar 5.000 trabajadores sin empleo.

Así que frente a estos y otros horrores por venir, no nos queda otra: los millones de víctimas del régimen depredador de Maduro debemos acudir masivamente a votar el 6-D y vigilar con cuatro ojos nuestros votos.