• Caracas (Venezuela)

Marta Colomina

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Marta Colomina

“Los escuadrones de la muerte en Venezuela”

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La violencia criminal, la feroz represión contra la disidencia, la escasez de alimentos y medicinas y la inflación más alta del mundo, están minando al cada vez más endeble régimen de Maduro. El abierto rechazo nacional e internacional al encarcelamiento del alcalde metropolitano de Caracas, Antonio Ledezma fue seguido, en apenas una semana, de las imágenes estremecedoras del asesinado liceísta de 14 años en el Estado Táchira, Kluivert Roa, que dieron la vuelta al mundo en señal de que —como afirmase The Wall Street Journal— el gobierno de Maduro ya es una tiranía. Los relatos sobre la muerte del inocente Kluivert hablan de cómo los policías tienen licencia para matar, porque no están para combatir el crimen, sino para disparar sus armas de fuego contra jóvenes indefensos y manifestantes pacíficos. El niño Kluivert, según testigos presenciales, “quiso ayudar a una joven a quienes los policías habían disparado perdigones en la espalda. Los agentes contraatacaron, Kluivert no pudo huir, cayó al suelo y recibió un disparo a bocajarro en la cabeza. Otra de las presentes asegura que los agentes sacaron al joven de debajo de un vehículo donde se había escondido” (diario español El Mundo). A pesar de las súplicas del niño de que no lo matara, la respuesta de su asesino, el PNB Javier Mora Ortiz, fue un tiro a la cabeza, a sangre fría. Después de que recibió el disparo los policías intentaron llevarse al joven “a rastras” en motos de PNB, cosa que impidieron los testigos a pesar de las bombas lacrimógenas y los moretones en sus brazos causados por los brutales agentes. Aunque el gobierno dice que el joven murió por una bala de plástico, la familia y testigos aseguran que fue asesinado con el arma de fuego del policía Mora, hoy detenido y seguramente libre en unos días, como quienes mataron a más de 40 estudiantes el año pasado. “A mi hijo lo mató el odio”, dijo el padre de Kluivert: “Él salía del colegio. Era un niño de 14 años, ni protestas ni nada. El chico jugaba al basket y era scout” (Ibid). El odio es tal que, ante el vil asesinato de Kluivert, Nicolás dijo que “el liceísta asesinado pertenecía a secta de la derecha”. A solo dos días de esta muerte, 5 estudiantes de la ULA fueron heridos (2 por armas de fuego), por eso Amnistía vuelve a denunciar el uso de balas en las protestas en Venezuela.

La muerte del niño mártir de la tiranía dislocada no es un caso aislado. Días atrás habían sido asesinados (en Mérida, Caracas y San Cristóbal), seis estudiantes, maniatados, con tiros en la cabeza y signos de haber sido ajusticiados. Cinco de ellos habían sido detenidos en una protesta estudiantil. El corresponsal en Iberoamérica del diario La Razón de España, Ángel Sastre, publica “los escuadrones de la muerte en Venezuela”, recordando los escuadrones de las dictaduras de los 70 y 80. La impunidad sobre el crimen en Venezuela es enorme: “Paradójicamente Maduro trata de no enviar a sus agentes contra los delincuentes, pero sí ha intensificado la ofensiva contra jóvenes y opositores”. Los seis estudiantes ajusticiados “habrían sido torturados en cuarteles del país… Esos escuadrones de la muerte están conformados por funcionarios de las policías regionales, que hacen desaparecer a personas previamente seleccionadas a través de aparatos de inteligencia informales”. Cita la acusación de Cofavic de que “la Fiscalía ha reconocido que la mayoría de los responsables de estos crímenes son miembros de organismos de seguridad con experiencia en detenciones, lo que ha dificultado la identificación de los responsables”. En Venezuela 96% de los crímenes no son esclarecidos ni castigados. Sastre incorpora al Sebin y a los “colectivos” (“motorizados”) en la lista de los escuadrones y concluye que grupos paraoficiales operan con total impunidad como bandas dedicadas al crimen, secuestro y narcotráfico. Cecodap denuncia que 126 niños y adolescentes murieron en 2014 a manos de policías (55% más que el año anterior).

El próximo show del horror para distraer la atención sobre la bancarrota del país a causa de la corrupción y el despilfarro del gobierno, es la promesa de Maduro de “mostrar videos en cadena nacional sobre el atentado golpista y magnicida” número 16, en menos de 2 años (Chávez denunció 63), sin mostrar jamás prueba alguna. El 23-1-2013 Maduro denunció que grupos infiltrados planeaban matarlo a él y a Diosdado. En la lista del 1 al 16 aparecen como “culpables” Capriles, Uribe (varias veces), Roger Noriega, sicarios salvadoreños y el delirio más estrambótico de mayo de 2013, cuando Nicolás denunció que “Colombia planea inocularle un veneno que lo mataría lentamente”. Si lo que hace no fuera tan dictatorial y macabro, Maduro sería el bufón del mundo. El juego electoral, a pesar de su ventaja de controlar un CNE rojo, sabe que no tiene con qué ganarlo, por eso anuncia que “no va a permitir que la oposición se presente en elecciones si van a estar involucrados en promover la violencia en el país”. Con tal fin ya tiene en mente su Paracachitos III: dice que grupos paramilitares de Colombia habrían ingresado al país para organizar hechos de violencia.

Frente a tanta barbarie e insania, los demócratas no disponemos de otro antídoto que la unidad opositora, las protestas pacíficas en la calle y el apoyo popular masivo al cambio por venir. 

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