• Caracas (Venezuela)

Marta Colomina

Al instante

Que haya crímenes, narcos y corruptos, pero... ¡chito!

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“Un país sin prensa libre está sometido a las tinieblas”, expresó hace días la Conferencia Episcopal Venezolana al referirse a la persecución contra los medios de comunicación en Venezuela, visiblemente intensificada por Maduro. Varios periódicos ya han dejado de salir por falta de papel (la empresa oficial suspendió su venta a los medios privados, no así a los públicos), de modo que El Carabobeño, El Impulso, el Correo del Caroní y otros están a punto de cierre. “Es sumamente grave que los medios impresos no cuenten con papel para seguir saliendo porque se afecta el derecho a la libertad de expresión y el derecho a la información de todos los ciudadanos. Los medios tienen derecho de existir y los venezolanos de estar informados, de escuchar otras opiniones y no solo las que aparecen en los medios oficialistas”, expresó el cardenal Jorge Urosa. La radio y la TV, por ser concesiones del Estado, han sido sometidas a una férrea censura (el Poder Judicial está tan al servicio del régimen que ninguna demanda contra el acoso oficial a los medios ha sido ganada por los demandantes). “En Venezuela se está perdiendo la batalla de la libertad de expresión –escribió recientemente Santiago Cantón, quien presidió la CIDH de la OEA– porque prácticamente no quedan canales de TV y diarios críticos. Hay una persecución permanente a los periodistas que no acompañan al poder y se reprimen violentamente las protestas sociales, que ya le han costado la vida a decenas de personas. Como no han podido detener los reclamos, encarcelaron a los políticos que expresan el desencanto de millones. El presidente Nicolás Maduro, percibiendo que los golpes al cartero no impedían que la realidad traspasara la frontera, exportó los golpes, expulsó a la cadena internacional NTN24 y amenazó a prestigiosas periodistas internacionales”.

En Venezuela existen más de 20 leyes restrictivas de la libertad de prensa aprobadas por el chavismo, así que no sorprende que Freedom House diga que la “libertad de prensa está en su nivel más bajo en 10 años”. En el reciente mapa elaborado por Reporteros sin Fronteras, Venezuela cayó 21 puestos en el índice de Libertad de Prensa: se ubica en el lugar 137 de 180 países. El informe revela que “la Guardia Nacional Bolivariana dispara a periodistas en las manifestaciones aunque se identifiquen claramente como tales”. En 2014, Venezuela ocupó el puesto 116. Hace 10 años se encontraba en la posición 90 de 161 países, lo que demuestra que el régimen de Maduro ha recrudecido ferozmente el acoso a periodistas y medios.

Después de la muerte de Chávez, Diosdado reconocía que el presidente era un freno para las “locuras” de sus delfines y hasta advertía sobre la necesidad de no desbocarse. Hace rato que los “locos” andan sueltos. Cabello tiene tanto o más poder que Maduro y está protagonizando uno de los actos más represivos contra los medios independientes, después del cierre de RCTV: demanda judicial, con prohibición de salida del país y presentación cada 8 días, de 22 directivos El Nacional, Tal Cual y La Patilla, por haber reproducido del diario español ABC, el testimonio del oficial Leasmy Salazar –hoy testigo protegido en Estados Unidos y ex jefe de escoltas de Cabello y anteriormente de Chávez– que vincularía a Cabello con presunto narcotráfico. De nada valió que la CIDH certificase que “no es delito reproducir información de otros” y que lo usual es pedir un derecho de réplica, que nunca solicitó Diosdado. Prefirió demandar a esos medios y pedir el castigo aplicado con gran celeridad por la obediente “justicia” roja, devenida en aberrante farsa. Alberto Federico Ravell, director de La Patilla, no solo señaló a través de CNN que “el juicio comienza con una sentencia por adelantado de prohibirles la salida del país” sino que “correspondería a la Fiscalía de Nueva York aclarar si hay o no una investigación a Diosdado Cabello. De ser cierto, él tendría que retirar la demanda. En caso contrario, los medios tendríamos que retractarnos”. La terrible sanción ha sido rechazada por miles de periodistas, medios de comunicación y destacadas figuras políticas internacionales, quienes coinciden en señalar que estas presiones de “cierres, cárceles, multas, y censura” no tienen otro propósito que silenciar los múltiples delitos cometidos desde el poder y los catastróficos indicadores económicos y sociales ocultados por el BCV y causados por la incapacidad y enorme corrupción del gobierno. Maduro no quiere que sepamos la reducción presupuestaria de 50% de las misiones; o que el dólar se disparó a 313 bolívares después de otro de sus ataques a los acosados empresarios; o que la organización delictiva “Tren de Aragua”, fusión de varias bandas, atacó con armas de guerra y granadas a los cuerpos de seguridad del Estado, sin que hasta ahora los ministros del Interior y Defensa hayan dicho quién entregó a los delincuente las armas de guerra y las granadas que legalmente solo deben estar en manos de la FAN.

Arrecia la presión internacional contra el régimen de Maduro para que cese la violación de los derechos humanos; libere a los presos políticos (mañana, pese a las amenazas oficiales, debe llegar al país el expresidente español Felipe González); que el CNE anuncie la fecha de las parlamentarias, y se ponga fin al feroz acoso a los medios de comunicación. Las amenazas no amilanan a los editores de El Nacional, Tal Cual y al director de La Patilla, quienes ya anunciaron que no van a cambiar su línea editorial. Entre tanto, las encuestas implacables muestran el rechazo popular a Maduro, cuyo régimen opta, como el rey moro Boabdil, cuando perdió Granada, por matar al cartero y quemar las cartas, para que nadie supiese de su vergonzosa derrota. Lo que nos dejó la historia del cobarde Boabdil fue aquel repetido grito de desprecio de su propia madre: “Llora como mujer, lo que no supiste defender como hombre”.