• Caracas (Venezuela)

Marta Colomina

Al instante

Miedo de llamar las cosas por su nombre

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La reacción de algunos “opositores”, y sobre todo del debilitado régimen de Maduro, ante la medida cautelar interna tomada por el presidente Obama contra  la violación de derechos humanos y delitos de narcotráfico en Venezuela, nos recordó cuando Rómulo Betancourt calificaba de “jingoísmo” y “patrioterismo” el intento de las dictaduras (para salvar su pellejo) de identificar a los ciudadanos en el poder con la nación entera. Se explica que Maduro grite que la medida de Obama “es una acción contra todos los venezolanos”, pero lo que no se explica es que en la Venezuela de hoy, asolada por la corrupción, la escasez, la represión contra la disidencia, las muertes de enfermos por falta de insumos, la confiscación de empresas cuyos dueños están encarcelados, y las pruebas de que Pdvsa y sus directivos estarían incursos en blanqueo de capitales por montos que podrían superar lo 4.000 millones de dólares, algunos “opositores” –por suerte pocos– se contagien del “síndrome de la planta insolente del extranjero” (Gustavo Coronel dixit).  

Está claro que Maduro no es Venezuela y que los siete sancionados internamente en Estados Unidos, tampoco; o que Diosdado diga que “venezolano que no quiera defender al país deberá ser tratado como enemigo” (todo venezolano que disiente ha sido tratado por el régimen como “enemigo”). Hasta Tibi está buscando una excusa para suspender las parlamentarias cuando declara que “sanciones pretenden lesionar evento parlamentario”. El delirio oficial es de tal calibre que Maduro está acusando a Leopoldo López de ser el culpable de la decisión de Obama: “Las sanciones vinieron porque la justicia venezolana llevó a la cárcel al monstruo de Ramo Verde”.

Con el aislamiento de Maduro (apenas Rusia, no todos los del ALBA y los chavistas  de “Podemos”, han salido en su defensa), el vice Arreaza dice que “Venezuela quiere mantener las mejores relaciones con Estados Unidos” y hasta Villeguitas clama “por dejar de un lado las diferencias y formar una unión nacional para derrotar los ataques imperialistas”. Es decir, que olvidemos que “han matado a manifestantes; reprimido con violencia; perseguido, encarcelado y maltratado a miles” (dice Sergio Antillano). Que no recordemos que han “violado el derecho internacional sobre tortura en los casos de López, Ceballos, Scarano, Luchese” y Ledezma, como acusa el relator de la ONU. O la denuncia de la OIT sobre la detención de al menos “15 grandes empresarios en Venezuela”. Asombra que ante tantas violaciones (incluida la Ley Habilitante que instaura el estado de excepción) algunos “opositores” se adhieran a la tesis oficial de que las medidas serían contra Venezuela. Los que conocen el lenguaje internacional saben que cuando se nombra críticamente a países (Rusia, Corea del Norte, etc.) se hace en referencia a sus gobiernos. Así lo entendieron María Corina, Leopoldo López, Diego Arria, la MUD y varios partidos. Freddy Guevara, de VP, fue directo en su TL: “Yo no acepto lecciones de nacionalismo de quienes entregaron todo a los Castro y quien caiga en esa trampa es o se las da”. Los expertos Thaís Peñalver: “USA está en su derecho de rechazar que corruptos y violadores de un país, lleven dineros públicos robados a su territorio”. Luis Vicente León: “La realidad es que el gobierno de Estados Unidos aplicó sanciones a funcionarios venezolanos  específicos de manera individual. No es una sanción nacional”.

Quienes creen  exagerado decir que el régimen de Venezuela es un riesgo para la seguridad (financiera) de Estados Unidos que pregunten a los analistas de blanqueo de capitales y lean en La Patilla al experto Antonio de la Cruz, con datos oficiales sobre la decisión de Obama de pedir la intervención del Banco Privado de Andorra (BPA) y la medida cautelar sobre los siete venezolanos sancionados, que vienen precedidas de notificaciones del Departamento del Tesoro elaboradas por la red contra los delitos financieros (Financial Crimes Enforcement Network). En ese informe se revela que altos ejecutivos del BPA) facilitaron transacciones financieras a grupos de lavado de dinero, contrabando y fraude (mafias rusas, chinas y venezolanas). Sobre Venezuela, “el documento señala que el lavado de capitales –producto de la corrupción gubernamental– se realiza a través de una red con cientos de empresas ficticias o de pantalla panameñas que manejan gran cantidad de negocios para obtener utilidades ilícitas e integradas por funcionarios de alto rango del gobierno de Maduro, agentes lavadores de dinero, residentes en Panamá con vínculos en Andorra.(…) El Departamento del Tesoro señala que el BPA facilitó el movimiento de 4.200 millones de dólares en transferencias relacionadas con el blanqueo de dinero venezolano a través de contratos falsos, con instituciones públicas venezolanas, incluyendo a Pdvsa” (…) Por eso “el Departamento del Tesoro podría poner sanciones a Pdvsa que le impedirían operar sus actividades comerciales en dólares (…) Además Pdvsa perdería el mercado de crudo estadounidense. Recordemos que 95% de las divisas que ingresan al país, provienen de la venta petrolera a Estados Unidos”. Y por si fuera poco –concluye De la Cruz– “existe el riesgo de que Pdvsa también salga como un medio para facilitar actividades terroristas (FARC, Hezbollah)”.

La prensa mundial ya ha hecho públicos parte de los informes sobre el blanqueo de capitales, cuyas vinculaciones delictivas no habrían hecho más que empezar. Están convencidos de que Obama tendría ya todos “los pelos del burro en la mano”.