• Caracas (Venezuela)

Marta Colomina

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Maduro en la ONU: “Vamos a contar mentiras”

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Muchos aún deben recordar aquella canción infantil “Vamos a contar mentiras” seguida del estribillo “tralará”. Los embustes más gruesos de la inocente canción narraban que “por el mar corren las liebres y por el monte las sardinas, tralará”. Ya hubiéramos querido los venezolanos que Maduro hubiese mentido en la ONU tan cándidamente como la canción de marras. En un auditorio vacío cuyas cámaras no osaron enfocar ni planos medios, ni largos, para que no se comprobase la orfandad de público, Maduro debutó en la Cumbre del Clima “denunciando la economía verde”, de la que intentó burlarse grotescamente y concluir que “desde nuestra América nosotros levantamos nuestra protesta e indignación ante estos modelos que ahora tratan de llamarse economía verde”. Cinismo extremo, porque los ambientalistas venezolanos denuncian que en los tres últimos lustros, el “ambiente ha sido totalmente degradado en Venezuela”. El último zarpazo fue la eliminación de Min Ambiente devorado por el depredador Ministerio de la Vivienda, hecho que el experto ambientalista Alexander Luzardo califica de “decreto de guerra a muerte al ambiente”. Maduro se hace el desentendido de los sucesivos ecocidios de Pdvsa con miles de derrames en lagos y afluentes, y el muladar en que ha sido convertido el lago de Maracaibo. Las redes sociales desmintieron a Maduro con mensajes como este: “@camichelangeli: ‘potencia contaminadora’ son los millones de toneladas de coque acumuladas en Pdvsa”. Sobre por qué no venderá Citgo, no hubo explicación, así que los rumores cubren ese vacío: las ofertas habrían sido mínimas y en monto muy inferior al esperado, y otro: Citgo tendría problemas legales que impedirían su venta, “por ahora”.

Maduro dijo también en la ONU lo que desmienten abrumadoramente los hechos: que “Venezuela ha cumplido con la mayoría de los objetivos del milenio, sobre todo en materia de educación y salud”, y lo dice cuando estamos sumidos en una epidemia por partida doble de chikungunya (“chikincuya”, según Nicolás) y dengue hemorrágico, enfermedades que se han disparado por falta de previsión de su gobierno (ausencia oficial de fumigación y abatización). Los 5 millones de dólares ofrecidos por Maduro “para erradicar el ébola” (y así dar la sensación de que en Venezuela la situación sanitaria es normal) son una bofetada para los miles de enfermos que deambulan por hospitales y farmacias para encontrar el tratamiento y medicinas que podrían curarlos. El país hace tiempo que exhibe una carencia criminal de fármacos, hospitales sin insumos, en ruinas, con equipos más desvencijados aún, a la espera de repuestos que nunca llegan por falta de divisas, y acosados por el hampa.

Las consecuencias han sido muertes no declaradas por numerosas enfermedades y, ahora, por la epidemia de dengue y chikungunya, en torno a las cuales nos mienten sobre número de muertes y de afectados. Como mintió Maduro en la ONU con sus “logros” educativos, sobre los que omite la creciente deserción escolar y la pésima calidad educativa. El Nacional reseñaba esta semana que Min Educación “obliga a repetir evaluaciones hasta 12 veces”, lo que significa que nadie puede ser aplazado, sino promovido al curso siguiente, aunque carezca de conocimientos. Sabido es que del sistema educativo público salen estudiantes con su título de bachiller sin haber cursado matemáticas, física, biología, castellano y otros, por falta de profesores.

En pleno “tralará” de Maduro en la ONU, protestaban en Lara porque Min Educación despidió a 3.000 maestros “por no haber presupuesto para pagarles” (El Nacional 25-09-14). El colmo de un gobierno que se dice comprometido con el pueblo es que esos despidos larenses afectan a las escuelas rurales de educación básica, en las que ha disminuido la matrícula porque hace tiempo que el PAE (Plan Alimentario Escolar) fue suspendido por falta de recursos. Conocido es también que muchos alumnos pobres encontraban en el desayuno y almuerzo del PAE un aliciente para asistir periódicamente a las aulas.

El clímax del cinismo fue reclamar “la falta de una refundación democrática en Naciones Unidas”, cuando en Venezuela Maduro tiene presos políticos solo por disentir, tortura y reprime, y es público y notorio que no hay división de los poderes públicos porque están al ostensible servicio de su gobierno. Mientras Nicolás pontificaba sobre lo que no practica (“consejos vendo y para mí no tengo”) la CIDH mostraba su alarma por el deterioro de la libertad de expresión en Venezuela y rechazaba la censura y las acusaciones oficiales de terrorismo mediático contra quienes denuncian documentadamente la grave crisis sanitaria del país.

PD: excelente noticia el nombramiento de Chúo Torrealba como secretario ejecutivo de la MUD. Su capacidad conciliadora es un aval para el logro de la necesaria unidad; cuenta con gran apoyo en los barrios y anuncia la lucha pacífica en la calle en defensa de nuestros derechos violados constantemente por el régimen.