• Caracas (Venezuela)

Maritza Izaguirre

Al instante

El mensaje del presidente

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Presenciar en una pantalla de televisión la intervención del señor presidente de la República ante la Asamblea Nacional, me trajo a la memoria lo importante que para mi generación como funcionaria pública representaba la ocasión, en la cual la intervención del Jefe de Estado significaba un momento de especial preocupación, puesto que su palabra recogía un año de esfuerzo de toda una administración. El mensaje debía expresar claramente lo logros y dificultades en el año transcurrido y expresar claramente los cambios necesarios para superar los problemas identificados, el mensaje a su vez, enunciaba los lineamientos que orientarían las políticas públicas en lo  nacional y en lo internacional.

El mensaje era coordinado por la Secretaría de la Presidencia con el apoyo técnico de la Oficina Central de Coordinación y Planificación, la cual era responsable por reunir y resumir los planteamientos planteados a nivel ministerial y sus organismos adscritos. Ello implicaba un trabajo que se iniciaba a final de año, en los cuales, cada oficina de planificación sectorial giraba las instrucciones y directivas para la recolección de la información, en especial todos los cuadros y gráficos necesarios par actualizar las serie estadísticas que se publicaban año tras año en el anexo del mensaje, y que facilitaba el seguimiento público de los logros y dificultades encontrados en el año de la Cuenta, a su vez publicados en las Memoria y Cuentas de los despachos involucrados en el ejercicio de ese año.

A finales de diciembre ya estarían disponibles las versiones iniciales, lo que implicaba, por ejemplo en materia de Cuentas Nacionales,  contar con las cifras emanadas del Banco Central y publicadas en el mensaje anual del presidente de la Institución, los enunciados de la Presidencia de la República recogidos en el mensaje de fin de año, así como las declaraciones del resto del aparato administrativo, elementos claves para la elaboración del Mensaje, el cual constaba de dos secciones, la primera que recogía el texto que sería leído por el ciudadano presidente, y en cuya elaboración participaba estrechamente, y una segunda parte que recogía los informes sectoriales y lo temas que a juicio de la Presidencia deberían ser destacados, ya que explicaban lo sucedido en la gestión administrativa del Poder Ejecutivo.

Nuestra responsabilidad como oficina de coordinación consistía en  asegurar la consistencia de los textos y datos, evitar errores y omisiones, era un trabajo meticuloso y delicado,  que en los años iniciales de nuestra democracia representativa, al no existir los adelantos tecnológicos del presente, exigían horas y horas de trabajo al frente de una maquina de escribir, secretarias especializadas en transcribir  cuadros, correcciones minuciosas que obligaban muchas veces a repetir, copias al carbón, que luego de montadas deberían ser corregidas hasta lograr una versión definitiva para su impresión,  nuestro orgullo, que el Mensaje estuviese impreso y a la orden de la Presidencia  horas antes de su presentación al Congreso.

Hay miles de anécdotas, la impresión en la Imprenta Nacional,   que contaba con equipos operados en forma manual, lo que exigía  acompañar el proceso hasta el final, acompañando a los operarios, a fin de  asegurarnos de que todo marchaba bien, que se incorporasen al texto del discurso las  últimas sugerencias o correcciones de estilo, nuestra responsabilidad asegurarnos que en la madrugada un motorizado llevase a Miraflores el primer ejemplar.

La mística y compromiso  de cientos de funcionarios permitía cumplir con una tarea clave en el ejercicio de una democracia representativa al obedecer el precepto constitucional de presentar en fecha fija  ante el Poder Legislativo el Mensaje Anual del Presidente de la República.

Vaya nuestro reconocimiento a los cientos de funcionarios involucrados en esa tarea, que colocaba a disposición del país, la información básica necesaria para evaluar la gestión de la administración. Una mención especial a nuestros maestros, los Jefes de los primeros años de Cordiplan, los doctores: Manuel Pérez Guerrero, Enrique  Tejera París y Héctor Hurtado quienes nos  estimularon para cumplir con nuestra obligación de ejecutar lo prescrito en cuanto al  derecho a la información sobre la obra realizada  en el año de la cuenta.