• Caracas (Venezuela)

Maritza Izaguirre

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Maritza Izaguirre

El diálogo necesario

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Lo ocurrido en los últimos días refleja el incremento de la violencia en la vida política venezolana, mucho se ha escrito acerca de la gravedad de la situación, puesto que refleja conductas inapropiadas en los hombres y mujeres responsables por el destino del país.  

Situación que se agrava al contemplar con asombro lo sucedido en la Asamblea el martes 31 de mayo, extraña que la directiva en lugar de impedir, facilitó los acontecimientos, tal como se observa claramente en los videos ampliamente difundidos por la prensa internacional.

Se repite insistentemente que el abuso frecuente en el lenguaje cotidiano de frases despectivas, denigrantes dirigidas a todo aquel que se aleja del pensamiento único, se ha convertido en la regla de la comunicación oficial. El alto contenido de violencia estimula la división e incita a las conductas fuera de la norma, tal como se refleja día a día, en el comportamiento del ciudadano común, ante los problemas compartidos.

Situación que con frecuencia conduce a la protesta de los afectados. Se manifiesta mediante quejas y reclamos, que en algunas oportunidades se han tornado en violencia callejera. Por lo tanto cobra urgencia un cambio de dirección, que facilite la participación del país entero, convocar a unos y otros, a compartir y entender la compleja problemática que nos rodea y dialogar hasta lograr los consensos necesarios a fin de acompañar una estrategia común, destinada a mitigar la presencia de los factores que intervienen en la violencia e inseguridad, el desabastecimiento, el deterioro creciente de la macro economía, y muy en especial, tal como lo han mencionados los responsables por la actividad productiva adoptar las medidas necesarias para simplificar el otorgamiento de las divisas necesarias para la obtención de insumos y partes a fin de normalizar el comportamiento del debilitado aparato productivo.

Para ello se requiere pasar de la declaración de buenas intenciones a la acción, demostrando con hechos concretos la voluntad para iniciar un diálogo constructivo entre las partes, trabajar con constancia hasta lograr los acuerdos requeridos para el diseño de las políticas públicas destinadas a revertir la situación anotada.

De allí las diversas manifestaciones de la sociedad civil organizada, todos empeñados en lograr un viraje constructivo al diálogo inexistente, esperando cómo debe ser, sensatez de parte y parte ya que nos jugamos la paz y la concordia tan necesarios para enfrentar un futuro que si no remediamos la situación puede conducir al país al conflicto y a la violencia.